Otras milis, otras lanzas

Con ocasión de los acontecimientos de la catástrofe fluvial valenciana en el otoño de 2024, escribimos un artículo que rotulamos “Haciendo la mili con lanza”, en el que hacíamos hincapié en la desidia preventiva de nuestras administraciones, tanto del Gobierno de la Nación como de las comunidades autónomas, y muy especialmente de la valenciana (en esto de la desidia preventiva española no se salva nadie, salvo nuestros mayores de la Hispania Califal).

Hablábamos de un panorama, de una sociedad, en la que el cambio climático, como las instituciones y recursos administrativos, tanto humanos como instrumentales e incluso psicológicos, no están preparados para afrontar situaciones catastróficas y de grandes riesgos en un mundo y en una sociedad sistémica y paradójicamente incierta e insegura. Una sociedad que necesitaba urgentemente enfoques preventivos diferentes a los que, posiblemente (que lo dudamos, hace tan solo 50 años) pudimos tener en tiempos pasados, en donde la potente nueva variable del cambio climático introduce nuevas exigencias (me repito, si realmente las hubo) en las políticas de prevención.

En un país, además, en que siempre hemos esperado a que truene Santa Bárbara, desde un agavillado social que va desde los mineros a la milicia. En suma, utilizamos como rótulo del artículo el popular dicho cuartelero “Haciendo la mili con lanza”, dando a entender que, en el mundo, en nuestra sociedad de felicidades inciertas de la modernidad tardía, se necesitaban, se exigían nuevas mentalidades, nuevas estrategias y nuevos medios para afrontar razonable y decentemente los potentes riesgos que, paradójicamente, nos ofrece un entorno sociotecnológico, de aparentes pero frágiles e inciertas seguridades

Pues bien, al hilo de las actuales inundaciones modificamos nuestro rótulo de hace años, escribiendo: Otras milis, otras lanzas; nos explicamos.

Sin duda, parece que, en relación a las últimas inundaciones, algo vamos aprendiendo y, entre estos aprendizajes, tenemos la respuesta preventiva, aunque pegada a la prevención de emergencia o prevención táctica, desarrollada por el Gobierno autonómico de Andalucía. Pero, junto a ello, la constatación de que, el grueso de la respuesta a la tragedia ha sido más que institucional, con la excepción de la resolutiva UME, la respuesta principal ha sido de la gente, incuída entre la gente, aparte otras agencias de seguridad, sobre todo a la Guardia Civil, que con escasos recursos está siempre ahí, arreglando todo tipo de rotos y descosidos, junto a los vecinos, pegada a las gentes del común, que se decía en el tiempo de las Comunidades Castellanas.

Un acontecimiento repetido pero que, a nuestro entender, se estaría desperdiciando. La modesta opinión/recomendación de un viejo sociólogo que algo sabe del asunto, no por Natura ni por Salamanca sino únicamente porque ha sido cocinero antes que fraile, es que aprovechemos esta potencialidad solidaria de nuestras gentes; que vayamos pensando en el traspaso de las solidaridades vecinales, incluso con los riesgos que supone toda institucionalización, a algo que pudiese consistir en una especie de mili para la vida o la protección de nuestra gente.

Es decir, que entre los 18 y 21 años, todo ciudadano o ciudadana española, recibiese una formación especializada en la actuación frente a emergencias, formando una suerte de contingente humano, dispuesto y sabiendo actuar al toque de teléfono móvil, o el repique de campanas, formando una estructura real de protección civil desde la más robusta civilidad que es la del vecindario. En suma, una mili para la paz y para la protección de los ciudadanos que, junto a la UME militar y esa otra UME civil/militar representada por la Guardia Civil, supongan una estructura sistémica y potente contra la sistematicidad inmisericorde de catástrofes y grandes riesgos.

El rellenado de esta reflexión, la dejo a los expertos, incluso a los políticos.

  • (*) Rafael de Francisco López (Valladolid, 1942) es sociólogo; diplomado por la Escuela de Altos Estudios de la Defensa en el Manejo y control de riesgos catastróficos y emergencias. Fue el responsable de las estrategias de primera respuesta en las inundaciones de Vizcaya en el otoño 1983.

 

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