En un país en el que hay tantas “cofradías de la bragueta abierta” compitiendo en adeptos con las “cofradías de las manos quemadas” era evidente que la violencia machista hispana no tendría la forma de asco decadente, inmoral y violencia delictiva de las élites, tipo Epstein; sería más cutre: el asco decadente, inmoral y violencia delictiva de las rijosas braguetas abiertas en los despachos del poder.
El DAO, ni más ni menos, es el Director Operativo de la Policía Nacional, ha sido demandado, con un texto de notable fuerza, por violación. Su presunto acto delictivo se suma, al parecer, a serias dudas sobre el comportamiento de la cúpula policial, dicen sus compañeros que era y es sabido; y se añade a todos los que desde el poder han paseado sus braguetas y prepotencia sobre las mujeres.
Todo ello es grave y extraordinariamente escandaloso –si no fuera el DAO ya estaría en un calabozo-, pero déjenme que diga lo segundo más escandaloso: la mujer agredida, policía nacional, no confía en la policía y pide protección. Pide, también, que los peritajes los haga la Guardia Civil. Catorce meses después, ni imaginar podemos el calvario de la víctima, el poder se ha “enterado” y ha ofrecido protección.
La manada sincronizada ha salido en televisiones y declaraciones a defender al ministro Marlaska. Bolaños, el portavoz jurista y activista de todas las causas, haciendo de Bolaños, ha hecho una declaración de las que él hace: incluye dos trampas, por si la primera no funciona.
Sostiene que estas cosas pasan en cualquier grupo humano, que la diferencia está en la forma de responder. Vale, la violencia contra las mujeres forma parte de la historia, pero Bolaños eres el poder y, en consecuencia, la cuestión no está en la respuesta sino en la prevención, en la ética de las personas elegidas y la responsabilidad del obligado a vigilar. El grupo humano de la última violación es la policía.
El director general de la policía, que será el próximo pato que pagará el Gobierno para salvar al ministro, vino a sustituir a la policía patriótica. La cuestión es que la sustitución ha venido de la mano de un grupo de comportamientos dudosos, prácticas opacas, nombramientos clientelares y turbios asuntos.
Marlaska no ha dado cuenta de ellos (demasiadas relaciones con los narcos, guardias civiles, muertos de forma dudosa, nombramientos o ceses ilegales y cositas de esas). En materia de violencia machista es más que evidente que ha habido incompetencia y, para qué engañarse, nadie cree que nadie, en el ámbito político, no supiera nada.
Ahora, la estrategia está clara: hay que hacer que esto se olvide de la misma manera que se hizo olvidar los comportamientos en el seno del PSOE, los muertos de Adamuz, las colocaciones por apetitos sexuales promovidas por los líderes influyentes en empresas públicas y todo lo demás.
Antes de que todo se olvide, déjenme decir que estoy echando de menos unas declaraciones potentes: las de la ministra de Igualdad. Cuando vimos, en su momento, al tal Javier Ruiz reptar dante una pantalla gigante diciendo que el sistema de seguridad funcionaba, tuvimos la misma impresión que cuando a gritos nos dijo que un apagón en España era imposible: algo va mal. E iba.
La ministra debiera valorar su responsabilidad en las 46 mujeres asesinadas en 2025 (una cada ocho días). El pasado año, solo una de cada cuatro (25%) había denunciado el agresor. En lo que va de 2025, 51 días, 10 mujeres y dos niños han sido asesinadas, una cada cinco días, 6 habían denunciado. El peor inicio de año en mucho tiempo.
La ministra debe explicar por qué, con una tasa alta de denuncias, un 60%, estas mujeres han sido asesinadas este año. Debe explicar por qué la protección falla. Quizá Bolaños deba explicar porque el fiasco clientelar de su reforma ha conducido a la inoperancia de los juzgados y Marlaska la debilidad de la atención.
Y, políticamente, debe explicarse la situación emocional de las mujeres que denuncian: si una mujer policía, con toda probabilidad violada, no se fía del Cuerpo, ha pasado por ver su nombre en páginas de prostitución, ha sido amenazada, ¿Qué deben hacer las mujeres que denuncian? ¿Pedirle una embajada al Gobierno?
El fin de ciclo, aquí se dijo hace meses, será decepcionante, cutre y malvado. Parece que el Gobierno y su presidente cuentan con que los servicios públicos críticos (movilidad, trenes, carreteras, energía, citas previas de toda naturaleza…) no funcionen y el personal se olvide, mientras busca fascistas. ¿Hemos de olvidar que las cloacas del Estado se han llenado de oscura porquería o esperar que la respuesta al uso de una bragueta abierta sea una contratación en una empresa pública?
Nuestra decepción es irremisible, especialmente a los que seguimos sintiéndonos de izquierda, al menos un día a la semana (cuando los ministros se montan actos para irse gratis el fin de semana a casa).
Hemos percibido las prácticas a las que nos enfrentamos. Quienes nos administran están convencidos de que todo les está autorizado, de que su capricho o relato legitima sustituir a la ley y al decoro. Bolaños lo que nos ha querido decir es que la crueldad existe, que él no está para la justicia preventiva; que aguantemos.
Ni una tragedia clásica describiría mejor la felonía. Ciceron odiaba mejor que el cronista; Séneca era más reflexivo. Estimados lectores y lectoras, no estoy cabreado, estoy hasta los mismísimos.



