Cuando solo quedan polvorones de limón, empieza lo duro

Retorna la rutina. Esto es, vuelve la vida que no es otra cosa que lo que ocurre cuando no estamos de fiesta. La vida tiene sus momentos donde llegan alegrías o penas (recuerdo, ahora, a Javier Castro, amigo y contertulio que “se nos ha muerto como el rayo…, compañero del alma, compañero”).

Justo cuando pienso en ello, un experto sale en la tele. No llega a los treinta, probablemente acaba de terminar la carrera y el muchacho ya es experto. Cosas de la tele. Sostiene, desde su larga experiencia, juas, que para volver a la rutina hay que darse momentitos de alegría.

Me lanzo, haciendo caso a tanta sabiduría, a la bandeja de polvorones, estratégicamente colocada en el salón, con sus turrones y garrapiñadas, el día de la lotería. Pero ya solo quedan polvorones de limón, malvado invento cuya distribución debiera estar castigada en el código penal, sustituyendo a la sedición, por un poner.

Entonces accedo a la verdad: cuando solo quedan polvorones de limón, empieza lo duro.

Enero siempre fue una cuesta, pero este año se ciernen adicionales sospechas sobre este retorno a la rutina. Naturalmente, si hacemos caso al gobierno, nada de eso ocurrirá y ríos de leche y miel nos inundarán, desde la Moncloa a nuestros hogares, hasta que llegue electoral momento, cuando ustedes tendrán la palabra.

Aquí no se ejerce la profecía y, como ocurrió con el empleo el mes pasado, habrá que esperar un trimestre para observar cómo van las cosas. Hay, sin embargo, certidumbre sobre las más relevantes amenazas.

Lo que pase de aquí en adelante depende, sobre todo, de tres cosas. Primero de la medida en que tanto el shock petrolífero como los efectos de la invasión de Ucrania se desplacen sobre la economía. Parece que los precios del petróleo y gas mejoran y que la gente está ahorrando energía y los depósitos y almacenes están llenos de gas y combustibles, no habrá cortes y, aunque son mercados volátiles, empezamos con cierta esperanza de mantenimiento de precios. Prudencia positiva.

En segundo lugar, sí, estamos sufriendo lo que se llaman efectos de segunda ronda. Es decir, el efecto de los precios importados sobre los precios de producción: la malvada inflación subyacente. El contagio, como era previsible, se ha producido y su recuperación también irá con retraso. Tardó tres meses en alcanzar al IPC y tardará, por lo menos, lo mismo en retroceder.

Hay una parte muy elevada de componentes del IPC que se encarecen a un ritmo superior al 6%. Como ha dicho el BCE, en sus últimas previsiones, la supresión de algunas de las medidas adoptadas por los gobiernos, como la subvención generalizada de los hidrocarburos, tendrá mecánicamente un efecto al alza sobre la inflación.

Otro efecto de segunda ronda que será determinante es el comportamiento del mercado de trabajo.

Sorprendentemente, todas las economías, no solo la española, han aguantado bien su empleo, a pesar de la inflación y los tipos de interés, cosa que revela, como aquí se ha dicho, los efectos sobre la economía convencional del capitalismo del algoritmo, la demografía y la pandemia, junto al efecto de la subsidiación son evidentes. Las reglas económicas pueden estar cambiando.

No hará falta recordar que España es el país de la eurozona con mayor tasa de paro, hasta Grecia nos ha adelantado. El mes de diciembre aflojó la creación de empleo, en enero siempre empeora el mercado de trabajo y, lo que parece más importante, los niveles de consumo de la ciudadanía, que han sostenido el PIB, parecen agotarse.

Con todo, lo más importante será el papel de la política monetaria, y de la fiscal. Los Bancos Centrales no van a dejar de martillear la economía con tipos de interés para limitar la inflación que preocupa notablemente a las economías más potentes, cosa que perjudica, especialmente, a España y Francia.

Esto es un castigo no solo a los márgenes empresariales, sino al endeudamiento de todo el mundo. Nos encontramos en una situación en que el Euribor (por encima del 3%) puede penalizar a las economías domésticas más que la crisis de precios.

Sumar crisis de precios, crisis hipotecaria y pérdida de empleos definiría un mes duro, quizá un largo trimestre. Vuelve la rutina, empieza lo duro.

 

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