Esa mujer sin importancia

Pablo Casado en una foto de archivo en la sede del PP. Foto: PP.

No es casualidad la mala imagen de los espías y quienes los alimentan. El primer espía, infiltrado del imperio del mal entre los humanos, según el libro más leído de la historia, fue la serpiente. Aquella espía desveló, de manera interesada, los secretos del imperio de Dios respecto al árbol de la ciencia a sus inquilinos, con las funestas consecuencias que todos conocemos: vivir con el sudor de nuestra frente.

Es por eso que, por mucha experiencia que uno tenga en espionaje y mucho poder orgánico, u obtienes la victoria o te conviertes en una serpiente. Y este es el gran error de “Teo”: creer que Ayuso era una mujer sin importancia, vulnerable a una operacioncita de Carromero, seguramente en compañía de otros.

“Una mujer sin importancia”, de creer a Sonia Purnell, es, para los amantes de las historias de espías, una mujer que trajo de cabeza a la Gestapo nazi durante todo su mandato.

En nuestro caso, da la impresión de que otra mujer sin importancia ha derrotado a la “Gestapillo” que Teodoro García Egea organizó en su “sala de guerra” particular.

A los que hemos visto con estupor todo lo que ocurrió, ocurre y sospechamos va a ocurrir, además de pensar en la serpiente y las varias gestapillo, lo que nos incomoda es que el espionaje infecta la sociedad en la que se opera, se nos presenta como una inmoralidad, surgida de una asquerosa confusión entes fines y medios.

Resulta tan extraordinario como incomprensible que un cargo político democrático se vea sometido a espionajes, cuyo fin último, obviamente, es el chantaje. No solo es intolerable sino que debilita a las y los votantes, cuyas convicciones se desvanecen, no solo en el partido del lío, sino en el conjunto democrático.

Cuando los conflictos de esta naturaleza, además, se prolongan se percibe con más claridad la capacidad contaminante del populismo. Cuando los partidos establecen la estructura de liderazgo populista, una relación directa entre líder y bases, estas reaccionan en relación con los líderes y no con la estructura del partido.

Militantes en las puertas de los partidos -antaño en el PSOE y ahora en el PP- gritando consignas, anima al populismo y destruye a los actores de la democracia. Luego, si eso, hablamos mal de Trump: lo que estamos viviendo es “trumpismo” puro, desde los dos lados de la barricada.

“La mujer sin importancia” ha respondido, si me permiten decirlo, con una estrategia bolchevique. Los bolcheviques basaban su forma de hacer política en tres elementos: el secretariado, la propaganda y las masas.

Si en lugar de secretariado, ponen Barones, en lugar de propaganda, medios de comunicación y en lugar de masas, la militancia, entenderán lo que ha pasado este fin de semana en Madrid.

La posición de los medios de Comunicación y los sondeos han puesto en modo pánico a los Barones que ya no encuentran barreras para defender a Casado. “Teo” se irá, pero ya ha dejado de ser el problema. Los espías han herido a un partido al que solo salvará una rápida solución política, dice el portavoz de los barones.

Salvo Ciudadanos y Podemos, que arreglo parecen tener poco, todo el mundo se queda con el jardín pepero: o sea, PSOE y Vox. No se crean que no pierde el centro derecha voto hacia los socialistas. Buena parte de la decepción sanchista que se fueron al centro casadista, Ayuso en Madrid, también, están en trance de regresar.

Entre tanto, la mujer sin importancia nos cita en la fiscalía para aclarar ese debate de si es legalidad o ejemplaridad lo que le ha salvado de la torpe operación de los espías. Algún coste tendrá que pagar, quizá olvidarse de los Congresos y sus aspiraciones a corto y pasar algún mal trago en forma de asedio familiar; en Madrid eso tiene, también, tradición.

La mujer sin importancia ha vencido a la chapuza política y ha movilizado a sus apoyos. La izquierda ha repetido las habituales operaciones que, por cierto, nunca le dieron resultado: papeles al fiscal y que trabajen en la fiscalía o algún periódico, que ellos y ellas papeles no tienen ninguno, si acaso algún guasap anónimo.

Llega el reclamo a la unidad. Cuando un partido convoca a la unidad quiere decir que está sumando y restando para ver qué márgenes de negociación existen. Todo indica que Casado, atrapado en la red de “Teo”, va justo de números y ha oído en su núcleo duro cosas que no quería oír.

Lo malo del asunto es que, en este caso, resistir no es vencer. Pensar en una semana de recomposición, antes de la Junta Directiva, parece muy optimista, como parece poco tiempo para que se deteriore rápidamente la posición de Ayuso. Desde luego, ni el PP ni la izquierda tienen datos para operar, parece, sobre el asunto. Así que salvo presiones de medios, habitualmente en el campo de la izquierda, parece que Casado no lo tiene fácil.

Vaya lío por creer que la presidenta de Madrid era esa mujer sin importancia.

 

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