En los pasillos de la Moncloa, el aire se respira enrarecido. Pedro Sánchez ha rescatado el “No a la guerra” que marcó una generación, pero esta vez el escenario no es Irak, sino un Irán envuelto en llamas. La negativa a que los aviones de las bases de Rota y Morón sirvan de repostaje para los cazas norteamericanos ha sido recibida en Washington no como un gesto de soberanía, sino como un desplante de un aliado “poco fiable”.
La respuesta de la administración estadounidense no va a llegar con estruendo de cañones, de momento, sino con el silencio administrativo de los formularios y la frialdad de los aranceles, con un embargo a la cubana que no presagia nada bueno para el pueblo español.
La primera señal del deshielo invertido parece que será la burocrática. Es probable que funcionarios de alto rango, incluidos asesores de ministerios clave, se encuentren con la denegación sistemática de visados para viajar a Washington. No habrá explicaciones oficiales, solo el recordatorio implícito de que la hospitalidad estadounidense es un grifo que se cierra cuando los intereses de seguridad nacional entran en conflicto.
Pero más allá de lo burocrático, la loca y solitaria escapada populista-bolivariana de Pedro Sánchez provocará una indeseada represalia comercial en la que la aceituna de mesa será la menor de las víctimas. Lo que comenzó como una ‘disputa técnica’ parece que se va a convertir en un embargo de facto encubierto bajo una montaña de tasas. Y así será, pese a lo que señala tan optimistamente ese ser tan insustancial que dirige el Ministerio de Asuntos Exteriores español, un tal que dice apellidarse Albares.
En agricultura, nuestro sector primario va a pagar seriamente la factura del pacifismo populista del sanchismo. El aceite de oliva embotellado se enfrenta a aranceles que rozan el 20%, amenazando con expulsar a España del mercado estadounidense en favor de competidores como Túnez o Italia. En segundo lugar, la dieta mediterránea aparece como un objetivo claro para la venganza nada sutil del psicópata de la Casa Blanca, Donald Trump: vinos, quesos y productos cárnicos (el jamón serrano a la cabeza) pueden pasar a la “lista negra” de productos con recargos punitivos.
En todo caso, parece evidente que el pulso entre psicópatas (Sánchez contra Trump) forzará que la relación comercial entre España y Estados Unidos entre en una fase de “hibernación forzosa”. Las cifras de 2025 ya mostraban grietas, pero los datos del primer trimestre de 2026 son, cuanto menos, inquietantes.
| Concepto (Datos 2025/2026) | Cifras Aproximadas | Tendencia |
| Exportaciones Españolas | 16.716 M€ (2025) | ↓ -15% (Proyectado 2026) |
| Importaciones desde EE. UU. | 30.174 M€ (2025) | ↑ +10% (Dependencia energética) |
| Déficit Comercial | 13.458 M€ | Creciendo |
El drama español parece que no va a ser solo vender menos, sino comprar más caro. Mientras las exportaciones de maquinaria y alimentación caen, España sigue dependiendo del gas natural licuado (GNL) estadounidense para mantener sus luces encendidas. Ésa, justamente, es la gracieta que nos hizo Sánchez cuando regaló el Sáhara a Marruecos, vendió tan traidoramente al pueblo saharaui y despreció tan negligentemente a Argelia, gran proveedor de gas natural a España a unos precios de amigo. Ahora, el “amigo americano” -Sánchez lo dijo entonces- nos cobra el gas a precio de mercado mientras bloquea nuestros barcos cargados de azulejos, por ejemplo.
Renovables y seguridad: el precio de la independencia populista
El sector de las energías renovables, joya de la corona de la industria española merced a Rodríguez Zapatero -de infausto recuerdo- y a su acólito Pedro, con fuerte presencia en suelo americano (Iberdrola, Acciona), ya ha empezado a notar “dificultades regulatorias” inesperadas en sus proyectos en EE. UU. Lo que antes eran alfombras rojas para la descarbonización, ahora son auditorías infinitas y retrasos en permisos federales.
Por otro lado, en términos de seguridad, el enfriamiento es total. La retirada de ciertos destacamentos en Rota y la disminución del intercambio de inteligencia antiterrorista pueden dejar a España en una posición vulnerable, dado que nuestro país ya está considerado en el marco de la OTAN como ‘socio no fiable’. La sensación en el Ministerio de Defensa es que nos han quitado el “paraguas” justo cuando empieza a llover en el Mediterráneo.
Sin embargo, olvidan en ese Ministerio que la infinita soberbia de Sánchez ha rechazado la inclusión de España en el paraguas que Francia dice que puede implantar a todos aquellos que lo deseen. Sánchez, irritado porque no le invitan a las reuniones de seguridad ni como convidado de piedra, ha respondido a Macron que nosotros no necesitamos sumarnos al plan nuclear de “disuasión avanzada” del franchute, que nos sobra y basta con nuestros tirachinas de fabricación propia.
El problema es que, más allá de las represalias de Trump, España se ha quedado aislada en el concierto internacional: Sánchez nos ha retrotraído cien años y nos ha colocado en el rincón más oscuro de la historia. El peor presidente del gobierno que ha habido en nuestro país desde Caín y Abel nos ha vuelto a meter en la España profunda, ese rincón de Puerto Hurraco del que nadie sale vivo.
Pero con un problema añadido: Ceuta, Melilla y Canarias. El moro se está frotando las manos. Ya no somos socios fiables de nadie merced al estalinismo, al separatismo, al golpismo, al filoterrorismo y al populismo de la coalición que sostiene la corrupción ético-moral del sanchismo, y eso pesa en la OTAN. A partir de ahora el problema es que no cuente para España el famoso Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, el pilar de defensa colectiva de la OTAN establecido en 1949: ése que dictamina que un ataque armado contra uno o más miembros en Europa o América del Norte será considerado un ataque contra todos, obligando a los aliados a auxiliar a la parte atacada.
El gobierno de Sánchez defiende con que responder a una ilegalidad -los crímenes del régimen de los ayatolás iraníes contra su propia población y contra otros- con otra -el ataque preventivo a Irán- no es el camino, pero en Washington parece que la única legalidad que cuenta es la del convenio de bases, ese que ahora se lee con lupa y poco afecto.
Sánchez ha optado por un perfil de “conciencia ética” -¿de verdad es ética?- que le otorga puntos en ciertos foros como Puebla y el aplauso de Hamás, Hizbulá y Teherán -lo cual empeora las cosas, lógicamente, con los republicanos en el Capitolio-. Mientras tanto, los agricultores andaluces y los ingenieros de renovables miran con escepticismo cómo la épica diplomática de un psicópata que no quiere perder el poder se va a traducir en pérdidas millonarias.
Producen estupor, sino hilaridad, los discursos de tantos líderes reducidos a comentaristas, que encuentran en el “respeto al derecho internacional” una fórmula prodigiosa para abdicar de sus responsabilidades. Claro que debemos defender el principio de un mundo regido por reglas, pero es ingenuo y absurdo invocarlo referido a un régimen que nunca ha dejado de violar ese mismo derecho internacional. El régimen teocrático iraní no solo asesina a sus propios ciudadanos que piden libertad, sino que promueve la desestabilización a gran escala.
La gran ironía es que, mientras España se niega a ser la pista de repostaje -aunque solo de garaje de los aviones de repostaje- de la guerra, se ha convertido en el campo de tiro de una guerra comercial que apenas está comenzando.



