Las elites de la izquierda caviar han movido el banquillo, sus renovados portavoces han subarrendado las manifestaciones a grupos organizados, profesionales del caos urbano y han tomado las tribunas. ¿Son de izquierdas? Gran pregunta. Ha llegado un momento en que a la izquierda no hay quien la identifique. Ha cambiado la pasión por cultura por el amor guerrero y el trabajo por el trapicheo. Es doloroso, pero hoy debo hablarles sobre quienes son los profetas de este cambio.
Antes era fácil identificar a los que nos sentíamos de izquierda. El macuto, la barba, la cazadora para los obreros, las gafas de pasta para los intelectuales, los que nos dedicábamos a la comunicación y la escritura, a veces, nos poníamos corbata o foulard, o algún punto bohemio rompedor. Aún recuerdo la cara de pavor de Gerardo Iglesias aquella mañana en que presenté una rueda de prensa luciendo una pajarita. Un buen tipo, Gerardo. Las chicas eran monas, modernas, marcaban estilo. Ahora ya no hay manera. Llevado por el espíritu de servicio público de la radio en el que siempre insiste Don Juan Ignacio, el director de esta Clicktertulia, me propongo facilitarles rasgos que permitan identificar a aquellos de la izquierda que, naturalmente, no son de la fachosfera.
El primer lugar de la clasificación debe ocuparlo la chica burguesa de Instagram y portavoz de las ruedas de prensa, cuyas expectativas siempre están por encima de sus posibilidades, que siempre dice nosotras para referirse a quienes ha decidido representar. Decisión que se ha tomado en un comité secreto, por el que paga la cosa o, simplemente, porque la asociación en realidad es una empresa, superando la vieja política de las elecciones internas y zarandajas de ésas.
La muchacha vive en un chalé o piso clásico modernista, pagado por papá y habla de la lucha de clases, tras pasar unos días en Mykonos o Ibiza. Da lecciones de moral en carruseles de diez diapositivas con fondos de colores pastel. Vota a la extrema izquierda y jamás ha visto a un obrero fuera de los documentales de la 2.
Tenemos al pijiprogre. El progre que va en patinete, vive en el centro y odia los coches, salvo el SUV de sus suegros para ir al País Vasco a hacer esas cosas que en el norte hacen los antifascistas. El martes organiza talleres sobre el clima y el jueves vuela a alguna isla donde teletrabaja. Su forma de compensar la huella de carbono es usar una bolsa de tela en lugar de un macuto.
El estudiante revolucionario quiere abolir el capitalismo antes de sus exámenes finales; de hecho, pretende retrasarlos hilando huelgas emancipatorias semanales. Su padre es notario y su madre, directora de recursos humanos en una empresa del Ibex, ha planificado que dentro de cinco años será consultor en una de las Big Four y votará al centro-izquierda, alegando que ha “madurado”.
No olviden al sociólogo, educador social o al master en liderazgo o género. Este espécimen nunca ha generado empleo ni ha gestionado una nómina o escrito un documento de consultoría, pero sabe explicar exactamente por qué su empresa es una estructura de dominación (según un estudio financiado al 100 % con dinero público, por cierto).
Tenemos al emprendedor o emprendedora de impacto, el “influencer” que ha recaudado, mediante “crowdfunding”, pagado por inocentes camaradas o por alguna universidad venal, fondos para una aplicación que hace lo mismo que otra, pero añadiéndole la palabra “solidaria”, ha recibido ingresos por estudios sobre vivienda que no se realizan o para “evaluar el cumplimiento de objetivos de desarrollo sostenible”, por un poner, cosa al parecer que se financia en una universidad madrileña y se cobra en Moncloa. Desprecia el beneficio en sus publicaciones de LinkedIn, pero lo maximiza registrando patentes.
No puede faltar el heredero: tres residencias y ni un solo día de trabajo. Un circuito por prestigiosas universidades financiado por Soros, en materias como educación social o metodologías de liderazgo en el continente africano. Aboga por gravar la riqueza, excepto la suya, que es “patrimonial”, así que, claro, no es lo mismo que un malvado rentista.
Añadamos que existen el hombre “deconstruido”. Empieza cada frase con “como hombre blanco cis, tengo el deber de…” y termina siempre hablando de sí mismo durante veinte minutos. El artista subvencionado que vive de contratos intermitentes. Su obra sobre la precariedad está financiada por tres Comunidades Autónomas. No podemos olvidar, sin duda, al periodista “neutral”. Él no hace política, hace “información”. Curiosamente, la información siempre se inclina hacia el mismo lado, el Gobierno o quien paga, y quienes lo señalan son tachados de conspiranoicos. Tampoco, al concejal municipal que odia los vehículos, ha convertido vuestra calle en un carril bici, he eliminado vuestras plazas de aparcamiento y ha abierto el puente que necesitáis… para que pasen los jefes. Él, por su parte, va en su coche oficial con chófer o helicóptero.
Todos tienen una cosa en común: son blancos, desconocen el trabajo y la pobreza y los sacrificios. Acumulan subvenciones convencidos de estar en el lado correcto de la historia, cuando en realidad siempre han estado, sobre todo, en el lado correcto de la cuenta bancaria. Ellos han lanzado a jóvenes radicalizados a los combates antifascistas. Animan a sus mesnadas a asaltar la ciudadela, sean cuales sean los daños colaterales, mientras ellos tratan de buscarse el hueco que merecen entre las élites de la izquierda caviar, hoy un tanto desasosegadas.
A la verdadera sociedad que madruga, en cuyo nombre hablan, solo la conocen a través de las encuestas. No habrán visto entre los guerreros antifascistas o los activistas movilizados a trabajadores que no sean funcionarios o no vivan en la puerta de la manifestación; no habrán visto a personas vulnerables ni a trabajadores de las periferias. Estos no tienen tiempo para la ira. Están enfadados, pero piensan en otros cambios culturales, me sospecho. Sí han visto a los que han ocupado la gestión de las manifestaciones en nombre de las élites y que dominan el cotarro. Las causas justas han sido sustituidas por okupas del espacio urbano.



