Quién está a cargo del ruido del tren

Los accidentes son accidentes. Pero, tras cada golpe de la aviesa fortuna, hay detalles que los hacen inevitables. Adamuz se llenó de gritos de dolor y muerte el sábado. Tras la negación y el sufrimiento, llegará, si no ha llegado ya, el ansia por saber y, a lo peor, la ira.

Hoy nos amenaza el dolor, la angustia, el silencio. Pero no dejamos de mirar la vía, la rodadura, cualquier cosa que nos permita racionalizar por qué tantas vidas han sido segadas y, de paso, volver a la vida. Una persona formada en riesgos en infraestructuras críticas, muy próxima a Beatriz Chaves, amiga del cronista y con ocho apellidos onubenses, avisaba esta mañana sobre las pequeñas singularidades que, si no se atienden, producen colapsos inesperados.

No se trata de “accidentes extraños”, sino de desatenciones peligrosas a los detalles. Que hoy mismo, en plenas dudas, ADIF rebaje la velocidad en uno de los tramos Madrid–Barcelona, por vibraciones y traqueteos, resulta paradigmático. Una medida solicitada por los maquinistas en el verano, por cierto.

En la película “Dark hour”, traducida en España como “El instante más oscuro”, el actor Gary Oldman, interpretando a Churchill, recita un poema que los dobladores de la película tradujeron “Quién está a cargo del ruido del tren”. Puede que la expresión “clattering”, se tradujera mejor por chirrido o traqueteo, pero el caso es el que era.

Se trata de un poema de Edwing Milliken, publicado en 1890, a raíz de un accidente ferroviario, que se hizo famoso por ser recitado por Churchill en la Cámara de los Comunes, enfadado con los partidos ingleses por su tibieza en enfrentarse a Hitler.

“Quién manda en el ruido del tren… retraso en el cruce… y, ahora, veinte minutos más tarde… Cien corazones laten plácidamente… sin saber que su guardián se ha ido… Y las señales brillan a través de la noche en vano. La muerte está a cargo del tren traqueante”.

No; no se durmió aquí el maquinista, tampoco parece que se piense en sabotajes. Los coches eran nuevos. A pesar de las ganas que tienen en Adif y Renfe de ignorar los temblores de los trenes en ese punto, de revisar el Iryo –cosa que habrá que hacer, por supuesto-, pero el asunto remite, también y necesariamente al mantenimiento, a la soldadura perdida. La reducción de velocidad señalada ante temblores y saltos en la línea a Barcelona, decidida sin explicación por ADIF remite a lo mismo.

Teníamos el mejor sistema eléctrico del mundo, hasta que un conjunto de mala suerte nos llevó al apagón, sin observar responsabilidad alguna y subiéndonos, por si acaso la tarifa. Hoy tenemos el mejor sistema ferroviario del mundo sobre el que, al parecer, ha caído la mala fortuna.

Reconozcamos los hechos. España atraviesa una seria crisis ferroviaria, no ya en términos de incidencias, que también, sino en materia de mantenimiento e inversión. Dicho sea de paso, circulan más trenes en Francia o Italia de los que circulan en España que, en buena media, debería aumentar la circulación, si tuviera acceso a vehículos que, por cierto también, están sobredemandados en Europa.

El gasto en Ferrocarril, entre 2004 y 2024, ha visto reducido su peso en el gasto público un 2,91%, la mayor reducción entre todo tipo de gasto. Es el resultado de la desviación de gasto a envejecimiento (salud y pensiones) o a sostenimiento de vulnerabilidad, en el contexto de una reducción persistente de la inversión.

El detalle es aún más llamativo. En 2014 el gasto en mantenimiento ferroviario fue de 466 millones. En 2024, 638 millones y en 2025, 681 millones. Ahora bien, en el mismo periodo, la red de alta velocidad ha aumentado en más de 800 km, alcanzado los 3.997 Kilómetros.

En términos de capital público, el valor ha pasado de 15 a 18 mil millones de euros. Es decir, el mantenimiento era de 33 mil euros por millón de patrimonio ferroviario, en 2014, a 28 mil en 2024. Es decir, un 16% menos. La inflación ha crecido en ese periodo un 26,5%. Resultado: el gasto de reposición real en el patrimonio ferroviario ha caído un 45%.

No es el mejor momento de la historia del ferrocarril, no nos vale que sea un accidente “extraño”, que empecemos a dar vueltas a ver si encontramos escapes y, tampoco, empezar a construir una idea de que ha habido alguna causa, pero sobre todo mala suerte, que habrá coincidido con otro problema, combinado con mala suerte, que se sumará a otro tercer problema y mala suerte… y así sucesivamente.

Sabemos que la investigación será larga, que los procesos judiciales más largos todavía. Pero las familias necesitan una primera aproximación con transparencia oficial. Comprenderán que la medida de asustarse por los traqueteos que ha adoptado ADIF, sin explicación, no va en una línea tranquilizadora.

Dice Pedro Sánchez que hagamos caso de los medios oficiales, pero éstos nos están dando más inseguridad que otra cosa. Los expertos de los medios oficiales (TVE) confundieron ayer los sistemas de seguridad de los trenes, por un poner.

La sensación que tenemos todos hace tiempo es que el país se ha deteriorado a marchas forzadas. Las pequeñas cosas de no tener presupuestos, ni importarnos, de sentirnos inseguros, el llenarnos de detalles singulares que algún día pueden colapsar. Que Renfe, por un poner, se haya convertido en una simple expendedora de billetes y todas esas cosas que solo son una sensación, hasta que nos anega el dolor, deberían vigilarse: sois vosotros, ministros tuiteros los que “estáis a cargo del ruido del tren”.

 

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