Semana aragonesa

Creo que es la primera vez que los aragoneses podemos sentirnos singulares. Dentro de una semana, estaremos discutiendo si los resultados electorales son transportables al Estado, si las derechas, las izquierdas y estas cosas. Después, la tierra volverá a lo suyo, será noticia por asuntos como “los chinos” o casas parecidas. Debatiremos los resultados, aunque nada sea traspasable, entre otras cosas, porque las leyes electorales suponen distintas estrategias en cada ámbito electoral.

No cito la ley electoral aragonesa por que sí. Desde que se aprobó la actual norma no ha habido mayorías absolutas y los gobiernos han dependido de alianzas electorales. El tipo de legislación electoral explica por qué se han convocado elecciones, por qué las izquierdas van divididas y por qué subidas o caídas de peso electoral no se traducen en movimientos de escaños similares.

Aragón elige 67 diputados, dispone, más o menos, de un diputado por cada 15 mil electores. Son menos escaños que en Extremadura, pero siguen siendo muchos: en Madrid tenemos un escaño para cada 38 mil votantes, 2 veces y media menos. Dicho esto, el reparto de escaños está sujeto a dos restricciones: una barrera de entrada del 3% y un reparto mínimo de 14 escaños por provincia (42 de 67 – 63%-), al margen de la población.

Se eligen, en consecuencia, 14 en Teruel, 18 en Huesca y 35 en Zaragoza. O sea, el voto de alguien en Teruel vale 2,5 veces más que el de quienes viven en Zaragoza. La sobrerrepresentación de Teruel y de Huesca supone que se primen formaciones como Existe o la CHA, aunque ésta tiene peso suficiente en Zaragoza para entrar. Existe no estaría y el PAR ya habría desaparecido, si no desaparece en éstas, con esta norma.

El límite opera en sentido contrario: hay que sacar alrededor de un 6,5% en Teruel para obtener un escaño. En Zaragoza sí importa. La barrera y la sobrerrepresentación es lo que determina la ausencia de mayorías absolutas. La ley electoral ha permitido hasta ocho formaciones políticas en la última legislatura.

¿Si nunca habrá mayorías absolutas por qué preocuparse por los pactos? Los partidos son más racionales de lo que parecen: al PP no le importaba tanto lo que pase con VOX (da lo mismo necesitar dos que cuatro diputados, si entran el PAR y Existe pues vale; si no, da igual): lo relevante era no permitir la recuperación del PSOE.

¿Es una locura la división a la izquierda del PSOE? Responde la ley electoral: los partidos son empujados a presentarse en Zaragoza en solitario (raspando el 3%, y con una participación del 70%, con 15 mil votos se sale, otra cosa es la debacle que se avecina, en algunos ámbitos). En Zaragoza, el sistema funciona como proporcional, con un 3%, sacas escaño.

El populismo territorial, pensado para salvar al PAR –partido bisagra, interesando a PP y PSOE- y la retórica demográfica construyeron este mal diseño electoral.

Las claves hay que buscarlas en la capacidad de las mayorías para articular su electorado. En este sentido, la presunta debacle socialista, unida al sistema electoral generará un drama: con una caída del 5% de los votos (el peor de la historia), puede perder del 13 al 20% de los escaños. Hay que decir que el PSOE y Pilar Alegría han decidido ayudar a la caída.

Un destacado tertuliano, de abundante presencia en las televisiones públicas, afirmó en X: “La campaña de Pilar Alegría está desconcertando a la derecha”. Veremos el domingo el grado de desconcierto: todo apunta a que el “road trip” de la señora, con algunos puntos ridículos y errores gruesos, a quien ha desconcertado es a sus propios votantes. Tenía, todo hay que decirlo, un sentido electoralero: movilizar al jubilado rural. Con poco éxito, parece.

Alegría ha sido derrotada inicialmente por dos cosas: el efecto Lambán (su comportamiento con el expresidente fue miserable, hasta en su muerte) y desorientó y rompió a la militancia: puro sectarismo sanchista. Las explicaciones sobre la financiación catalana –muy sensible en Aragón- han sido de digestión imposible.

Dice Alegría que lo de la condonación de la deuda es como una reducción de hipoteca. No; se lo explico: la condonación de la deuda es que le bajan la hipoteca a un piso y lo reparten entre los demás vecinos. Reducimos deuda a Cataluña para que los demás (incluidos los aragoneses) la paguen en los impuestos del Estado. Lo de la financiación singular no da más dinero para Aragón y es fácil de explicar. Aquí lo hemos hecho: mejoran las “infrafinanciadas”, en recursos por habitante, aunque menos que Catalunya, y las demás pagan y una aguanta la nivelación (Madrid).

El tercer y gran peso que Alegría no soporta es que el PSOE, ella, Pedro o los ministros dan votos. Y ella no tiene fuerza ni identidad ni perfil para afrontar el alejamiento social de la izquierda. Un alejamiento que no compensa a su izquierda –donde parece que apenas aguanta la CHA (donde la sigla SUMAR es pura cosmética). Lo de Podemos o IU no pinta especialmente bien; la radicalidad antifascista de sus líderes empieza a espantar a los suyos propios.

La respuesta del abandono oscilará entre transferencias de la izquierda al PP o VOX y la abstención, veremos en qué medida. Que las derechas aragonesas ronden el 60% del electorado dispuesto a votar, estimadas y estimados, se lo dice uno de la tierra, es una burrada. No; no son los aragoneses los que son fachas, algo habrá hecho mal la izquierda.

En ese sentido Azcón, candidato del PP, tenía un objetivo de campaña: no fastidiarla. El mismo que sigue teniendo. Por otro lado, el cartucho de Feijóo compareciendo en el Congreso por la Dana no le perjudicará. Mire usted, toda la vida reprochando a Feijóo que era un blando y va a sacar su vena dura en campaña electoral. Análisis de la realidad de la izquierda notable.

Parece hasta ahora haber conseguido el objetivo: los debates televisados no han sido disruptivos, el debate se ha desplazado a quién le acompañará, sin que los potenciales acuerdos aparezcan más deslegitimados que antaño, antes al contrario, y parece representar bien –lo que reprocha VOX- la vieja estabilidad que Aragón siempre ha mantenido con PSOE y PP al mando de la nave. El capital que mejor representa Azcón.

Hasta ahora los políticos no han hecho mucho daño a una tierra que, sin turismo, ve crecer su población, especialmente en Zaragoza, y mantiene un crecimiento notable en esas condiciones. La duda por resolver es la medida en que VOX penetra en el electorado urbano. Compite con el PP en el ámbito rural y con el PSOE en el ámbito de la gran urbe.

Ése no es un debate pequeño, si se piensa en el futuro. Puede parecer, fácil imaginarlo, que el bipartidismo es cosa de “boomer”. Pero la irrupción ultraderechista en la juventud urbana no es, necesariamente, definitiva: primero, a los “boomer” les quedan 20 años antes de que los jóvenes de hoy sean una masa electoral crítica; segundo, no siempre el argumentario de Abascal es compatible con la vida cotidiana a medio plazo de los más jóvenes y la tradición de estabilidad de la Comunidad.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.