Erdogan es un amigo, así que hemos decidido comprarle, por 3.120 millones de euros, unos avioncitos de entrenamiento que no existen. Esto ha ocurrido después de que Turquía decidiera comprar a los británicos unos aviones que había comprometido con España. El acuerdo del que se habló en el verano era la compra por España de 24 HÜRJET mediante la venta de seis A400M españoles a las Fuerzas Aéreas turcas. Ahora son 45 y nosotros no vendemos nada.
Operación fetén para los turcos y nosotros nos comemos los aviones ésos que íbamos a vender y que, al parecer, nos sobran. ¿Por qué? Políticamente por molestar. Tecnológicamente, no se sabe si bien pensado, es un avión que no existe. Geoestratégicamente, vulnerable.
Erdogan es un amiguete desde que organizó con Zapatero la “Alianza de las Civilizaciones”. Nunca supimos qué civilizaciones eran ni qué hacía tal alianza. En realidad, eso nos pasa con todas las cosas que el socialismo realmente existente ha ido inventando para sustituir las alianzas formales multilaterales, con el objetivo fallido de pintarla de algún modo, véase el Grupo de Puebla o cosas por el estilo.
Se trata de ignorar a los socios que nos ignoran, singularmente a Alemania, Francia e Italia que, además de los USA y los británicos, gobiernan el cotarro. No nos fiamos de los dispuestos. Malvada coalición que apenas nos dejan asistir a sus encuentros por video conferencia. Ellos no necesitan la pasta. Erdogan, sí; un amigo, sí.
No trato de vincular a ZP con la operación. Habrá que saber dónde han ido a parar las oportunas comisiones. El contrato es a dedo, así que no sería difícil que transparencia hiciera un ejercicio de tal y nos contara dónde han ido, cómo se van a gestionar los impuestos de la UTE creada, qué aranceles se cobran a una empresa de un país que no es de la Unión Europea y cosas así.
Firmar un contrato de más de tres mil millones sin transparencia, sin información pública, sin competencia informada ni evaluada en términos de la contratación pública, sin presupuestos parece una crisis relevante de la metodología de lo público. Vale, tienen razón, de qué cosas me preocupo a estas alturas.
El caso es que satisfacemos las ansias de un gobierno con filias prorrusas y compatible con China, abrimos la OTAN a tecnología turca y molestamos a socios como Italia (íbamos a comprar a Leonardo), a los alemanes, asociados con los italianos en los proyectos de aviación. Probablemente, también a Trump. También a los franceses, pero ya se sabe que están en declive: cuídense de los franceses heridos, dice la historia.
No sabe Trump con quién se la está jugando. Pedro llegará al 5% del gasto militar, aunque lo niegue –no lo sabremos hasta que un día veamos los números-: por cierto, gracias a Calviño y su ilegal intervención en el INE, contribuimos más a la OTAN y la UE. Llegaremos al 5% y los americanos no se llevarán un euro, venganza de Pedro en marcha.
Llegaremos al 5%, aunque lo nieguen con el antimilitarista Sumar en el Consejo de Ministros, aunque siendo las pelas para colegas rusófilos, voz negociadora aceptada por Putin, y de apoyo palestino, algún discurso harán. Pero no será con armamento americano y europeo, véanlo venir. Cuidado con los cazas chinos, son tan golosos, susurra Pepiño a ZP. Es que, ahora vienen, los cazas, Trump vigila, Francia desespera, creían tener un aliado, Erdogan sonríe. (El caza turco se llama Kaan, tomen nota).
Hay que decir que los motores de los aviones de entrenamiento comprados son americanos, de los tolerados para el extranjero. O sea, pagamos leve tecnología norteamericana con dinero para los turcos. En lugar de pagar la última tecnología. Alguien va a mosquearse en USA y alguien en las fuerzas aéreas españolas preguntará ¿Por qué?
El caso es que, súbitamente, hemos decidido la compra de un sistema de entrenamiento y acción aérea turca que no existe. Solo hay dos prototipos y nadie ha realizado contratos. Somos los primeros. Hemos hecho la operación sin licitación pública, por cierto.
Una parte de la inversión se realizará en España. No son solo un puñado de aviones (se supone que 45 Hurjet). Esos cuestan unos 1.520 millones.
Otra parte del gasto, que se cifra en 1.600 millones, no tiene que ver con la adquisición directa del avión, sino con construir la infraestructura en España y, por otro, desarrollar los equipos, electrónica y sistemas españoles, tunear el avión a la española, todo por unos 1.000 millones de euros.
Quinientos millones son para comprar algún avión de ataque a suelo, de la misma familia. Americanos, británicos y demás pondrán el grito en el cielo: haciendo amigos.
No es poca cosa para el sitio donde se espera se ubique, Albacete, cerca de la base de Talavera, si Page se porta bien. Sevilla (San Pablo) saldrá perdiendo: no se portan bien.
También pierden los americanos que pensaban colocar sus estándares, entre distintas opciones estratégicas (americanos, europeos) hemos decidido optar por el riesgo turco, una pasión algo sorprendente con un país que busca puertas traseras para entrar en Europa.
El experimento turco es probablemente inseguro, caro, menos compatible con nuestros socios europeos. Inmaduro, aeronáuticamente hablando.
No está la ciudadanía española acostumbrada a los debates estratégicos ni de seguridad. El liderazgo político ha permanecido ajeno a los cambios en estas cuestiones. Aprovechando Sánchez las dos cosas, no deben extrañarnos decisiones tan opacas y arriesgadas. Quizá algún día nos expliquen esta súbita pasión por los avioncitos turcos que no existen.



