La moción de Ramón, una historia extraña

Entre 1975 y 1976 Ramón Tamames tonteó con el premio Planeta. Un príncipe de la transición, referente mediático de la Junta Democrática, cuando ni siquiera había medios, brillante conferenciante, el mejor exponente de la izquierda caviar, llamado a gobernar, sale en la foto de la legalización del PCE, de pie tras Carrillo… un premio literario, paso previo a la Academia, parecía conveniente.

Así que escribió un libro “La historia de Elio (Una historia extraña)” que no ganó el Planeta y que casi nadie recuerda, excepto los que en aquella época (1975) subrayábamos, como libro de texto, su Estructura Económica de España, una década después de su primera edición, tratando de encontrar el suave marxismo que rezumaba el estructuralismo.

Cuando uno venía a Madrid, para cuestiones todavía inconfesables, y preguntaba por Ramón Tamames tenía la impresión de que todo el mundo respecto a él se sentía como el “pijoaparte” en las fiestas de Teresa (Marsé, J. Últimas tardes con Teresa).

Era esa sensación de sectarismo, basado en una falsa humildad, de quienes siempre sospechaban del conocimiento, con la misma fuerza con la que sus padres, la digna vieja clase obrera, se esforzaban en pagárselo. Hasta que sus vástagos llegaron a la calle de La Madera y urdieron el odio al régimen del 78 y la “izquierda jet” en notables fiestas de botellín y viejos cánticos que acabarían en botellones gubernativos.

Es la misma sensación que se percibe en algunos comentaristas de la moción de Ramón en algunos ámbitos. En tertulianos que lo mismo desprecian la edad que el conocimiento.

Eso sí, nadie era capaz de negar ni la capacidad, ni la brillantez intelectual, ni su capacidad para enervar a los comunistas del exterior, mientras seducía a los del interior.

La historia de Elio, el libro que uso como metáfora, era la de un gobernante marxista, brillante, capaz de resolver problemas. No hacía falta pasar quince páginas para saber que Ramón Tamames hablaba de sí mismo.

Elio, aquí viene lo relevante, desmonta una intentona golpista de la derecha extrema. No faltará quien recuerde una malvada entrevista de Carrillo en la que afirmaba que Tamames, sabiendo la obsesión de Carrillo por el ruido de sables, le había propuesto un gobierno presidido por un militar, de lo que Santiago dedujo que Ramón Tamames sabía algo del 23F.

Y aquí empieza lo raro de la moción de Ramón. Ya les he hablado aquí de Tamames, no repetiré mucho de lo dicho.

Puedo entender, decía, transiciones ideológicas. Total, si la mitad de los parisinos de la Sorbona del 68 acabaron en la derecha, por qué pedir cuentas a un antifranquista español.

Pero camarada Tamames, lo que no puede ser, no puede ser. La “reconciliación nacional” no era esto. No hay convergencia posible contra Sánchez o sus políticas con populismos extremos a los que importa poco la verdad y menos la democracia y sus valores (progresistas o liberales) a los que, debe reconocerse, siempre has representado.

Te has equivocado: hay razones sobradas para estar cabreado con Sánchez, yo lo estoy, pero no es el personaje, es la denostada política la que puede salvarnos. El personalismo sanchista y populista ha contaminado la política, los medios la han devaluado. Solo su recuperación nos permitirá salir de ésta, pero eso no requiere de discurso sin votos, sino de votos con discurso.

Probablemente, serás la víctima colateral de un partido, VOX, que ha decidido desaparecer de la utilidad política, como ocurrió en Andalucía con Macarena, con la desaparecida Rocío en Madrid o con el silente fantasma del medio nazi Smith en el Ayuntamiento donde fuiste teniente de alcalde.

En realidad, a tus mentores no les interesa tanto destronar al PSOE como inutilizar al PP. Ése ha sido siempre el interés de la derecha extrema. A Feijóo no le importa el asunto, dejará a alguna de las suyas quemarse en un debate del que apenas hablarán de tus ideas.

El PSOE es menos valiente de lo que parece. Entre “mediadores” canarios y valencianos, leyes que rebajan penas, intentos de amnistías nacionalistas o malversaciones en vacío y economías que no acaban de tirar no están para muchas gracietas.

Sí; Ramón, prepárate para el “edadismo” redescubierto por la izquierda, para el desprecio o la falsa adulación a tu pasado de los que gobiernan y, más aún, de los que son tus nietos ideológicos. Hoy ya no hay izquierda caviar, camarada, hay izquierda caníbal, y ésa es la que se va a ocupar de ti.

Esta moción, Ramón, es una extraña historia porque sólo interesa a quienes no van a dar la cara y anuncian una España cabreada en tu voz, cuando en realidad buscan un salvavidas para los últimos restos de la llamada nueva política.

Unos le darán al PSOE en tu trasero, acusándote de hacerle un favor. Otros se lo darán a la derecha en el mismo trasero, preguntando a la futura alternativa por su silencio. Los que hoy te convocan a salvar España y el populismo “que surgió del frio” despreciarán tu notable esfuerzo.

En una España polarizada y, sobre todo, democrática, la reconciliación nacional será producto de la voluntad del electorado, no de la brillantez intelectual de nadie. Sí, lo sé, formas parte de los herederos de aquellos regeneracionistas deseos del “generalato de la mollera”, pero eso que nunca fue, no lo será tampoco en el futuro.

Lamentablemente, cuando me hablan de la moción de Ramón, me acuerdo de una extraña historia: ese momento en que el Hamlet (acto V) se pasa por el cementerio y viendo un osario dice: “Pobre Yorick, Horacio, yo lo conocí…”.

 

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