Gana el europeísmo, la izquierda al límite y Tezanos pierde un millón y medio de votos

Pese a los temores, el europeísmo ha ganado las elecciones europeas. Centro derecha, socialdemócratas y liberales, constituyen mayoría, independientemente de que los ultras se unan o no. Otra cosa es que Meloni sustituya a Sánchez como la nueva mejor amiga de von der Leyen para los momentos de agobio.

La extrema derecha ha crecido, pero difícilmente superará el veinte por ciento del voto, que no es poca cosa, pero no es parlamentariamente determinante.

La ola conservadora ha sido encabezada por el centro derecha que, al final, y como casi siempre, es la que se ocupa de frenar a la derecha extrema. Allí donde los radicales han crecido, la izquierda no ha crecido como parapeto.

De hecho, los socialdemócratas seguirán pactando con los conservadores y repartiéndose instituciones, probablemente la presidencia del Parlamento Europeo, pero han cosechado, probablemente, el peor resultado de los últimos cuarenta años.

La izquierda socialista sólo ha ganado en cinco países de 27, ninguno de los relevantes (Suecia, Países Bajos, Rumanía o Malta, junto a Portugal, donde empatan con el centro derecha). La reacción de la izquierda ha sido calificar, inmediatamente, de extrema derecha a los ganadores de las elecciones, con quien tienen que negociar, cosa que no parece muy inteligente.

Algunos de la izquierda llevamos tiempo advirtiendo de algunas cosas. La más relevante es que desde los años treinta, Dimitov, que era zurdo lo advirtió, abandonar a su suerte en las crisis financieras a las clases medias y, especialmente, a sus hijos, privados de patrimonio, producía no solo desafección ideológica sino desastres, polarización y conflictos sociales de tipo sectario.

Las políticas de izquierda no han corregido en el continente ese alejamiento, bien sea por ignorar una parte de los efectos de la globalización (agricultura o vieja industria), irrumpir en las culturas de identidad de no pocos colectivos, la instauración del “woke” (la cultura de la cancelación a golpe no de educación sino de prescripciones) y, muy especialmente, la instauración de la polarización y el conflicto como metodología política.

La izquierda ha sido contaminada por el populismo de izquierda radical en mayor medida de lo que las tradiciones de izquierda requerían, por cierto a medida que su militancia tradicional se envejecía.

Sin referencias educativas y culturales, las cohortes más jóvenes de población han quedado a expensas de nichos electorales extremistas que, además, se manejaban al margen de los circuitos tradicionales de la creación de opinión y la socialización política. Los medios de comunicación, además, no sólo se han pasado a las trincheras, sino que han perdido el monopolio de la información y, no pocas veces, el de la verificación. El éxito de Alvise tiene esta raíz.

España no ha sido distinta a este recorrido de la izquierda europea. Los socialistas han perdido dos millones de votos y la izquierda de verdad verdadera otro millón. Tres millones en cinco años, que se han quedado en casa. Puede que no haya habido plebiscito, pero desde luego, de remontada poca y de entusiasmo por las cartas recibidas menos.

La derecha ha aumentado la brecha ganada en las generales. El socialismo realmente existente ha ganado, tan sólo, en siete provincias (las dos canarias, Barcelona y Tarragona, Navarra, Vizcaya y Álava. La supervivencia del PSOE se debe al vaciado de sus alianzas.

Si se suma el voto por provincias y corrige las coaliciones, resultaría que el PSOE y sus actuales apoyos de Gobierno no superarían en unas generales 170 escaños, mientras el área de la derecha andaría por los 180. Esto es sólo un juego matemático, porque las movilizaciones en unas elecciones generales son distintas y con distintas motivaciones, pero reconozcamos que la izquierda está en el límite.

La izquierda del PSOE desciende por debajo del diez por ciento –el voto medio que obtenía IU- para pagar su división con una notable irrelevancia política. Yolanda Díaz ha dejado la dirección de su partido tras el enésimo fiasco electoral, cabe preguntarse si acabará en el PSOE, pero lo que ya no es ninguna duda es que será ignorada por el Gobierno en sus políticas.

El PSOE puede sostener que ha salvado los muebles vaciando, eso sí, los graneros electorales de sus socios mientras, duela o no, sus votantes dejaban de ir a las urnas. La lealtad de sus alianzas de legislatura es cada vez menos creíble. Esta misma tarde, una maniobra de los amnistiados ha dejado a la fuerza política ganadora (Illa) fuera del parlamento catalán, sin que los socialistas catalanes hayan tenido a bien hacerle una llamadita al PP, por si se arreglaba el desaguisado.

Anoche el discurso de “victoria” de la señora Rivera fue hablar de las tres caras de la extrema derecha. Si el “trifachito” vuelve en el discurso de la izquierda es probable que la polarización se acreciente y eso no hará bien a la izquierda.

Barrida en Madrid, superada hasta en Castilla-La Mancha, sin ganar una provincia en Andalucía, perdida Extremadura, sin competir en Valencia y así sucesivamente, correspondería reconstruir un discurso que volviera a cierta centralidad y abandonara el populismo radical, por muy cabreados que les tenga los asuntos judiciales de La Moncloa.

Ocurre que nadie en el partido parece abrir la reflexión, se ignora a las vacas sagradas y se entroniza a Zapatero que más allá de dejar una herencia más o menos penosa, es el primer populista.

Tampoco quienes tienen los datos ayudan. Tezanos dijo que el PSOE ganaría por cinco puntos, como el PP ha ganado por cuatro, resulta que el error es del 9%, un millón y medio de votantes perdidos y ocultados por el CIS. Dicho sea de paso, tampoco ha acertado en las horquillas de otros partidos.

Puede decirse que hay un error técnico, desde que Tezanos está en el CIS: la sobreestimación de la muestra de izquierda en sus encuestas. Pero cuando ese error se repite, el error ya es de tipo ético: se manipulan los resultados para alimentar las campañas del partido y animar a los conmilitones.

La onda de derecha no es flor de un día y la resistencia de la izquierda no es la radicalidad populista, sino un recentramiento de las políticas socialdemócratas y el diálogo con los sectores afectados por las políticas llamadas de regeneración, junto a una atención a los sectores más jóvenes.

Es posible, con paciencia. Existen debilidades en la derecha de las que les hablaré mañana, pero no nos cabe duda a los afectados. Aunque nos sigan poniendo en la fachosfera, sépanlo, la izquierda está al límite.

 

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