Europa necesita más prisa, menos excepciones y más transparencia

No hace falta ser un analista estratégico para saber que Putin quiere a Ucrania más aplastada y humillada. También, para dudar de si Trump quiere lo mismo o, por lo menos, para especular con el precio. Ya les conté que lo que se había preparado era un plan de negocio más que un plan de paz: sabemos que para salvar a sus colegas, los oligarcas rusos y Putin, había previsto un negocio conjunto con los fondos embargados. Donald Trump solo tiene motivos financieros.

Acaso quiere la gloria de haber negociado un acuerdo y que éste sea justo se le da una higa. Su compromiso con los aliados se va desvaneciendo progresivamente, como muestra la ausencia en la reunión de la OTAN. Quiere que le compremos armas, le encanta que estemos amenazados.

En cuanto a Vladimir Putin, solo quiere una paz en términos que logren lo que el ejército ruso no ha logrado con la fuerza y le permita una posición amenazante sobre Europa. El Kremlin exige territorio aún no conquistado en el campo de batalla y limitaciones a la capacidad de Ucrania para actuar como un estado plenamente soberano.

Trump nunca ha mostrado mucha aversión a darle a Putin lo que quiere. De hecho, los 28 puntos que puso sobre la mesa estaban redactados prácticamente por Putin, asesorado, para pasmo de algunos, por uno de los negociadores norteamericanos.

Se lo vuelvo a explicar: el negociante ruso es responsable de las cuentas “offshore” (extranjero) de Putin. El yerno de Trump es el responsable de los recursos “offshore” de la familia Trump. El negociador espía Witkoff es el responsable de la ley de blanqueo de capitales “offshore” norteamericana. Blanco y en botella.

Trump no ha ejercido nunca una presión seria sobre el Kremlin, más aún, le ha puesto alfombra roja en Alaska. No ve nada malo en un proceso que discuta el destino de un país, incluida la renuncia a parte de su territorio, sin la participación de representantes de ese país en la mesa.

Si los intereses de Ucrania se tienen en cuenta en la reflexión de la Casa Blanca se debe a la persistente diplomacia de Zelenski y sus aliados europeos. Sus intervenciones han impedido hasta ahora que Trump traicione por completo a Kiev, para gran frustración del Kremlin.

El viaje de esta semana a Moscú del enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff —habitualmente un público crédulo e interesado para los negociadores rusos— no produjo ningún resultado. Putin atribuye el impasse al “sabotaje” del proceso por parte de los miembros europeos de la OTAN a los que ha amenazado claramente. Considera cualquier reconocimiento de los intereses ucranianos un atentado contra la dignidad nacional rusa.

Starmer y Macron lideran la respuesta de los aliados, “la coalición de los dispuestos”. La Comisión Europea se ha puesto a amenazar, con las dudas de Bélgica y de los más tibios y prorrusos, con financiar a los ucranianos con el dinero ruso.

Corregir los sesgos prorrusos de Trump es un trabajo duro. Un esfuerzo diplomático que debe ser persistente. No debe dudar la Unión Europea de mantener su voluntad de “autonomía estratégica” y estar atenta a su deber de desarrollar una capacidad de seguridad para proteger el continente.

No todos los países europeos son igualmente consecuentes. Trump, en plan los aliados le dan igual, vieja doctrina norteamericana de proteccionismo aislacionista, no es un aliado fiable ni para Europa ni para nadie. A veces habla de la UE con desprecio y hostilidad. Su política comercial no reconoce intereses estratégicos mutuos, solo clientes y enemigos. Ese prejuicio pertenece a la ideología republicana.

La indulgencia de Trump con los argumentos rusos sobre Ucrania es una advertencia. Se ha evitado la traición de Washington a sus aliados de milagro, pero deben hacerse preparativos para un mundo en el que no se pueda confiar en su apoyo. En una crisis de seguridad aún mayor, ¿se podría contar con que Washington se ponga del lado de Europa contra el Kremlin? La incertidumbre de la respuesta debería obligar a los europeos a ir más rápido, necesitamos menos nacionalismo y menos excepciones.

La famosa y necesaria “autonomía estratégica” europea necesita dos pilares: inteligencia artificial y seguridad. Ambas tienen costes y estos deben ser explicados con más claridad a la ciudadanía.

https://peregrinomundo1.webnode.es/l/europa-necesita-mas-prisa-menos-excepciones-y-mas-trasparencia/

 

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