Pedro, el “de los 4 rumanos”
Hablamos de legitimidad. O mejor, de su ausencia. Digámoslo todo: desde que Pedro Sánchez decidió autorreferenciarse como autócrata, se le ha dado una higa la necesidad de que sus acciones estén legitimadas. Cosa que, en términos democráticos, no es menor y constituye, sin duda, uno de los flancos más débiles del personaje.











