Bombardear Argel no es buena idea

Considerarán ustedes que el titular es pura ironía, no les faltará razón. Pero, si creen que es absurdo es que no han estado prestando atención a los potenciales efectos de la militarización europea en curso.

Dice el diario El Mundo, que aún no ha sido desmentido ni matizado, que: “España pide a la OTAN que actúe ante chantajes con la inmigración y la energía en el flanco sur”. Sostiene este cronista, ante potenciales “spin doctor” de La Moncloa que no: bombardear Argel (o pateras) no es una buena idea.

Veamos el asunto desde varias perspectivas. He entendido que lo de España, últimamente, es de hacer políticas vicarias: pedimos excepciones energéticas, que nos financien la prima de riesgo, alquilamos la diplomacia con Argelia a la Unión Europea y, ahora, queremos que la OTAN se encargue de la inmigración o del asunto energético argelino. Perfecto.

La OTAN es, señores y señoras, una alianza militar. He escrito militar. A ver si me entienden: Marlaska ha decidido dimitir de su responsabilidad y pasársela a Robles (mientras dure como ministra).

La inmigración era cosa de guardias civiles, policía o cosas así. Ahora queremos delegársela a militares, españoles, porque son de la OTAN, o de otros países si nos faltan recursos. Así, entre ustedes y yo: esto suena a que el gran gobierno que nos dirige pretende recuperar el gasto militar en aumento, atribuyendo la vigilancia de las fronteras ante la inmigración a la soldadesca que, entre usted y yo, están para otras cosas.

Todo esto se propone mientras el ministro de las pensiones, que no sabe cómo sostenerlas, está proponiendo una reforma de la inmigración para que los listos y guapos puedan tener fácil acceso. (O sea, lo mismo que Johnson en el Brexit, qué malvados son los conservadores).

Más aún, resulta que lo que es el mercado y el derecho de cada país a sus materias primas es también cosa militar, según se propone. Si Argelia no quiere dar gas o un emirato no le quiere vender petróleo, hay que intervenir militarmente. En Cuba o Venezuela deben estar carcajeándose un ratillo con la cosa esta del bloqueo militar de la OTAN a quien moleste al “flanco sur”.

Sí; los del “flanco sur” nos hemos convertido en un problema político y económico. Demandamos, sin parar, recursos de toda naturaleza, mientras nuestro patio es un absoluto carajal.

Ha bastado que el BCE anunciara el final de la barra libre para el endeudamiento para que los tipos de interés que pagamos españoles y españolas se dispare. La prima que no es de la familia ha vuelto.

Pero no pasa nada. Europa necesita unidad y no tolerará otra situación a la griega. Así que los bonos españoles que venzan serán recomprados y buscarán una fórmula legal, en un tiempo, para que no haya gran disparidad entre países. O sea, mientras aguanten, los del norte nos pagan la fiesta.

Los países miembros, mientras compran gas argelino, más barato que España, gran gestión, qué gran gestión, se ocupan de que Argelia no arruine a los vendedores de sartenes, esmaltes, pinturas o vacas españoles.

Queremos que las normas reguladoras de los mercados no se apliquen en España, pero, eso sí, que no nos toquen los oligopolios. Queremos que miren al techo, mientras pagan la insostenible deuda y la crisis de la Seguridad Social.

Queremos que la OTAN se ocupe de la inmigración y de los “chantajes” energéticos en “el flanco sur”.

A mí, que quieren que les diga, esto me suena, cada vez más, a país intervenido. O, peor aún, a país que ha dejado de hacer otra política que pedir subsidiación y repartir pobreza.

Sin Unión Europea, sin Unión Monetaria, por aquello de recordárselo a los populismos de todo tipo, España ya habría devaluado su moneda y entrado en bono basura. Y la crisis de precios de hoy les parecería un paraíso.

Europa se ha empobrecido. La pérdida del valor del euro, a causa de la energía, desde que empezó la guerra, ha sido de un 7%, y va subiendo (los combustibles se pagan en dólares). Sumen impuestos y encontrarán una de las razones por las que da igual lo que el gobierno subvencione.

Nos pedirán al año que viene, y al otro, que reduzcamos 7.500 millones anuales de gasto público. Pero da igual: siempre encontraremos quien pague, porque el mundo no puede permitirse problemas en “el flanco sur”. O, igual, en lugar de bombardear Argel, un día sí pasan de nosotros

Y entonces los de izquierda nos preguntaremos: qué hicimos, además de “el canelo”.

 

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