La paz tenía un precio

Ya les dije aquí que no parecía haber alternativa a las sanciones a Rusia, aunque pareciera que nos sancionábamos a nosotros mismos. También, que lo de la inflación no era sólo cosa de la guerra, sino que venía de antes. Ahora puedo decirles, sin ánimo de presumir, que tenía razón en ambas cosas. El Banco de España asegura que la recuperación de aquella famosa V simétrica, saturadas las cadenas de suministro y vaciados los almacenes, inició la crisis de precios.

Por otra parte, la guerra ha abierto una crisis energética, ampliada por otra alimentaria que ha multiplicado la inflación, castigando a los sectores más débiles y clases medias. Las nuevas sanciones, especialmente los recortes de importaciones de crudo, aumentarán las tensiones de precios y sus consecuencias, al tiempo que se suman la evidente crisis alimentaria que está en marcha.

En términos generales, el IPC de mayo español (8,7%) es seis décimas superior a la media europea, lo que resulta algo relevante, teniendo en cuenta que nuestra dependencia del petróleo es menor. Pero es más importante, aún, que la inflación subyacente (más vinculada a la cesta de la compra y sin energía) se sitúa en España 1,1 puntos por encima de la media europea.

Esa distancia, y el hecho de que nuestra inflación casi llegara a los dos dígitos antes de la guerra nos remite a grados de oligopolio, cadenas de distribución e imperfecciones en nuestros mercados de mayor nivel que en otros países de nuestro entorno.

Por otro lado, las medidas de carácter general no han detenido los efectos sobre las familias de los precios de los combustibles. Ya se dijo aquí que no son las subvenciones que no distinguen entre un Ferrari o un coche de trabajo las más eficaces. El apoyo a los sectores vulnerables se produce a base de bonos que seleccionen las rentas afectadas.

Estas medidas generales, bastante compulsivas, no han evitado que la evolución de los precios, tanto en energía como en combustibles, se hayan comido las ayudas generales.

Por otro lado, es sabido que la inflación no afecta del mismo modo a los distintos niveles de renta. Es por ello que lo que se llama deflactar las bases impositivas, no confundir con reducción de impuestos que se han sugerido en algunos sitios (Madrid, en primer lugar) deben considerar la situación.

Para que me entiendan: deflactar tramos de renta, por ejemplo, beneficia a las más altas. Por el contrario, deflactar los mínimos exentos o las deducciones de mínimos favorecen a las más bajas.

En suma, la prórroga de medidas simplemente, si no segmenta a quienes pagan el impuesto de la inflación en mayor medida, no ayudará. Es, también cierto que si se adoptan medidas que no promueven el ahorro de energía o combustible, el shock de oferta no se reducirá.

Esa política de ahorro es más complicada, por no decir imposible en materia alimentaria. La próxima crisis que nos viene: no se engañen, la paz tenía un precio y tan solo estamos empezando a pagarlo.

La prohibición del petróleo transportado por mar tiene como objetivo cortar los fondos para la maquinaria de guerra del Kremlin, pero algunos advierten que podría ayudar a Moscú a corto plazo.

Después de casi un mes de disputas, la Unión Europea acordó una prohibición parcial del petróleo ruso, con el objetivo de cortar la financiación de la maquinaria de guerra del Kremlin. Según el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, las tres cuartas partes de las importaciones rusas de petróleo se verán afectadas inmediatamente, llegando al 90% a finales de año.

La UE está prohibiendo inmediatamente el petróleo transportado por mar, que cubre alrededor de dos tercios de las importaciones rusas a la UE. El petróleo transportado a través del crítico oleoducto Druzhba (“amistad”) estará exento de la prohibición, una concesión clave para Hungría, que depende en gran medida del petróleo ruso.

La UE confía en que la mayoría de los flujos de petróleo ruso cesarán a finales de año, porque Alemania y Polonia, países en el brazo norte de Druzhba, han prometido renunciar a sus suministros. Los países en la rama sur del oleoducto de la era soviética (Hungría, Eslovaquia y la República Checa) se beneficiarán de la exención temporal.

No está claro cuándo pasará la Unión Europea. Ursula von der Leyen, ha prometido que “lo antes posible”. Hungría está buscando dinero de la UE para reestructurar sus refinerías de petróleo que solo pueden aceptar crudo ruso. Croacia también necesita tiempo para aumentar los suministros a su vecino del norte a través del oleoducto Adria.

Una hipotética interrupción de las importaciones de materias primas energéticas procedentes de Rusia podría tener un impacto significativo sobre la economía española. La dificultad para sustituir dichos productos a corto plazo supondría una reducción en la oferta de energía y un agravamiento del actual episodio inflacionista, lo que implicaría, por ambas vías, un lastre para la actividad económica.

La realidad colateral es una subida del precio del dinero. Esta mañana hemos sabido que el Euribor anual, que era en marzo negativo, se ha situado en 0,287%, con el consiguiente efecto sobre las hipotecas.

Pero, teniendo en cuenta que el Banco Central subirá este año dos veces los tipos de interés, afectará a la financiación del Estado: nuestra deuda paga 25 mil millones de intereses; una subida de tipos aumentará nuestro déficit y recortara el margen de maniobra fiscal de nuestro país.

Prepárense para algún impuestito verde o una supresión de IVA reducido. Difícilmente podrán indiciarse todas las pensiones y salarios. Sí; la paz tenía un precio.

 

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