Comunicación sectaria y alguna basura

El nirvana debe ser algo parecido a esto: romper cualquier amarra con entidades de comunicación a las que antaño respetabas y sentirte de maravilla. Eso le ha pasado al cronista esta semana, qué quieren que les diga. La desaparición del tirano venezolano a manos del ataque del cuatrero y la ocurrencia de los iraníes de rebelarse contra la teocracia de los ayatolás ha promovido un incremento de la comunicación de trinchera y la aparición de los oportunos manifiestos, basados en la ley del embudo. Viene a ser tiempo de que los usuarios de la comunicación empecemos a pasar página.

Opina la barricada progresista que la derecha hace política con Venezuela e Irán. Sorprendente reproche. Opina la derecha que la teocracia antidemocrática y la dictadura en Venezuela no han sido merecedores de atención por la izquierda. No dejarían de ser respetables opiniones si se formularan en términos de realidades mensurables y argumentos sosegados. Empero, predomina la comunicación sectaria, el griterío, con acompañamiento de alguna notable y cínica basura. Ustedes saben lo que opino de ambos asuntos: se puede calificar de tiranía a Venezuela, al mismo tiempo que denostar la intervención de Trump. También se puede ser de izquierdas y considerar que no hay democracia posible en teocracias.

Una vez respeté los informativos de TVE. Ya no les puedo hablar mucho de ellos; ya saben que, por prescripción facultativa autorrecetada, para salvar mi reconocido sentido común, solo la veo por accidente. Así que se me da una higa lo que digan Intxaurrando, Ruiz, Cintora, de los de a un fascal la hora, y sus gritones compis, puestos a dedo en las afamadas tertulias. He llegado a escuchar cosas que no creeríais: que Cerdán tenía tarjeta de empresa porque era accionista; que Leire solo tenía una foto en el PSOE, que las pulseras del viogen funcionaron. Ahora, cuando todo argumentario parece fallar, han dado por inaugurado el “fascismo universal”.

Es bueno mantener al personal asustado con distopías, así se apuntan a cualquier resistencia, creen los voceros. Lo malo es que llamar fascismo a todo lo banaliza, como se banaliza la lucha de las mujeres por la igualdad cuando todo es feminismo. Creo que hay un tipo de ilustre apellido, pero no sé qué cuenta y, además, reconozco el derecho al deterioro de las estirpes. Es sabido que estos gritones sectarios “incumplen, de forma habitual y reiterada, las normas fundamentales para la elaboración de la información” (dicho por los profesionales de la casa, reclamaciones al maestro armero).

Qué decirles de El País. Presumo de haber sido activista de su causa lectora, el primero en llevar un periódico a la facultad en aquella primaveral tarde de mayo (1976). Un militante del diario independiente de la mañana que, en provincias, llegaba por la tarde. Poco a poco, mi ánimo fue decayendo. El “pianista en el burdel” (así hablaba de sí mismo su director) convirtió la casa en un pozo de deudas, alicatado hasta el techo por subvenciones y favores públicos.

Se iban despidiendo profesionales, desapareciendo firmas de opinión, hasta que una redacción militante y radical expulsó de sus páginas de opinión a Savater, por su lejanía a la línea editorial. Supongo que las actuales crónicas sí responden a esa línea. Mantuve la lectura de los titulares y confieso que leía alguna, lamentablemente escasas, opiniones de interés.

He aquí, pues, que esta semana llegó a mis ojos el siguiente texto: “Machado se había preparado para una posible victoria electoral (incluso con toallas bordadas para Miraflores)”… pero “Corina ha quedado para vestir santos”. El feminismo prescriptivo y woke del muy progresista diario global ha llegado aquí, a los lugares más comunes del rancio machismo: bordados y soltería de la mujer que piensa. Naturalmente, nadie ha dicho que el autor no responda a la línea editorial. Se acabó.

Ustedes ya saben lo que pienso de La Secta, perdón, quise decir La Sexta. Populismo, griterío, algo de cinismo (inventar un sistema de verificación de noticias, con subvenciones gubernativas, tiene su gracia). Pero hay que decir que se ganaron mi respeto con unas informaciones ágiles, potentes, especialmente en campañas electorales. Pero, hemos dado paso a la trinchera: el medio ha publicado y reitera la expresión “gusanera fascista venezolana” para referirse a la diáspora que vive en España. Pura basura, de escaso nivel intelectual y vomitiva ética. Pues que os den.

Habrá que volver a la radio, me dije, alguna habrá que, al menos ofrezca ocio, ya que pocas ofrecen sosiego. Mi gozo en un pozo. Domingo, 11 de enero. Me pongo en la mañana un programa que, se suponía, me ofrecía relax, cultura progre garantizada. Eran, antaño, de los míos.

En un momento determinado el conductor del programa le pregunta al invitado: ¿Has fantaseado alguna vez con matar a alguien? Siguen quince minutos de delirante conversación sobre el derecho a asesinar que acaban, pásmense, afirmando que, si se sabe que en el futuro un bebe cometerá maldades, es legítimo su asesinato (“el bebé Hitler”). Una especie de eugenesia del buenismo. Olé, de los mismos productores culturales de “el fascismo nos inunda” y el diario global, basura al canto.

Ustedes se preguntarán ¿y, entonces, como nos informamos? Pues búsquense la vida. Alguna radio que responda a estándares informativos normales, pódcast, medios digitales, opiniones escritas por gente de su crédito, que las hay.

Pero no debemos dejar de reflexionar sobre cómo los medios y el periodismo de trinchera han llegado a la comunicación sectaria por diversas razones: por pereza y contaminación intelectual, el odio como la falsa moneda contamina mucho; no es la menor la descapitalización profesional y el desprecio de la experiencia ni, tampoco, el hecho de que no tengamos ya empresas editoriales, sino grupos que extraen subvenciones, como forma de sobrevivir, que devuelven con clientelismo mediático al que paga.

He citado medios del campo de la izquierda porque es dónde me duele (no hablo de la miríada de pequeños negocios, que lo mismo hacen noticias a dictado de quien paga, que cobran por una charleta en el Ministerio de Defensa, a contratación a dedo por el mínimo legal, o cosas por el estilo). Es probable que algún conservador racional opine un día de los de su campo. Igual así nos vamos entendiendo y acabamos con la comunicación sectaria, lo de la basura sospecho que tiene mal arreglo.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.