40 años del referéndum OTAN: el PSOE nos malmetió, el PSOE nos malsacará

12 de marzo de 1986: referéndum sobre la ratificación de la presencia de España en la OTAN. El Sí, defendido por el PSOE, gana por más de un 13%, a pesar de las dudas sobre el resultado y una amplia movilización social. Calvo-Sotelo nos metió y el giro político de Felipe González (un cambio de opinión socialista) nos dejó dentro.

El tema, planteado por González, en su segundo mandato, fue el más polarizante desde la transición. ¿Eran los españoles de la época más favorables a la guerra, menos sensibles a las políticas imperialistas? No; probablemente, tenían una posición más pacifista que hoy, a lo mejor menos aislacionista porque eran más proeuropeos. Y, desde luego, no recibirían lecciones sobre paz.

¿Por qué aquel amplio e inesperado resultado? Por la misma razón que hoy los socialistas gritan “No a la guerra”. Felipe González y su principal asesor (Julio Feo) convirtieron el referéndum en un asunto de política nacional: “Si pierdo, que gobierne otro”, dijo. Y la gente, que quería estabilidad, renunció a principios por las razones puramente internas que vendió González. La España democrática, en realidad, nunca ha tenido una política exterior estratégica: ha dependido siempre de las necesidades de la política interna. Por eso es el tal Albares ministro.

Quienes defendíamos el NO en el referéndum basábamos nuestros discursos en un argumento explícito y otro latente. Probablemente, con seguridad, teníamos razón en ambos.

El argumento explícito era que la OTAN era parte del pasado, de la moribunda política de bloques. La parte más relevante del movimiento, quizá con la excepción del pacifismo más radical no poco importante en la época, sugeríamos que una estrategia de defensa debería basarse en un ejército o modelo de seguridad europeo.

El argumento latente tampoco era despreciable: no se percibía en España un conflicto militar a corto y medio plazo, una amenaza. Por lo tanto, podríamos ser defendidos por los demás, poniendo en las fronteras lo que entonces teníamos (mili obligatoria): los españoles siempre hemos tenido tendencia a ser gorrones europeos.

Otro contexto que ayudó a Felipe González es que se presentó como una contrapartida a la entrada en la Unión Europea, de la que vendrían (y vinieron) notables recursos, y era mayoritario deseo. Pero ésa es otra historia.

Lo que pasó después era lo que se podía esperar: una vez que ocurrió lo que debía ocurrir (caída del muro y derrumbe estrepitoso del bloque del este), la OTAN dejó de ser el paraguas de seguridad de occidente para ser gendarme universal, sin contrapesos en materia de seguridad, a medida que el chalaneo acababa con la ONU. Cosa que aprovechó a todas las estrategias norteamericanas que se desarrollaron después del “fin de la historia”.

Por cierto, los que piensen en estrategias electorales con este asunto tienen a mano una panoplia de resultados que analizar. Meses después del referéndum (junio) se celebraron elecciones: se fundó IU (hace 40 años, también), se obtuvieron 7 diputados (3 más de los que tenía el PCE). En 1993, tras la primera Guerra del Golfo, elecciones generales. IU, Julio Anguita en su mejor momento: solo gana un escaño adicional. En 2004, elecciones tras el acuerdo de las Azores: IU se queda en cinco diputados (notable influencia del “pásalo”, todo hay que decirlo). Lecciones: en el asunto de la guerra, el PSOE roba votos a su izquierda. Nota para estrategas.

En fin, no es la primera vez que lo digo aquí: fue el PSOE quién nos metió en la OTAN, a destiempo, y ahora nos quiere sacar, también, a destiempo.

El mundo vive un momento geoestratégico que nos obliga a prescindir de Trump, Putin y Xi ping y eso obliga a seguridad europea (guste o no guste es cosa de lo de París ayer). España podría jugar un papel en ese contexto, pero ha decidido optar por la ruptura de los vínculos actuales sin cooperar en una alternativa.

Si he entendido bien a la ministra de la cosa energética, si tenemos un apagón o hay problemas en Ormuz, sacaremos petróleo de las reservas y compraremos energía nuclear a Francia. Si he entendido bien a Robles, nunca lo consigo del todo, somos europeos, pero si se bloquea el estrecho de Ormuz, los franceses, que tienen un portaviones nuclear muy chulo, nos sacarán del apuro. O sea, vuelta a gorronear.

Dice Sánchez que es cosa de valores europeos. Los valores europeos han sido y son la equidad social, la economía abierta, la profundización en la integración y una transición ecológica compatible con todo ello.

Doña Úrsula von der Leyen defiende una política alemana, es cierto, pero las tres cosas que viene diciendo desde el año pasado son: estamos en guerra; el mundo del paraguas americano no existe y estamos amenazados y necesitamos un nuevo orden. El que la señora se lie o nos venga bien decir que se lía es otra cosa. El resto de los europeos no creen que seamos el faro del mundo libre ni la cosa de los lados y la historia.

Cuando miren a Ormuz verán a los franceses, verán a los alemanes vigilando a Putin y a España haciendo discursos sobre el odio. Se preguntarán qué ponen, en realidad, los españoles. Ya les adelanté que estamos a punto de pedir pasta para financiar la reducción de precios de la energía y gasto social, bonos a “tutiplén”, los impuestos de rentas bajas y clases medias no se tocan (una deflactación de la imposición sobre la renta, tampoco).

El cambio de paradigma en materia de seguridad es algo que nos concierne y que no podemos ignorar, cuarenta años después, el mundo ha vuelto donde solía y de lo que los españoles lo ignoramos todo; bastante teníamos con lo nuestro (que, por cierto, se pareció durante muchos años a lo de los iranies). Ya no estamos en un balneario posmoderno. Los valores de hoy, me perdonarán, incluyen que me preocupe por el porvenir económico de mis nietos. Tampoco podemos ignorar nuestra debilidad energética o digital. Eso cuesta dinero y, sobre todo, invoca a una necesidad: revisar el modelo de crecimiento y el de bienestar.

Vale, OTAN no, pero ya puestos, podemos esperar a que haya algo que no sea la dependencia trumpista. Es lo que se demanda a Europa. España no es una potencia intermedia: somos parte de un club y nos estamos yendo de tapadillo. Si la situación geoestratégica de hoy hubiera sido la del 86, González nos habría dejado donde estábamos, para qué engañarse.

 

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