La reina de Inglaterra

Tras 70 años en la jefatura del Reino Unido y de otras muchas naciones, ha muerto la reina Isabel II. Los reyes Felipe y Letizia, el rey Emérito y la reina Sofía acudirán al sepelio.

Inglaterra, salvo algún paréntesis histórico (invasión de Napoleón) fue siempre nuestra gran enemiga. Ha sido una potencia colonizadora inhumana, brutal; creó la falsa leyenda negra contra España que hoy sigue vigente. Mientras España levantaba universidades y permitía el mestizaje entre sus nacionales y los de territorios colonizados, Inglaterra siempre los consideró seres inferiores, los trató como esclavos (también en España hubo esclavos, la mayor excrecencia de la humanidad, pero los nativos de las colonias españolas no podían serlo al estar protegidos legalmente). España y sus leyes permitían hace 500 años el mestizaje y hubo nativos que alcanzaron cátedras universitarias y lugares destacados en la Monarquía Hispánica.

La caída de los imperios y la Segunda Guerra Mundial alumbró una nueva sociedad que puede estar en sus estertores, provocado por el avance de dictaduras religiosas y/o políticas (China, Irán, países del Golfo, Cuba, Corea del Norte, Venezuela…). La guerra en Ucrania, donde Rusia se enfrenta a Estados Unidos, la UE y Occidente, y las tensiones en Taiwán, donde es China quien exige que le dejen anexionarse la isla que se quedó como reducto democrático tras la imposición de la férrea dictadura comunista, son conflictos peligrosos para la humanidad.

Entre guerras, pandemias, hambre que mueve millones de inmigrantes de las zonas pobres a los países ricos, Occidente y el mundo anglosajón actúan con miopía, renunciando algunos países (España entre ellos) a obtener energía propia (nuclear, fracking, hidráulica…) mientras destruye pantanos, prohíbe extracción de gas y usa el cambio climático como arma política para cambiar la sociedad de bienestar construida en Occidente, debilitando la capacidad de sus estados para garantizar servicios a la ciudadanía respetando sus derechos.

En este mundo que emerge asistimos a una guerra híbrida de poderes económicos contra Occidente y el mundo anglosajón (Reino Unido, Estados Unidos y otras pocas naciones), aunque Inglaterra siempre tuvo un pie en cada trinchera; la inmensa mayoría del dinero negro, sucio, fruto de tráfico de armas, drogas, mujeres, inmigrantes, etc. están radicadas en paraísos fiscales bajo bandera británica.

Tenemos el ejemplo de Gibraltar, que no reclamo como español por ser fruto del Tratado de Utrech, que cerraba una guerra de Sucesión de doce años entre españoles y solo mediante otro Acuerdo que lo cambie podrá volver a España. Como lo hizo Menorca, tras más de 70 años como tierra inglesa por ese mismo Tratado, devuelta a España por el de Versalles, en 1783, después de unos años como territorio francés.

Inglaterra dejó de ser un Imperio, creó su propia Iglesia cuya máxima autoridad es su rey o reina, y un sistema financiero que es la moderna piratería corsaria; una práctica que desangra países, oculta dinero manchado de sangre de corrupción y corruptos y contribuye a la creación de pobreza.

Nunca Inglaterra hizo nada por España y los españoles y su soberana no merece los honores que le han rendido los responsables políticos de las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía. Colaboración policial aparte -por los terrorismos de IRA y ETA-, nunca ha existido una declaración o apoyo del Reino Unido hacia España. Los gestos del ya rey Carlos III celebrando su boda con viaje por Gibraltar, o una única visita de la reina a España en 70 años de mandato lo corroboran. Blas de Lezo sentiría vergüenza por el desprecio y poco respeto a la historia de España y sus héroes.

 

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