Demasiado motín para Lastra

Señalaba un colega de tertulia que no parecía haber solución para la ecuación que suma pancarta y gobierno. Creo haber dado con una respuesta. La suma de metros cuadrados de pancarta y moqueta es igual a una constante, K, siempre mayor que dos, e igual al número de asesores o asesoras.

Así, un asesor recomienda un motín y otro u otra, o más, cobran estipendio público, contradiciendo a los motines que promueven los asesores del mismo partido.

Pero, ahora, a Sánchez no le gustan los motines; hemos cambiado de fase. Corresponde, en consecuencia, cesar a quienes recibían a Echenique, Bildus y Rufianes. Lastra ha sido vencida. Demasiados motines para Lastra.

Como ustedes saben, y con motivo de la escalada de precios, no solo de la luz, que aquí hemos constatado, como también aquí, una parte del gobierno nos ha convocado a un motín.

Motín que convoca una parte del gobierno contra la otra parte, en la medida que los malvados ministros y ministras de Sánchez no parecen aplicar las justas y necesarias medidas que los de Podemos sí tienen, al parecer.

Original es amotinarse contra el gobierno en el que uno está y es colegiadamente responsable. Tiene su aquel de hipocresía y cinismo. Ninguna de las dos cosas las ha inventado el populismo izquierdista, pero hay que reconocerlo: lo ejercen con donosura.

La lista de motines se hace cada vez más amplia: la luz, el SMI, los alquileres, el impuesto de sociedades y otras abundantes y brillantes medidas que nos sacarían de la crisis si no fuere por las maldades del gobierno.

Dicho, así, sin ánimo de molestar: demasiados motines para Adriana Lastra, que no ha parado ni uno, ni siquiera le ha echado la culpa al PP, qué cosas.

La parte no amotinada del gobierno, por Sánchez encabezada, ha decidido abandonar la herencia del tal Iván y ampliar el discurso social, en lugar de anunciar el cambio de época, el persistente cambio y las arremetidas contra la malvada derecha… cosas del tal Iván que, al parecer, no se llevan ya.

Por eso Lastra debía salir. Portavoz de tiempos pasados. Quien no detiene motines de los propios, no lo hará con los ajenos: vieja máxima socialista que ni Ábalos pudo cambiar.

Por otro lado, esto de recuperar el partido es lo que tiene. Y Pedro no ve a Lastra parando los habituales motines provinciales o de otra naturaleza que se organizan cada vez que un Congreso anima al socialismo realmente existente. Mejor un ciclista amigo que una señora amiga de Ábalos: sanchismo es sanchismo.

Por muy social que se ponga Sánchez, el otoño fácil no apunta.

En Cataluña parece gobernar un tripartito asintomático. Illa, que maravilla, se ofrece para lo que sea; Aragonés convierte la autodeterminación en deporte olímpico y Colau llora de fiesta en fiesta.

De tal cóctel solo saldrá una hermosa Diada que, naturalmente, precederá a una mayor gloriosa mesa de diálogo que, en realidad, no le importa a nadie salvo a Puigdemont, el fugado.

Tras la Diada, reaparecerá Rufián, buscando a la ausente Lastra. Tras el cheque de Bruselas, aparecerá con alguna rebajita Von der Leyen. Tras la luz, vendrá el gas más caro… y así, sucesivamente.

Motivos para que los convocantes de motines, mientras siguen pisando las viejas alfombras de amaranto, convoquen irritados a manifestaciones, animados por su líder ahora trasmutado en tertuliano. Para alegría de tertulianos que antes odiados por el áureo líder recibirán ahora respetuoso aplauso. Eso sí, caros tertulianos y tertulianas: salvo Iglesias y Calvo, todos y todas hemos pasado a ser fascistas, es lo que tiene.

Sánchez nos había propuesto un gobierno más político dotado de argumentación. Pero, salvo Robles, que siempre está de guardia, por si le quitan la garita, nadie ha dicho ni “mu” en lo que va de verano.

Pero Echenique afirma que los suyos están en el gobierno, pero que hay que amotinarse.

Entretanto, Ayuso se monta su propia Diada. Tanto anunciar un impuesto contra Madrid todo el verano y va la malvada (vale, escribiré fascista, que si no se ponen ustedes nerviosos y nerviosas) y anuncia supresión de impuestos de valor equivalente al chocolate del loro.

Los impuestos propios de Madrid son una risa… como los del resto de las Comunidades. Ella no ha hablado de impuestos “cedidos”, que eso es lo mollar. Pero nada: ahí tienen otro motín que Lastra no supo parar: contra Ayuso se ríe más. Lo que hay.

 

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