Camaradas: no era Macarena, era la izquierda

Hace exactamente cuatro años señalé que, mientras buscábamos fascistas y ensayábamos el “no pasarán”, quizá conviniera reconstruir, en primer lugar, las bases de izquierda que hicieron posible el estado del bienestar, incluyendo pactos sociales y de clase bastante notables.

Quizá conviniera reestudiar la necesidad de reglas convenidas y consensuadas y ofrecer estabilidad. Quizá conviniera levantar la voz cada vez que alguien anima el conflicto en lugar de la negociación.

No era la amenaza de Macarena Olona lo que privaba de votos a la izquierda ni lo que movilizaba al electorado más progresista. Con unos pocos votos más de participación que en las elecciones anteriores la izquierda ha perdido votos a miles. Apenas se ha conservado algún pueblo. La izquierda se ha quedado en casa.

La victoria del PP, descomunal en Andalucía, que ha sido centrado por todos, ha mostrado, como se dijo aquí, que el cambio cultural en los grandes centros urbanos y en el electorado más joven parecía abandonar la política de la ira y el conflicto.

Los socialistas parecen atrapados en un electorado envejecido y rural, perdiendo enclaves con Sevilla y Jaén, lo que supone un abandono cultural sin precedentes. Si la reflexión que hacen los socialistas es el enloquecido discurso de la señora Lastra, tan defensivo como atrapado en el contenido de la primitiva política de la ira, entonces sí: los resultados de Andalucía serán extrapolables.

En un escenario de crecimiento del PP, de estancamiento, pero presencia de VOX, las fracciones a la izquierda del PSOE están condenas al espacio de la vieja Izquierda Unida.

Si el PSOE lo hace mal sacarán de un 10 a un 15 por ciento; si lo hace bien, un diez por ciento. Pero siendo cuarta fuerza, en circunscripciones provinciales pequeñas y despobladas, no superarán la veintena de diputados y diputadas, lo que no solo les hace no sumar en una coalición, sino que es una llamada al voto útil progresista, ahondando en el refuerzo del bipartidismo.

El voto que la división les ha quitado tiene que ver con voto que se ha abstenido o se ha ido al PSOE, lo que nos alerta sobre un relevante trasvase de votos al PP desde los progresistas. Diez diputados y diputadas del PP no vienen de la captura del espacio de Ciudadanos: proceden del retorno de votantes de VOX a políticas de centro y de votantes socialistas.

Camaradas, no era Macarena, era la izquierda.

Las expectativas negativas de futuro que la ciudadanía ya está descontando, la crisis de precios, la imposibilidad de extender la cadena de protección de la que tanto se ha presumido, las inexplicadas y, a veces, prepotentes decisiones, los conflictos de gobierno que se repiten, día a día, llevan al personal a demandar seguridad, estabilidad y frenazo a las políticas de conflicto.

Hay una parte de economía en la decepción con la izquierda. Cuando las crisis son de inflación, de precios y escasez, dañan también los patrimonios. Son más crisis financieras que económicas, porque deterioran los activos de las clases medias e impiden el progreso de sus vástagos por una generación.

La historia muestra que la extrema derecha siempre aparece, aunque se debilita progresivamente, y lo hace en mayor medida que la extrema izquierda. Aunque el populismo de ambos contamina la escena política por tiempo.

Pero no es solo economía, por mucho que Sánchez hubiera fiado todo a un futuro económico que no parece muy prometedor y a esperar una persistente ayuda europea que se percibe con notables condiciones.

También se han producido cansancios sociales y cambios sobre las políticas teñidas de conflicto, de ausencia de diálogos, y radicalidades crecientes.

Lo de Andalucía no es una encuesta. Es un ensayo social en la región más poblada de España.

Haría más el centro derecha en creer que ha ganado ya todo. Pero el PSOE haría mal en creer que el verano de alegrías que la ciudadanía parece tomarse antes del apocalipsis, si es que el miedo no se apodera del personal antes, supondrá un cambio.

Las actitudes sociopolíticas de los más jóvenes son una amenaza para la socialdemocracia y la izquierda de siempre. Sin margen fiscal para estados de bienestar, sin políticas de consenso, en escenarios de ruido y furia, el problema lo tiene la izquierda.

 

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