Los aragoneses, rediós, somos la leche: en un día, hemos terminado con Podemos, el “sanchismo” y el bipartidismo. Ahora, empaten si quieren. El día que se publicaron los últimos sondeos, un líder socialista afirmó: “Se nos ha ido de las manos”. Se refería al uso del populismo radical de derecha para levantar un muro político y lesionar al centroderecha. El drama, Pedro, es que de tanto pensar en ti mismo, todo lo demás también se te ha ido de las manos.
No son solo los muros, “las alertas antifascistas”, el reemplazo étnico de los españoles fascistas por inmigraciones no programadas o las múltiples “tontadicas” que hemos tenido que soportar. Han sido los “wokismos” prescriptivos, el meterse en nuestra vida a todas horas. Ha sido la sensación, y a veces la cruda realidad de las presiones a la libertad de opinión, el intolerable adoctrinamiento desde los medios públicos. Quizá el ministro de los trenes crea que el suflé emocional ha bajado, pero las explicaciones pendientes para 46 familias con fallecidos en Adamuz han tiznado la creciente desconfianza de lo público de dolor y, sí, ha tenido algo que ver, como la propia desaparición del tren. En realidad, todo eso, y alguna cosa más, es lo que la izquierda ha propuesto a los aragoneses: por ejemplo, ¿Zaragoza, de verdad conocéis la ciudad, estúpidos?
La izquierda, reforzada por el populismo izquierdista, se enseñoreó políticamente tras la austeridad que supuso la postcrisis financiera. Hoy, con el escudo social, se desvanece. Los recursos no han llegado donde debían llegar, las políticas que debían hacerse (vivienda, por un poner) no se han hecho. Se les ha ido todo de las manos. Como más de una vez he dicho aquí: cierta cultura de la izquierda, a veces histérica, parece haber olvidado cómo se hacen políticas para la mayoría social, cosa de viejos y tristes socialdemócratas.
Lo que ha ocurrido en Aragón estaba anunciado: la debacle del PSOE, de la izquierda de verdad verdadera, el crecimiento de VOX y la estabilidad, quizá sorprenda, a la baja del PP. Las empresas de encuestas lo habían dicho. Pueden ver aquí (@kikollan, léanlo antes de que cualquier ministra antifascista prohíba X). Todos los resultados estaban en las horquillas del 80% de probabilidades, la pérdida de 13 mil votos del PP no nos parecía probable, aunque estaba en las encuestas, simplemente acaeció.
No; no es cierto, en consecuencia, que la debacle socialista sea menor de la esperada. Más aún, la crisis de la izquierda parece estructural, reducidas sus bases electorales dramáticamente. Las elecciones aragonesas han confirmado cierto cambio estructural en la política española. En dos años, la derecha ha pasado de detentar el 47% del voto representado en la asamblea aragonesa al 55%. Cuando Pedro Sánchez llegó al poder, el voto popular representado por la izquierda aragonesa era del 50,79%, hoy es el 34% (el 25% del PSOE). Dos puntos menos por año.
El cambio estructural tiene dos elementos: el voto de cabreo no se expresa en términos de negociación con el sistema bipartidista (Teruel Existe), sino al margen de la conciliación. Los sectores más jóvenes de la población se alejan del bipartidismo. Vox se representa en el agro (no en la España despoblada, no confundir) y captura votos urbanos socialistas en barrios menos atendidos.
De la misma manera que algunos nos sentimos más libres el día que nos importó una higa que un bandarra activista, que cobró cuatro días de La Moncloa, nos metiera en la “fachosfera” importada de Francia, los más jóvenes zaragozanos (y de las ciudades más importantes de Aragón, solo hay diez con más de 10 mil habitantes) han sentido que se liberarán, ignorando lo del insultante y absurdo “fachapobre” de los antifascistas y tertulianos vocingleros de la televisión pública. Resultado, cesión de votos de izquierda a VOX. Pues sí; todo se ha ido de las manos.
Hay que decir que estos jóvenes acababan de nacer cuando la crisis financiera, sus padres sufrieron esa crisis, pero como eran de clase media aspiracional fueron ignorados por la izquierda, castigados fiscalmente e ignorados por el escudo social. También, por una cultura prescriptiva que les era ajena.
Los votos aragoneses confirman lo de Extremadura. Me habrán leído aquí, alguna vez, que ese radicalismo de derecha permanece en el mapa político durante más tiempo que el radicalismo izquierdista. Es cierto que faltan veinte años para que este votante tenga suficiente masa crítica para ser decisivo. Pero el PP y la izquierda deberían prestar atención estratégica.
Mucho voto de Vox no va a volver al PP. Hay una cuestión de agotamiento del sistema: jóvenes sin oportunidades, hundimiento de la clase media, como se ha dicho. La derecha tendrá dos almas y dos formaciones durante mucho tiempo, si no para siempre.
La cultura de “coalición” debe ser construida por ambos -PP y VOX- porque hay algo que no cambiará: la ciudadanía necesita un respiro de estabilidad y cambios tranquilos que sustituyan a las alertas antifascistas, expresadas en modo fascista, como diría Pasolini y yo les he recordado aquí.
La pantalla ahora pertenece a la derecha. No es solo trasvase de votos, sino de una profunda desconfianza en lo que ha representado Sánchez estos años, a golpe de comprar por clientelismo político lo que nunca fue socialdemocracia, incluido el agravio territorial. Con un porcentaje de voto alrededor del 20%, Montero, de los Montero de Hacienda, será tercera fuerza política en Andalucía.
VOX no es un PP enfadado, es otra cosa. Éste es un cambio para diez años, en el mejor de los casos. Si Pedro lograra sobrevivir al cambio de aire sería a golpe de múltiples clientelismos de supervivencia que nos arrasarán más como sociedad. Lo que ha dicho la gente de Extremadura y Aragón es que el país quiere respirar.
Ya sabemos que el bipartidismo es para “boomers”, no es fácil averiguar los cambios que se producirán, pero no habrá estabilidad ni bienestar sin la renovación del pacto con las clases medias y una reinvención de una izquierda no sectaria que “sobre todo, haga política” y no relato sectario y de muro, ignorando los poderes del Estado, incluida la gestión territorial a la que parece querer dejarse bloqueada como herencia.
El PP debiera liderar esa década, cómo hacerlo para no sucumbir en el intento es algo en lo que este cronista no puede ayudarle, aunque tengo alguna sospecha. No la conozco lo suficiente como para dar consejo. Y si me apuran, me pasa como a Churchill cuando le preguntaron por los franceses: “No los conozco a todos”, contestó.
Sí conozco a las izquierdas y en lo que se han convertido, a golpe del sanchismo realmente existente y del desaparecido populismo. No he hablado de Pilar. Pero es que no era Pilar, era Sánchez. Sí, Pedro, chato, todo se te ha ido de las manos.



