El termostato

La semana ha sido prolija en asuntos. Desde los follones en el PP madrileño y los conflictos en el gobierno a las sombras económicas, pasando por reformas laborales, de vivienda o el ya acostumbrado ruido sobre las pensiones.

Pero hoy es viernes y como llevan con el cronista más viernes que de pensionistas sabrán que el jefe de la Clicktertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, nos tiene dicho que los viernes de cosas sesudas nada. Los CEO de la radio, encantados con la idea, no solo han prometido prima, sino que han formulado reflexión atinadísima al respecto: convertir al cronista en patrocinador. O sea que nos paguemos a nosotros mismos. (Así entenderán por qué ellos son CEO y uno solo cronista).

Como siempre, en la noticia poco atendida suele estar el meollo. Empezaré señalando que el cuerpo burocrático de Bruselas es brillante, que diré brillante: son excelsos o excelsas, tipo Nadia Calviño. Ven cosas que ustedes no creerían.

Una mañana fría en Bruselas, llegó el funcionario con aire insigne y con voz profunda le dijo al secretario: ¡Ahí está! ¿Quién? Preguntó el secretario que, por eso, no era excelso y no lo veía. El gorrón, afirmó el funcionario excelso.

Naturalmente, no usó una palabra tan vulgar. Dijo el “free rider”. ¿Qué es un “free rider”? Aquel que usa lo común para sacarse una tajadilla, tipo yo veraneo en Doñana, porque lo valgo y usted me lo paga.

Pues bien, señoras y señores, Bruselas lo ha descubierto: se acabó la calefacción colectiva. La Comisión ha decidido que el pago grupal desresponsabiliza al consumidor del coste eléctrico en el que incurre y no asume los esfuerzos que el malvado cambio climático requiere de la ciudadanía.

Se acabó; ya no habrá calefacción central. Una institución tan antigua como las colonias vecinales desaparece. Es como si acabaran, que diría yo, con el guardia urbano. Una institución social se desvanece.

Ya no será el presidente de la Comunidad quien le visite mensualmente para recordarle que su recibo está pendiente: recibirá una llamada automatizada de cualquiera de las eléctricas. Sí; es como esperar a Casado y que le manden a Rufián.

Quién dijo que la transición energética sería fácil. ¡Ah, la sonrisa de Greta es alargada! Mucho “blablablá, que dicen en Glasgow, pero mucho recorte que decimos por aquí.

En consecuencia, amigos y amigas, ustedes tienen un nuevo mejor amigo: el termostato.

El termostato es esa cosa que hay en su salón, el aparatito que su decorador mira con odio, su pareja quiere tapar con un cuadrito y que su abuela, si usted tiene la edad del cronista, pretendería tapar con un pañito de ganchillo.

El termostato, como diría Georgie Dann, ese gran poeta que hemos perdido esta semana, nos invita “a echar leña al fuego y siguiendo con el juego, las parejas se calientan… O algo parecido, los poetas son como son.

Volviendo al asunto y olvidando el verso, la cosa es que usted debe vigilar el termostato. Por encima de 25 grados, usted pagará una pasta. Por debajo, también. Se acabó la cuota eléctrica de la Comunidad de Vecinos: vaya pensando en pagar su calefacción individualmente.

El termostato ocupará su vida. Lo vigilará como a un hijo adolescente, lo temerá como al cobrador del frac, lo mirará como si fuera una serie de Netflix.

Pero si usted cree que al hacerse cargo de la calefacción se reducirá el recibo de la Comunidad de Vecinos es que no ha estado prestando atención. Los otros gastos siguen creciendo, de hecho, un oscuro rumor recorre la escalera: llega ahora, la derrama.

Los costes de vivienda asociados a la electricidad, al combustible y al mantenimiento crecen a tasas del 15% anual, tres veces más que el resto de los precios.

Entre el termostato y derrama su vivienda es un pozo oscuro que se traga su magro salario. En fin, haber pedido carbón a los Reyes Magos.

Los costes de la transición energética crecen inexorablemente y aquello de que sería igualitaria parece hoy una broma y que usted pagaría el mismo recibo que el año pasado una gracieta presidencial.

Ustedes habían entendido mal; no es la era del bono del gobierno; es la era del termostato y la derrama.

En esta dura época, cuando les hablen de precios o de pensiones, de reformas laborales o de vivienda y demás, no se fijen en lo que dicen los excelsos funcionarios y responsables: fíjense en lo que callan. Si Echenique grita o se enfada, dense por fastidiados y fastidiadas.

En fin, amigas y amigos, llega el fin de semana, piensen que acaba de nacerles un nuevo hijo, y pasen sus leves días de asueto conociéndose. El termostato les mira sonriendo.

 

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