Ahora, el turismo de la devastación: lo que Canarias desea, faltaría más

De los mismos productores que afirmaron que el turismo no produce valor, llega, ahora, “el turismo de la devastación”. Es lo que Canarias desea, faltaría más, que la quemen. Si Fraga se bañó en Palomares, cómo Maroto no va a escalar Cumbre Vieja. Así seremos todos y todas felices.

Sostiene la ministra del ramo turístico que el “espectáculo maravilloso” de la erupción del volcán en la isla de La Palma será un notable “reclamo turístico”. Es el nivel, señoras y señores; es el nivel.

Es evidente que ministros y ministras deben decir las oportunas sandeces para salir en sus pantallas. La ministra del ramo turístico, señora Maroto, ya mostró su capacidad de decir “tontadicas” siendo candidata y diputada en la Comunidad de Madrid.

Si ustedes no entienden por qué la izquierda no gana en Madrid desde la prehistoria, más o menos, relean sus declaraciones. Reyes, estimada compañera de la izquierda: ¿Por qué no ensayas el silencio?

Ustedes no entienden lo que de verdad importa. O sea, son unos paletos y paletas: no han viajado a Chernóbil ni a Fukushima. No han ido a ver qué han dejado los tsunamis que hemos vivido en la última década. Tampoco han ido a Haiti a ver el resultado de los distintos desastres y así, sucesivamente.

Sostiene Maroto que el “espectáculo maravilloso” de la erupción en la isla de La Palma será un “reclamo turístico”. Probablemente, hay quien esté de acuerdo en que entre el “turismo de ingleses” y el “turismo de la devastación” no hay diferencia. Pero, así entre ustedes y yo, me da que la ministra se ha pasado.

Hay en cualquier responsabilidad pública una obligación: la cosa de la empatía. La lengua de lava de Cumbre Vieja ha dejado cerca de seis mil evacuados y evacuadas a estas horas, no menos de tres centenares de casas han desaparecido y la economía agraria de la zona ha volado.

Pero qué es esto para una ministra de Turismo: lo que importa es que vengan a hacer fotos, como ocurre en Islandia, miles, qué diré, millones de turistas, que no cabrán en la “isla bonita”, por cierto.

También animará mucho la reflexión de la ministra a los soldados, hombres y mujeres, (es que soldada es otra cosa), a guardias civiles, ellos y ellas, y demás cuerpos de ayuda que andan salvando personas y hasta cabras y animales que suben en vehículos de emergencia, conscientes del valor para el territorio de la presencia animal.

Por qué se preocupa usted de que la lava llegue al mar, tonterías de vulcanólogos y servicios de seguridad. Por qué se preocupa usted de la colada de lava que destruye casas. No pasa nada. Donde haya clorhídrico, tsunamis o cosas de ésas la ministra pondrá puntos de amarre a miles de turistas.

El “espectáculo maravilloso” quita importancia a las casas perdidas. A todos y todas les daremos una solución habitacional con ingreso mínimo vital incluido. Qué nos importa la platanera perdida, unas cuatrocientas fincas, allí pondremos energía verde que cobrará alguna empresa poderosa de esas que cobran el kilovatio a precio de langosta.

No es un problema que, mientras haya cenizas, ni vuelos ni barcos funcionen nadie sabe cuánto. Porque la ministra llevará al turisteo en brazos, si falta hiciere. Qué son casi seis mil personas desalojadas, a esta hora, si traeremos a miles de ingleses a subir al volcán y a sus coladas de lava.

Sánchez ha sido el primer turista, al parecer el hombre estaba más preocupado que la ministra. Pero, así, entre nosotros y nosotras, cómo no convertir una imagen bella en una operación turística. Se lo he dicho ya: si Fraga se bañó en Palomares, cómo Maroto no va a escalar Cumbre Vieja.

Fíjense ustedes que la tal Von der Leyen ya ha ofrecido ayuda a la gente y se ha olvidado de convocar un tour turístico europeo. Es que cómo son los conservadores, que no ven el futuro, no lo ven.

Qué afortunados somos con Reyes Maroto, ella sí que conoce el futuro.

 

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