El dilema de Pablo Casado

La exigua victoria del PP en las elecciones de Castilla y León pone a su líder nacional, Pablo Casado, en un brete. Y directamente a él y no a Fernández Mañueco porque estas elecciones eran un plebiscito sobre el liderazgo de Casado, implicado hasta las cachas en la campaña para demostrar la solidez de las siglas y que victorias como la de Isabel Díaz Ayuso se debían más al tirón del partido que al nombre de la candidata.

Los resultados del domingo ponen a la dirección de Génova ante el dilema de qué hacer ahora, descartada la repetición de elecciones que, aun siendo posibles de no obtener mayoría parlamentaria, no le serían perdonadas por los electores.

Así que ante el deseo y la necesidad de formar Gobierno, el PP se decantaría por hacerlo en coalición con el mayor número posible de partidos provinciales, tarea probablemente insuficiente, u obtener el apoyo parlamentario exterior de Vox, como sucede en la Comunidad de Madrid, donde la holgada mayoría de Díaz Ayuso y su talante personal le dan una capacidad de maniobra imposible en otros lares. Es decir, que para el Partido Popular de Casado, cualquier cosa menos una coalición de gobierno con Vox, hacia quien practica el cordón sanitario que impuso la izquierda.

Todo depende, en estas circunstancias, de lo que haga el partido de Abascal, a quien Casado puso como chupa de dómine cuando la pasada moción de censura, y que ya tiene ganas de involucrarse directamente en la gestión política, porque no puede pasar todo el rato haciendo de espectador exterior de la gestión de los demás.

O sea, que quiéralo o no Casado, Vox tiene la sartén por el mango, aunque para los planes del líder del PP de llegar a La Moncloa sólo puede hacerlo sin coparticipar con los de Abascal en ningún Gobierno.

Así están las cosas y ése es el dilema de un Parido Popular que necesita a Vox, pero no lo quiere por sus connotaciones de radicalismo y por el carácter infamante que le atribuyen los demás partidos. En estas circunstancias, ¿qué hará Casado? Lo más probable es que a día de hoy ni él mismo lo sepa.

 

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