Autovía hacia la socialdemocracia; la izquierda verdadera se entera tarde

Ya no “somos la izquierda”. Sánchez se ha hecho un “Laporta”: después de reubicar a Bartomeu, ha decidido resucitar al Barça. Así que, Pedro, tras ubicar a González, ha decidido resucitar la socialdemocracia. La socialdemocracia es un pacto social: se trata de repartir esfuerzos y beneficios. Redistribuir, se llamaba la cosa.

La cuestión es que, para que la cuestión funcionara, hacía falta crecimiento de población y tasas de empleo: ambas cosas permitían impuestos y sector público. Las actuales tasas de natalidad y de empleo dificultan la estrategia. El estado benefactor se convierte en estado de beneficencia y la redistribución pasa a un sistema de bonos e ingresos mínimos

Una situación que explica, junto a la reducción de la redistribución en las diversas crisis, la desaparición de la socialdemocracia europea.

El triunfo en Alemania del socialista más “merkeliano”, que aspira a un acuerdo con liberales y es más una derrota de la derecha que otra cosa, no cambia especialmente el panorama europeo de la socialdemocracia. La candidatura de Hidalgo en Francia tiene el mismo tono.

Más que impuestos, la exhausta clase media y sus hijos e hijas empobrecidos es pasto de tasas, tarifas y precios públicos. La socialdemocracia española se ha puesto a ello.

La última confirmación es el peaje por las autovías, bueno lo llamamos “tarificación” que en la Moncloa son muy finos, pertenece a esa estrategia.

Por cierto, esto ya estaba anunciado en la ley de Movilidad y Financiación del Transporte, anunciada en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia: “mecanismo de pago por el uso de las carreteras estatales implantable a partir del año 2024”. Ley conocida y aprobada por la izquierda de verdad verdadera que ahora clama aspavientos en contra.

A ver, igual no es para preocuparse, igual entre que sólo conducirán los ricos que se puedan comprar coches eléctricos o con el precio de la gasolina, lo de viajar se va a poner difícil de la leche.

Hay que decir que los coches ligeros pagan más y mejor que en el caso de otras infraestructuras (puertos, aeropuertos y trenes) los costes de mantenimiento. Datos que pueden encontrar en estudios de FEDEA, financiados entre otros por el Gobierno. Cosa que, excepto en el ferrocarril -grande inversión social la del AVE- pasa en todas las infraestructuras y con tasas actuales. El impuesto cubre el mantenimiento de la carretera.

El impuesto de circulación no cubre, eso sí, los costes medioambientales y de accidentes. Pero los costes ambientales pueden incorporarse a los impuestos sobre carburantes ya existentes.

Quiere esto decir, primero, que mantener peajes e impuesto de circulación es redundante e injusto. Segundo, que el mantenimiento viario depende del peso, por lo que subvencionar el transporte es ineficaz y hacerlo a los cargadores es, evidentemente, desplazar el precio a los productos que se transportan. Cosa poco recomendable en época de inflación.

Puede decirse que en España, el transporte pesado y los vehículos de turistas son los que no contribuyen al mantenimiento. En realidad, si no fuere por los niveles de endeudamiento, el déficit y escaso margen fiscal, el impuesto de circulación y una ecotasa turística serían suficientes.

Hay que decir que todo tipo de economistas y de culturas políticas han defendido el pago del mantenimiento. Mediante tasa directa en las estrategias más intervencionistas o mediante impuesto en las más liberales. La medida estuvo encima de la mesa de los ministros de Rajoy.

Además, hemos decidido revitalizar el ferrocarril (más AVE, dicen los vascos, menos rentabilidad social) fomentar el transporte público y disuadir el uso del vehículo privado.

Lo cierto es que, si corrigen lo que en economía se llaman externalidades negativas del automóvil o camión (vías, medioambiente, accidentes) no hay razón para promover el ferrocarril en detrimento del transporte vial. Por otra parte, un peaje a autovías desplazará tráfico a carreteras menores, produciendo mayor aglomeración y mayores costes.

Es el tiempo de la recomendación de la renuncia a la movilidad, ciudades de quince minutos ya saben. Y el de las recomendaciones imposibles: hoy el peaje, mañana los fondos de pensiones púbicos o privados, al otro un catastrazo (que ustedes no se me leen la letra pequeña de los presupuestos).

La autovía es el camino de la socialdemocracia. La izquierda de verdad verdadera dice que no, pero ha acordado casi todas las políticas que defienden tasas y precios públicos y, desde luego, la idea presentada.

El problema de Podemos, y de las varias izquierdas realmente existentes, es que para aparentar que corrigen las medidas socialdemócratas se apliquen medidas ineficaces como subvencionar el transporte (quien más lesiona las vías) o se discrimine según consumos, lo que dañara a quienes se dice querer proteger.

Las carreteras, como el resto de las infraestructuras deben reponerse. A lo mejor desviando la inversión en AVE, o evaluando bien los aeropuertos se ayuda a otras.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.