Calvino nos regaló un libro: Marco Polo se inventa ciudades inexistentes ante el sátrapa de los tártaros, Kublai Khan. Marco Polo miente, el sátrapa sabe que miente, pero le gustan las mentiras. Se presentan, según el asesor del sátrapa, todo tipo de viviendas en exuberantes ciudades: viviendas sobre pilotes, viviendas en el agua, viviendas que solo son tuberías y grifos y así hasta 57 modelos de viviendas inexistentes. (Calvino, I. Las ciudades invisibles. Minotauro. 1983).
Un cabeza de huevo de La Moncloa tuvo una gran idea: la imagen de la legislatura debía ser una excavadora derribando un edificio, con Sánchez con casco y chaleco, haciendo una promesa. Trump lo hizo con la Casa Blanca, él quería un salón de baile; Sánchez, en Campamento, unas viviendas.
La promesa eran 10.700 viviendas nuevas. Ésas se sumaban a las 20 mil asequibles que prometió en 2018. A las cien mil protegidas que anunció en 2021 y a las 240 mil que prometió en 2023. Tenemos las 27 mil anuales que anunció en 2025. Hoy ha añadido unas 15 mil anuales más, eso sí de promoción privada subvencionada: “los malvados” tendrán, dice, alfombra roja; a ver si le hacen el curro de una vez. Sumen las cien mil que Montero de Hacienda ha propuesto en Andalucía.
Hoy, en un ejercicio de “cuñadismo” iniciado en Múnich, (con el dinero de las nucleares en USA “podemos acabar con el hambre en el mundo”) no solo ha propuesto un fondo soberano, para ocultar fondos europeos inutilizados, que multiplicara en inversión privada el dinero público, nos propone añadir más viviendas al calendario. Con los números expuestos ya debemos llevar cubierto la mitad del déficit de vivienda. Eso sí: son viviendas invisibles, cierto, qué desilusión, Pedro.
El Gobierno ha carecido y carece de política de vivienda. No solo es su gran fracaso político; es su fracaso social, un mensaje al corazón ya herido de los hijos empobrecidos de clase media a los que se ha privado de lo que más desean: emancipación y patrimonio (la riqueza financiera en España es la vivienda, la forma en la que se ha vestido nuestro capitalismo popular).
En algún momento posterior a la crisis inmobiliaria y ante los gritos populistas que luego se plasmaron en el 15 M, se decidió que construir es sinónimo de especular. Se resistió, mal que bien, hasta la postpandemia cuando la crisis de precios y el aumento de población resaltaron el drama: una crisis de costes de producción y, como consecuencia, de oferta. Tras ella, los experimentos, que no se hicieron con gaseosa, sino con las viviendas.
Echemos un vistazo a los experimentos antes de volver a la oferta. Primero fue reforzar la turismofobia. Y, como siempre Barcelona la primera en experimentar la receta “woke”. A partir del 2021, empezó a reducirse al alquiler de muy corta duración en Barcelona (hoy es el 57% que hace cuatro años). El precio del alquiler es un 37% más. No eran los alquileres turísticos.
Se iba sabiendo, así que se pasó a la siguiente pantalla: el control de alquileres. Resulta reducción de la oferta y aumento de precios. Añadamos: la compraventa de vivienda tributa más en Catalunya que en Madrid. Todo en orden. Financiación singular preparada, para tapar el agujero “intapable”.
A la ministra le quedaba la esperanza navarra e intentó explotarla: ¿La regulación del alquiler está funcionando en Navarra? Los datos de 2026 muestran una bajada en el precio tras el mercado intervenido, pero muchos propietarios siguen “huyendo”: ha descendido la oferta.
Queda el mito de la vivienda vacía: está allí donde nadie quiere vivir. Tres datos para enmarcar la situación del problema de la oferta. Uno de cada dos empleos se ha creado en cuatro ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga). Es aquí donde está el grueso del déficit. Además, pese al incremento de visado de los últimos años y una previsión de crecimiento positiva, el volumen de viviendas terminadas seguirá siendo insuficiente para responder a la creación de hogares. Suponiendo que el número de hogares creados en los próximos dos años sea como en 2025 (180 mil), el ritmo de construcción solo aguanta 48 % de los hogares que se creen. El déficit en 2027 se situará por encima de 725 mil.
Por último, frente a la amenaza del gobierno al infierno liberal madrileño, 155 incluido, para ganar electoralmente Madrid. naturalmente, entiendan la ironía, Madrid (14,5% de población) ha iniciado el 45% de la vivienda protegida en España y ha entregado el 44% de las construidas en España. Cataluña (16,5% de población) ha iniciado el 11% ce viviendas protegidas y ha entregado el 15%. A diferencia de Catalunya, ningún plan estatal opera en Madrid.
El periodo de producción de vivienda alarga la solución del problema sin acciones decididas y de urgencia, en lo que parece un contexto de menos recursos públicos (el margen es reducido con presión de pensiones y de sanidad –envejecimiento y demografía-). Los retos que debe superar la oferta son; la regulación, los costes de producción y la fiscalidad.
Ni siquiera hay suelo en municipios entre 20 y 25 mil habitantes, masa crítica para animar a la movilidad. La regulación es excesiva: no, el problema no es preservar el parque de Doñana, es poner en uso los secarrales madrileños. Sí, el problema es la producción de suelo listo para edificar, las normas urbanísticas. Sí, el problema es que la producción protegida necesita baremos que sean compatibles con los costes de producción y los déficit de mano de obra.
Son tres líneas de acción que chocan con la filosofía de un gobierno que sostiene que construir es especular. Lo veo venir, viviremos en viviendas invisibles.



