Algo de memoria democrática, si quieren: aquellas letras color sangre sobre fondo negro (yo estuve allí) no nacieron contra el “trio de las Azores”. Nacieron contra un gobierno socialista, que reclutó a 150 jóvenes marineros de mili obligatoria y, sin decirles donde iban, los trasladó a zona de guerra en la fragata Numancia, naturalmente en un “ejercicio defensivo”. Como entonces no había flotilla, les mandaron a Marta Sánchez, para los ratos de asueto. Valores.
Si desean análisis electoral, sepan que, en la primera guerra del golfo, tras la movilización, oportunos y magníficos videos en blanco y negro, dirigidos magníficamente por Juan Echanove, y Julio Anguita de cabecera en su mejor momento, solo obtuvo IU un diputado más (1993).
Lo que dio a Zapatero su victoria electoral en 2003 fue El Prestige, la respuesta social a los errores de Aznar y Acebes, tras un cruel atentado, y un “Pásalo”, trampa saducea en la que cayó la izquierda de verdad verdadera. La IU de Llamazares se quedó en cinco diputados. No; la guerra no da votos, da miedo e incertidumbre, cosas que no ayudan a la izquierda.
Ciertamente, los que montamos aquellos “No a la guerra” somos los de izquierda que, en buena parte, han decidido abstenerse a Pedro Sánchez o no pensamos votar a Pedro Sánchez ni hartos de buen jerez. Por supuesto, Tezanos el certero dirá en dos días que sí, que le votaremos y que VOX va a sobrepasar al PP.
Al parecer, la señora Robles, que vivió el “no a la guerra” sin pisarlo ni una vez, nombrada entonces subsecretaria en el Ministerio de Justicia de un gobierno socialista en coalición, naturalmente defensiva, con los americanos, ha decidido disfrazarse de Delcy y tener un encuentro con el embajador diciéndole que “ella está con Trump”. Cosa que el embajador tardó minutos en transmitir (quedó grabado, se ha dicho) y dio pie a la trampa propagandística de la portavoz de la Casa Blanca y el rebrinque de Albares. Él, que es ministro, lo desmentía todo.
El resultado del desmentido, de la entrevista con el embajador y la disposición de Robles es que habrá fragata a Chipre, naturalmente en un ejercicio defensivo, y no dispararán ni un obús, salvo cuando pase la nave francesa, propulsada atómicamente, para saludar como se debe y a la británica, que nos lo devolverá agradeciéndonos que hayamos renunciado, también, a Gibraltar.
El “antitrumpismo” no va por donde va Pedro Sánchez. Va por la autonomía estratégica de Europa. Lo más probable es que Alemania y un Macron en final de ciclo, con su oposición algo confusa, establezcan la primera parte de esa autonomía: un escudo nuclear. Cabe la posibilidad de que frenen la política comercial de Trump. Probablemente, España se beneficie de ambas cosas, convertidos, en aras de la singularidad de nuestros valores, en un auténtico “free rider” (gorrón) de la Unión Europea.
Cabe esperar que el “no a la guerra” vaya acompañado de medidas generosas de escudo frente a la crisis. Quizá aprovechemos la situación para pedirle a la Unión Europea los 25 mil millones de fondos “Next Generation” que no hemos sabido gastar o aumentemos nuestra deuda, al fin y al cabo la inflación es una forma de impago y el resto lo pagarán nuestros nietos: hoy el gas (norteamericano, juas, renunciamos al argelino) está por encima del precio que se estableció cuando la excepción ibérica.
El compulsivo y electoralero discurso no ha definido, seguramente porque no se puede, un plan B, ni en lo político, ni en lo económico. En lo político porque carecemos de influencia alguna. De hecho, con retruécanos y demagogia, nos vamos plegando a lo que dicen los socios europeos; no podemos acompañar el grito enardecido con medidas de negociación, coaliciones, etcétera.
En lo económico, más allá de que la Unión Europea se mantenga en los acuerdos suscritos con los Estados Unidos, que permiten, igual que el Supremo norteamericano, unos aranceles del 15% (al menos durante 150 días), la vulnerabilidad española está en el petróleo y el gas (diez mil millones el año pasado) y quizá en algunos productos como el aceite, vino o maquinaria. Por cierto, anda medio mundo embargando propiedades públicas españolas para pagar el asunto de las renovables: calculen cuando Trump se entere.
Pero lo grueso del riesgo está en los inversores, a los que el Gobierno norteamericano ya está intoxicando. Y muy especialmente en la cultura antiespañola que las televisiones, el MAGA y los secretarios de Estado están impulsando. Los turistas que vengan serán demócratas o no vendrán (los que más gastan y crecen).
No cabe duda de que la intervención militar en un escenario sensible impulsa el caos, pone en riesgo lo que quedaba de globalización (las cadenas de suministro) y alienta las subidas de tipos de interés para controlar la previsible inflación que, por cierto, ya mostraba tensiones en España antes de la invasión norteamericana e israelí.
La cuestión a plantearse, más allá de la electoralera que administra la Moncloa, es si la situación social es la misma que en el 2003. En aquel momento, desde París a Berlín, pasando por nueve países que se integraron en la coalición de las Azores, constituyeron una amplia energía social que contaminó el mapa político europeo e influyó en España. Esa situación no existe ahora.
Del mismo modo que el carácter interclasista y transversal, tanto de las movilizaciones del 91 como las de 2003, no existe socialmente hoy en España: la izquierda debería pensar por qué. Sí existe “antitrumpismo” mayoritario, pero eso no legitimará los discursos, por mucho que Sánchez se empeñe. Los electores que se movilicen lo harán, como en 2024, a costa de la izquierda más populista. Tampoco la percepción de Irak y “las armas de destrucción masiva” es la misma que un ayatolá chiita, buscando un arma nuclear y ahorcando a su pueblo.
Antes de las bombas sobre el ayatolá había extremas dosis de demagogia, verborrea y mentiras a precio módico en España. Con una guerra por medio, calculen lo que nos espera. Señoras y señores, con el ¡No a la guerra! Y, las fragatas, por supuesto en ejercicio defensivo, solo me queda decir: Marta Sánchez, calienta, que sales; porque, apuesto, no habrá flotilla solidaria.



