El ‘gorrico’ a policías y guardias civiles

Reza un refrán popular: Si quieres conocer a Pepico ponle un gorrico. Y eso es lo que magistralmente ha hecho el ministro Zoido con las asociaciones profesionales de Guardia Civil y Policía Nacional, ponerles el gorrico, regalarles los oídos. ¿Qué por qué lo digo? Verán.

Algún día del pasado mes de febrero de 2017, en la sala de café de la comisaría provincial de Palencia, se reunieron policías nacionales y guardias civiles y de aquel café surgió JUSAPOL (Justicia Salarial Policial), un movimiento que por primera vez en la historia de España unía a ambos cuerpos en una lucha por la equiparación salarial con las policías autonómicas, especialmente la catalana.

De aquella reunión salió la primera manifestación de funcionarios de ambos cuerpos que tuvo lugar el sábado 6 de octubre de 2017, en la que miles de agentes, convocados por WhatsApp, se concentraron en la madrileña Puerta del Sol y se dirigieron hacia la calle Génova, sede del Partido Popular. Días después hubo réplicas honrosas en Barcelona, Sevilla y otras ciudades de la geografía española.

Ciudadanos pronto se hizo eco del movimiento y lo apoyó hasta el punto de apretar las tuercas al gobierno, ofreciendo como moneda de cambio para apoyar los presupuestos de 2018 la equiparación salarial.

Habría que aclarar en este punto al lector que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son personal estatutario sin derecho a convenios colectivos, que los sindicatos de policías y asociaciones profesionales de guardias civiles son entidades creadas para la representación de los funcionarios en los respectivos Consejos de sus Direcciones Generales y en las mesas de trabajo de éstos, pero carecen del rango jurídico de interlocutores sociales, de hecho, la Guardia Civil como cuerpo de naturaleza militar ni siquiera puede hacer peticiones colectivas.

Pese a lo anterior, el gobierno del PP, que de tonto no tiene ni un pelo, con la intención de neutralizar a Ciudadanos, citó el pasado 28 de febrero a los representantes de las asociaciones y sindicatos para ofrecerles un acuerdo, un pacto, un convenio. Pueden verlo como quieran, si hubiera sido al revés, si las asociaciones y sindicatos hubieran citado al gobierno a una mesa de negociación para mitigar las manifestaciones los hubieran detenido inmediatamente, cuando poco le hubieran abierto un procedimiento disciplinario a cada uno de los representantes. Pero la cuestión era frenar al rival político a costa de lo que fuera, ¿y qué decidieron? ponerle un gorrico a los líderes de asociaciones y sindicatos, tan ávidos ellos de protagonismo y estos mordieron el polvo.

¿Qué artes utilizó el Secretario de Estado de Seguridad, Don José Antonio Nieto, para conseguir la división interna, no ya entre los dos Cuerpos unidos por primera vez en la historia con el mismo fin, sino entre los agentes de las mismas unidades que compartieron furgonetas, cafés y madrugadas para desplazarse a todos los puntos de España donde la plataforma JUSAPOL los convocaba? No puedo saberlo porque no estuve allí, pero es evidente que consiguió sus fines; o quizá no. A día de hoy el acuerdo se ha firmado, pero las manifestaciones de policías y guardias civiles siguen ocupando las calles de las capitales españolas y la agenda se mantiene.

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