Sánchez, la cazadora y la sesión doble

Se pasó el fin de semana Sánchez de cazadora. Ya no es la chupa de cuero de los días de bronca. Ya estamos en época de glamur: o sea, que toca cazadora.

Cazadora que, aunque de color de pana, no es pana, porque no nos gusta: no por cosa antigua, sino porque la pana suena a final de Consejo de Administración y, ahora, lo que más mola es ser catedrática o catedrático, aunque no poseas cátedra alguna. También se puede ir de tertulias caras o negociar programas de televisión.

Eso sí, si no vas de cazadora o no eres de la pandilla te puedes morir de hambre y se boicotea el trabajo, cosa de la izquierda de verdad verdadera de ahora y si no que se lo pregunten al tal Iván.

Pero el fin de semana de cazadora no se dio del todo bien. Alguna encuesta le daba vidilla a la vicepresidenta, algunos ministros mantenían que sin presencia se les comían la tostada, el cambio de gobierno no ha dado más oxígeno político y el consenso de los analistas es que la economía tiene un comportamiento más sospechoso de lo que se reconoce.

Por otra parte, aunque la derecha anda tirándose tiros en los pies, tampoco en la pandilla del gobierno reina la paz. Nada más firmar los presupuestos, los de Rufián y los de Podemos se han puesto a quejarse, especialmente por la Ley Audiovisual: es que rescatar a Roures no es fácil, dicen en Cataluña.

Solución: sesión doble, que suena tan “vintage” como una cazadora, de Consejo de Ministros: doble presencia, dos discursos a la semana. La comunicación es la comunicación.

Pero no son solo estos asuntos. El contrato que se ha firmado con la Comisión Europea obliga a adoptar, antes de final de año, no menos de 23 decisiones políticas y jurídicas, de las que solo un par de ellas se han adoptado (las relativas a pensiones).

Se habla mucho de la Reforma Laboral. Pero vamos con retraso en cuestiones relevantes y jurídicamente complejas que tienen que ver con convocatorias de renovables, con coordinación con las Comunidades Autónomas, con la competitividad, los autónomos y la creación de nuevos organismos reguladores, etcétera.

Ustedes me dirán que, en esas circunstancias de ir apretados, a lo mejor trabajar era más útil que hacer Consejo de Ministros. Pues sí.

Esta mañana me recordaba mi amigo Paco Revuelta, que además de cantautor afamado es sicólogo, una aseveración propia de la economía: la reiteración no produce necesariamente eficiencia. Pero ustedes deben entender la cosa: si la productividad no se basa en ruedas de prensa, no nos enteramos y el presidente no se luce. Y lo que es importante, es importante. Aunque, también, se sabe que el exceso de comunicación puede producir más ruido que relato.

Las alentadoras cifras de empleo de noviembre tienen sus sombras (desde dos millones de contratos para 70 mil afiliaciones nuevas, el doble de personas en ERTE que empleo creado, crisis en la hostelería… y alguna “cosilla” más), pero parece más llamativo que el consenso de las instituciones y analistas económicos se alejan paulatinamente de las previsiones optimistas que jalonaron los presupuestos.

La evolución económica será determinante para aliviar el cabreo social que ha abundado estos días en determinados sectores económicos. Porque lo que no parece que tienda a reducirse es la distancia interna en los ámbitos de la coalición de gobierno y sus múltiples pactos.

La radicalización de Podemos o ERC, que harán ruido aunque no romperán nada, es de manual. Los del PNV están celosos ya que la disposición de Bildu a chupar cámara devalúa su presencia.

O sea, que la estrategia de Sánchez solo puede ser anegar los medios y a los sufridos y sufridas oyentes con esas maravillosas e interminables ruedas de prensa que recordamos.

De paso, hemos descubierto que la izquierda de verdad verdadera no contesta a algunos medios porque, dice Rufián, siempre tan sensible a la buena educación, que no alientan burbujas fascistas. No conozco a quién se refiere, pero me lo veo venir: un día le molestará este blog y ya no habrá nadie a quien pueda quejarme.

Recomendaría cuidado en estos asuntos de la libertad de información, pero recomendar prudencia a la izquierda de verdad verdadera no es de este tiempo.

 

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