Piqué ens roba… o algo así

Gerard Piqué, el comisionista.

Piqué nos roba. Recuérdese lo que se dice en derecho: a confesión de parte, no es necesaria la prueba. El propio Piqué nos dejó expuesta la teoría del asunto: “lo que no puede pasar es que haya gente que compre el derecho a los mundiales… que haya sobres o cosas parecidas: estamos hablando de corrupción”..

No mucho antes, el propio Piqué nos había desconcertado inicialmente: “Siento envidia de Madrid, me gustaría que Barcelona estuviera a su nivel”.

Si estuvimos desconcertados es porque nos hurtó el fondo de tan brillante frase: 24 millones por llevarle a unos jeques, reyes pacifistas, profetas de los derechos humanos y amantes de todas soberanías, como los yemenís pueden atestiguar, una Supercopa de España. (Entenderán el modo ironía).

También sabemos ahora que Pique se fue de la selección porque ganaba más con el negocio que con las primas.

Hay que desaparecer para que el conflicto de intereses no se perciba. En plan profesional catalán: se habla mal de España, se la desprecia, pero se vive de las subvenciones de España… o de las comisiones, por un poner.

Unos audios, jaqueados al presidente de la Federación Española de Fútbol, revelan los tejemanejes de Piqué y Rubiales para, a cambio de unos milloncejos y el uso de activos de la marca de la España futbolística, repartirse unos millones árabes, que sirven para financiar a Piqué y para que el presidente de la Federación cobre más que un presidente del Gobierno.

Llevarse de España un campeonato no es hurtárselo a los fans, faltaría más. Eso sí, estamos en contra de ligas de grandes equipos, debido seguramente a que Florentino no paga comisiones a Piqué o Rubiales. Eso sí, los audios dejan claro el poco respeto de Rubiales y Piqué a los dos equipos madrileños.

Es fácil entender por qué la empresa de Piqué ha desnaturalizado hasta hacerla irreconocible y fría a la vieja y entrañable Copa Davis. Las comisiones habrán sido notabilísimas.

Nunca han sido fiables los que dicen que el futbol y los deportes son de los pobres, los seguidores de los deportistas y organizan el futbol de los jeques, los fondos de inversión o inversores especulativos. Menos aún sus portavoces oficiosos tipo Piqué.

Sospecho que el jaqueo de la Federación nos dará nuevas y jugosas primicias acerca de las excelentes prácticas de los gestores futbolísticos.

Es tiempo de hablar de los comisionistas. Para que nadie se escandalice: vivir de comisiones está en el Código de Comercio.

De eso vivió mi padre: entonces se llamaban “viajantes”, pasaron a llamarse agentes comerciales con la modernización económica y la mala fama que Arthur Miller dio a los “viajantes”. Claro que vender fertilizantes o cloro de piscina, la actividad de mi padre, produce menos que venderle un partido del Madrid a unos jeques.

Tengan en cuenta que los campos se quedan vacíos si no va el Real, cosa que a Piqué no le importa mucho, aunque chalanear algún arbitraje con el amigo Rubiales, para que el Atlético pierda la liga en el último momento, cosa que ocurrió en el año que citan los audios, es algo que se agradece.

Es curioso que el criterio que se aplica a Piqué no se aplique a otros comisionistas más o menos afamados. El Código de Comercio dedica desde el artículo 244 al 302 a regular las comisiones. Los artículos 277 y 278 determinan que pagar al intermediario es una obligación y que hay que pagar el importe de sus gastos y el precio usual en el negocio.

Para que me entiendan, la lógica de una mascarilla es la misma que la de una Supercopa de Futbol. El problema de Piqué, como el de tantos otros, es cuando se sustituye un contrato por unos mensajes o unas llamaditas sospechosas. El propio Piqué lo dejó declarado: eso es corrupción. O sea, “Piqué ens roba”.

 

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