Davos: Pedro anima el pesimismo de las élites

Davos es ya una antigualla. La Montaña Mágica se devalúa. Las élites ni siquiera son escuchadas, sino que tienen que escuchar a gente que la pinta poco. Han pasado de la depresión del año pasado al simple pesimismo.

Un foro tradicionalmente comprometido con la defensa de la globalización se preocupa principalmente de los fracasos de la globalización. Como son muy finos lo llaman “fragmentación”.

No está Biden, ni Gates ni esa muchachada tecnológica tan creativa. Este año solo asistirá un líder de un país del G7, el canciller alemán Olaf Scholz, y no estarán Vladimir Putin ni Xi Jinping.

Pero Bloomberg calcula que habrá un 40 por ciento más de multimillonarios que los que asistieron hace una década, tienen sus jets aparcados, pero no hay marcha. No hay rusos, así que no hay fiestas con vodka hasta el amanecer en la Casa de Rusia, en la calle principal. No hay chinos, luego no hay negocio.

La mayoría de los asistentes siguen siendo “hombres de Davos” (mujeres, más bien pocas), blancos ricos. La élite de Davos juega en los márgenes de un sistema roto e inventa discursos para cambios que no se producirán.

El hecho objetivo es que, a medida que aumentan los riesgos para la paz, la prosperidad y el futuro del planeta, la voluntad de cooperar, el espíritu de Davos, como le gusta decir al fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, ha disminuido.

El pesimismo invade a las élites. Día de inauguración y tienen que sustituir a Putin y Xi Jinping por Oxfam, Pedro Sánchez, Von der Leyen y la señora de Zelensky. Ni siquiera ha venido Greta: la chica quería dejarse detener en Alemania ante una mina de carbón.

O sea, lo que el año pasado, en mayo a causa de la postpandemia, era depresión este año es puro pesimismo. No sólo es que ésta sea la primera reunión anual que reúne a los líderes mundiales en esta nueva situación, caracterizada por un mundo que recupera bloques como resultado de la pandemia y la guerra. Es también que las CEO allí presentes, y los que no han ido, están de bajón.

Al inicio del Foro se ha publicado una encuesta de directores ejecutivos (CEO) realizada por la consultora PwC, que muestra un estado de ánimo pesimista sobre la perspectiva global inmediata y las perspectivas de supervivencia a largo plazo.

El 12% de los directores ejecutivos a nivel mundial consideran que, en una década, sus negocios no existirán debido a la falta de talento y al cambio tecnológico. Los más molestos en ambos temas (talento y tecnología) son los británicos. Brexit es Brexit.

En otra investigación, dos tercios de un grupo de 22 economistas jefes del sector público y privado, encuestados por el Foro Económico Mundial, declaran que es probable que haya una recesión global en 2023 y casi uno de cada cinco dijo que es muy probable que ocurra. Unos monstruos de la profecía.

Menos mal que estaba Pedro. Aquí nada de crisis, tranquilidad; nos sobrará hidrogenado cambio tecnológico y tendremos mano de obra fantástica, no camareros, huiremos de cualquier recesión, siempre y cuando, naturalmente, no permitamos gobiernos de la extrema derecha.

Una receta simple que, al parecer, ha animado mucho la reunión, ahora que no hay fiesta en Casa Rusia, los liberales aprecian mucho el cariño del jefe de la socialdemocracia mundial. También, al parecer, hemos puesto una bárbara barbaridad de pasta para Ucrania. La señora Zelenska lo que quiere es tanques, lo de las ambulancias de Pedro no le llenan.

Si ustedes se preguntan qué pinta nuestro Falcon en la Montaña Mágica no encontrarán respuesta. Nadie lo sabe, excepto la presidenta de la Comisión que conoce las aspiraciones del muchacho.

La reunión ha dejado de ser relevante. Se ha vuelto ridícula. Los ejecutivos que vuelan a Suiza en aviones privados, y luego se comprometen a plantar millones de árboles como compensación de carbono plantarán menos matas este año.

Más de la mitad de ellos espera que la inflación sea alta en Europa este año, mientras que hubo unanimidad en que el crecimiento europeo será débil en 2023. Más del 90% de los principales economistas predijeron que el crecimiento económico en EE.UU. sería débil.

O sea, los capitales de los ejecutivos y de sus jefes valdrán menos. Que se vengan a España, dice Pedro. Les dejamos que sean ricos y en lugar de la inflación se lo rebajamos en impuestos. Por cierto, no sé si no les parece raro ir a Suiza en Falcon a verse con Botín y las eléctricas en lugar de verse en Madrid.

En una era de crisis global, Davos ya no cumple ningún propósito y, en cambio, actúa como un recordatorio de lo mal equipada que está la ortodoxia capitalista para descubrir un futuro mejor. 100 multimillonarios sin liderazgo ni planes es una imagen deprimente del capitalismo más ortodoxo.

Davos tiene un punto ciego: la incapacidad de inventar futuros. Los emprendedores están en otra parte.

 

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