El justiciero populista y repartidor de carnés

Es que el prócer estaba liado y todo se pone a pasar los mismos días. Así, no hay quién gobierne. El prócer estaba en Marruecos y no se pudo pasar por Barbate; luego, en lo de Valencia, es que estaba en París. No fue al Mobile porque a los nuevos mejores amigos no les gusta que viaje con el rey.

Iba a ponerse el hombre a currar y le sale el portero del prostíbulo enredando con Ábalos, no se sabe si solo o en compañía de otros. Hay meses que no está uno para nada.

Encima se le olvida felicitar a un tal Topuria que dice amar a España como si fuera Georgia y que participa en una cosa que llaman artes marciales mixtas en las que ha conseguido un título mundial.

El hispano–georgiano protestó en X (antes tuiter) porque no había sido felicitado por el líder máximo. En fin, algo había que hacer y el prócer decidió que, entre todas las cosas citadas, lo del luchador le hacía gracia y lo recibiría, antes que se adelantara Florentino, que ya está pensando en organizar combates en el estadio.

Esto de darse golpes entre humanos es un encomiable y noble deporte que siempre ha enredado a grandes caballeros.

Nunca he entendido por qué lancear a un toro es intolerable y machacar a un humano está lleno de nobleza. La diferencia es que, por lo visto, a Pedro Sánchez, posteadores de X (antes tutiteros) y realizadores de directos (“streamers”) lo de ver sangrar a tipos -también hay señoras creo- que se pelean en un octógono les mola.

Nada que objetar, si al prócer le mola y la patria es la patria. Lo que no sabía el cronista dado, al parecer, su magro conocimiento de la administración pública es que un presidente de Gobierno puede prometer carnés de identidad a su antojo.

Pues al parecer sí: Sánchez le prometió al luchador que, dado su amor a España, y su buen hacer deportivo, le daría un carné que acreditase su condición de español.

Así entre ustedes y yo, esto cabrea. He tenido la oportunidad de ayudar con su papeleo a gente que ama a España, que tras cinco años de NIE, y otros seis de solicitud de nacionalidad, tardó otros cuatro en ser citada por un juzgado para que le comunicara la concesión y otro para obtener un carné de identidad.

La diferencia, naturalmente, es que mis amigos y amigas no aman lo suficientemente a España: no son futbolistas, expertos en disciplinas deportivas deficitarias y, menos aún, luchadores georgianos.

Seguirán vagando por oficinas y juzgados, buscando conseguidores o mafias que ayuden, mientras Pedro Sánchez promete un carné de identidad y el afectado o afectada lo consigue en una semana, casi sin publicidad y con contrato de emergencia, como con las operaciones ésas que tanto le gustaban a la trama del portero de prostíbulo.

Mientras le pone a Topuria papeles, a Ábalos le han recetado tratamiento de populismo justiciero. El hombre, muy en línea socialista, afirma que, de entrada, no cumplirá con el mandato de su partido.

Partido que se queda sin cortafuegos, mientras aumentan rumores, nómina de apellidos de las tramas y cosas por el estilo. Ábalos debiera irse, solo o en compañía de otros, sin duda alguna por responsabilidad política, si no por tramar cosas, pero parece que el asunto no acabará aquí.

El problema del populismo justiciero es que los listones luego no hay quien los rebaje y, como ya ocurrió en el pasado, se sabe dónde se empieza, pero no donde se termina. El propio Ábalos, azote de pecadores en el pasado, lo sabe y las lágrimas de cocodrilo que derrama de plató en plató se disolverán como lágrimas en la lluvia en cuanto vayamos conociendo contenidos del sumario.

Comisiones parlamentarias, ventiladores de porquería, ausencia de debates, falta de acciones de gobierno, desde que empezó la legislatura sólo hemos tenido follones, se derramarán sobre nosotros sin tiempo de descanso.

No creo que lo irrespirable del ambiente concluya la legislatura. Entre acuerdos reforzados de amnistía y presupuestos pactados con Esquerra tenemos legislatura para el tiempo que el Pedro Sánchez quiera, salvo que las elecciones vascas nos deparen un PNV molesto, si los socialistas se pasan a Bildu con sus votos y escaños.

El socialismo realmente existente pasa sus peores momentos y muy especialmente sus jefes de prensa han resucitado las peores prácticas conocidas. Amenazas, exclusión de quien relata información, condenas anticipadas a supuestas cavernas mediáticas se han disparado exponencialmente, como denuncian periodistas de todos los medios, incluidos los que hasta ayer eran afectos.

Cuando se reparten carnés es normal que se aspire a repartir justicia y condenar a quienes te llevan la contraria, ignorando la viga en ojo propio, mientras se alerta sobre la paja en el ajeno. Ha llegado de nuevo, si es que se había ido, el populismo justiciero. Si ustedes necesitan un carné de identidad, ganen algo, aunque sea a golpes.

 

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