Mejor vacunar que pedir pasaportes en la taberna

Las reflexiones sobre la pandemia han acabado convirtiéndose, para el Gobierno y su sorpresa, en un debate sobre derechos y libertades fundamentales. Empezó la gente, cuando se acabó la fiesta de los balcones, frecuentemente criticada desde La Moncloa, y se sumó, también criticado por el Gobierno, el Constitucional.

No es una cuestión española. La Europa más liberal se ha visto cruzada por el debate. En estos días, al igual que en España, se discute sobre la exigencia de los certificados de vacunación para usar determinados espacios: el incentivo para la vacunación es la mano dura.

Dos comunidades, Canarias y Galicia, ya piden tener la pauta completa de vacunación o una prueba negativa para poder entrar a los establecimientos de hostelería. El resto debate con el gobierno que los “pasaportes Covid” sean exigibles para ir a la taberna, al pub, al supermercado o al fútbol.

Darias, que propuestas tiene varias, ha reconocido que el certificado digital europeo, de momento, solo está aprobado para facilitar la movilidad entre países y hay que ver, desde el punto de vista legal, cómo se le puede dar otros usos. O sea, que no, pero sí, como corresponde.

No les quepa duda, esta es una mala idea. La introducción de un pasaporte interno será costosa, divisiva y contraproducente. Aumentará la irritación social.

No cabe duda de que hemos oído mensajes contradictorios sobre si la introducción de un régimen de este tipo debe dejarse en manos de las empresas para que decidan y regulen por sí mismas o si, por el contrario, debe ser una decisión gubernativa, o dejarla en manos de la cogobernanza, o sea que Sánchez no decida nada.

La duda que se transmite a la opinión pública sobre la exigencia del pasaporte no es un buen incentivo para los negacionistas y acaba escondiendo una falta de competencia de los responsables de gestionar la pandemia.

En realidad, hemos vivido una especie de estrategia que consistía en vacunar rápido, dejando que el virus se extendiera, aunque se produjeran muertes adicionales. Hasta que llegara una inmunidad de rebaño, que parece que no acabará de llegar.

Para ser precisos, es en ese contexto en el que los portavoces del gobierno y sus “cogobernanzas” son cada vez más descarados sobre su amenaza de identificación obligatoria, para obligar a los jóvenes a vacunarse en lugar de prevenir la transmisión de manera efectiva y articular un sistema razonable de incentivos.

El pasaporte para entrar en locales, simplemente, no es ético, y menos dada la escasez de educación pública o incentivos de apoyo.

El necesario distanciamiento social ha sido particularmente duro para los jóvenes y las personas mayores.

Podría decirse que las personas mayores tenían un incentivo personal muy directo para vacunarse. ¿Por qué no ofrecer a los jóvenes y a todas las personas con trabajos mal pagados incentivos para vacunarse?

En el contexto europeo, la opción está, actualmente, en contra de los pasaportes de vacunación para moverse en el interior de los países por ser costosos, abiertos al fraude y poco prácticos.

Pero los mismos que dicen esto, aseguran que probar para impedir el acceso a determinados lugares sería más eficiente y brindaría más certeza a las personas y las empresas. Demos la bienvenida a la policía Covid.

Debemos asumir, antes de lanzarnos a aceptar la idea, que la identificación obligatoria trata explícitamente de datos de salud y cruza una línea más hacia la pérdida de privacidad personal y de la libertad.

Está más claro que el agua que hay liberales y autoritarios instintivos en ambos lados del espectro político, izquierda o derecha. Durante nuestra guerra contra el Covid, los debates subyacentes en torno a los derechos y las libertades nos han puesto a prueba a todos.

Los pasaportes nacionales de Covid son parte de una estrategia de humo y espejos para un gobierno que ha trasladado a la “responsabilidad personal” su política de salud pública.

Las proposiciones sobre el pasaporte para entrar en este o aquel lugar es un debate sobre cómo protegernos: son los más vulnerables los que no accederán al pasaporte para entrar en un bar, seguro.

 

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