La barbacoa antes del apocalipsis

Entiendan, estimados y estimadas oyentes, que la primera metáfora del cronista queda dicha con todo respeto: quizá el momento más espiritual y mágico de la cultura occidental es ese en el que una oración convierte una oblea y un mal vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

Quizá haya otro momento que puede competir con tal evento, ese en que la madera se convierte en leña. Ustedes hablan de maderas del Líbano, de certificadas y ecológicas maderas amazónicas, de la madera del castaño, del noble olivo, de la vid… pero hay un momento mágico en que esas glamurosas maderas se convierten en leña.

Sí; lo han adivinado: la barbacoa. La barbacoa es magia, reunión de amistades inquebrantables, reunión de expertos en fuego. Palabras dichas alrededor de un buen vino.

Bien, es cierto, todos hemos cometido pecados con el fuego y los dioses gastronómicos siempre nos castigan con un vegano o con alguien que cree oportuno predicar sobre las macrogranjas, tipo dos izquierdas andaluzas de verdad verdadera dándole la vara a la vicepresidenta del gobierno.

Tiene solución: vaya a Mercadona y almacene en su despensa dos o tres de esas morcillas veganas que saben a… ni idea. Al predicador de las macrogranjas, póngale un chuletón asturiano, al decir de Sánchez, es imbatible.

La primera vez que el cronista pidió una receta fue para unas chuletillas en brasas de sarmiento. Hubo un tiempo, que nadie recordara, en que todos y todas jóvenes volvíamos para agosto, el día de la Virgen, cada una con un nombre distinto, por cierto, y sorprendentemente, debido a ciertas previsiones familiares y un mercado asequible, acabábamos a la madrugada con unas chuletas a la brasa como método antirresaca.

Pues bien; le pregunté a mi abuela cuánto tiempo debía asar mis chuletillas y me contestó: dos credos por un lado, uno por otro. Y fuese, dejando un misterioso libro negro en la mesa.

Mi abuela era grande y generosa, pero algo malvada, obligar a un joven comunista de la época a cronometrar un credo (creo en Dios padre…) tiene su cosa. Mi única venganza fue cronometrarlo con un reloj japonés Casio de primera generación. Los japoneses son sintoístas y en lugar de un dios tienen miles, ya saben. Quien quiera asar unas chuletitas en brasa de sarmiento, que lo sepa: tres minutos por un lado, uno y medio por otro.

La barbacoa, créanme, es una venganza contra los tiempos que corren, pero también un ensayo. Venganza porque, si el verano se adelanta, las Comunidades Autónomas, en comandita que ahora llaman cogobernanza, adelantaran la prohibición de hacer fuego.

Un ensayo, porque dada la política energética en curso, acabaremos cocinando con los muebles de nuestra vivienda, que me lo veo venir.

Como ustedes saben, si eran de quienes iban a clase, la tasa de interés es inversa al tiempo, o sea que como el futuro se oscurece, a golpe de intereses y precios, el personal andamos dispuestos a que no llegue el futuro. Y si no me creen le preguntan a Espadas.

O sea, que les sugiero una barbacoa antes del apocalipsis, que es más o menos, lo que las encuestas le dicen a Olona, que haga arder todo, a ver si hay suerte.

La barbacoa es muy agradecida, todo alimento puede ser abrasado. Mariscos, pescados, chuletones de Ávila o proletarias alitas de pollo. Y, por supuesto, los cortes argentinos, que usted no conoce y los argentinos…, tampoco. Necesitará, eso sí, en el último caso un chimichurri: una salsita con ají, o sea un poco de pimiento picante, sobre aceite y hierbas.

Ya les he citado aquí al enorme poeta que fue Georgie Dann que dejó escrito: “Y nos reunimos con un montón de gente, hacemos nuestro ambiente y una linda barbacoa”. Dicen que Moreno se hará una este fin de semana y no sabe si invitará a Marín para agradecerle la tarea.

Estimados y estimadas: antes de que les prohíban el fuego, antes de que desaparezca la carne, antes que todo sea imposible, en el campo o en su piso, en glamurosos espacios o en la terraza de su balcón, rebélese ante los malvados gobiernos: la barbacoa nos salvará el verano y nos dejará alimentados antes de que llegue el otoño caliente. Tengan una buena barbacoa.

 

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