Sabotaje a Europa

La izquierda radical que ahora gobierna en España sustentada por la bancada del PSOE es una opción política que no tiene opciones en ningún país de Europa. Los países de la UE incluida España, están constituidos como estados sociales. ¿Qué significa esto? Que el gobierno alenta la iniciativa privada, la inversión extranjera y la instalación de las multinacionales, a cambio de beneficios fiscales, pero ejerce un control sobre el cumplimiento íntegro de los derechos laborales.

El sistema lleva implantado en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y en España desde los años cincuenta, no negaré que en cuanto a derechos laborales, aquí, mejoró sustancialmente en los ochenta.

Ese sistema en el que casi todo: sanidad, educación, transportes… es de iniciativa privada sustentada por los usuarios y unas pequeñas subvenciones estatales, reduce los demandantes de esos servicios al Estado, permitiendo a éste mejorar su calidad para los pocos que lo necesitan, con menos carga fiscal a los ciudadanos. Así ha funcionado desde la II guerra mundial y no nos ha ido mal. La clase trabajadora se fusionó con la clase media que se ensanchó hasta límites desconocidos, compartiendo colegios, hospitales, aviones, playas, hoteles, zonas de ocio etc.

¿Dónde cabe, en semejante sistema, el comunismo? en ningún sitio. Por eso los viejos comunistas se fueron bajando de burro estalinista y adoptando el socialismo.

Con ese sistema, Europa no solo consiguió un nivel de vida alto, además, consiguió tener presencia en el mundo, se consiguió la Moneda única, el mercado único y todo ello nos reforzó sobre todo ante Estados Unidos, Japón, Rusia y Oriente Medio. La independencia energética de este último se vio acrecentada por las nuevas técnicas en la extracción de petróleo y los rendimientos de las energías renovables.

El panorama era tan viable, que hasta Estados Unidos abandonó su capitalismo agresivo para evolucionar hacia un Estado Social.

En ese momento fue cuando Irán, dueña de buena parte del capital que circulaba por el mundo, se dio cuenta que una Europa Unida vinculada a Estados Unidos comercialmente, era el fin de su monopolio del petróleo y comenzó a introducir en ambos continentes elementos subversivos: crisis económicas tras el aumento de intereses, justificados por la caída del precio del petróleo y éstas, a su vez, la del ladrillo.

Junto con esta contracción económica introdujeron en el viejo continente el nuevo marxismo, que arraigó mejor en el sur de Europa. A España nos tocó Podemos. Su hoja de ruta consiste en debilitar la economía con políticas inestables jurídicamente, amenazas de nacionalización, etc.

¿Qué se consigue con ello? La fuga de empresas, de capitales y de otras inversiones. Tras ellas se acaban las investigaciones privadas, se debilita toda la iniciativa privada (sanidad, educación, transporte, turismo) y los partidos populistas tienen el caldo necesario para imponer sus teorías marxistas, que de otra forma nunca hubieran arraigado.

Aun así, no consiguieron sus logros. Se ayudó a la banca, salvando pequeños ahorros, hipotecas y consumo, se redujeron los servicios privatizados y los derechos de los trabajadores, en unos años el sistema comenzó a regenerarse, el paro bajó y el consumo se recuperó.

¿Qué les quedaba por hacer a nuestros enemigos económicos? En Estados Unidos reintroducir el capitalismo exacerbado, Donald Trump; y en Europa buscar un país desestructurado e introducir más elementos destructores; España y el separatismo catalán sustentado económicamente por otra potencia, Rusia, el eterno socio de Irán. Debilitando a España, la quinta economía europea en aquellos años, debilitaban los cimientos de Europa. ¿Por qué Iglesias ha apoyado hasta la extenuación al separatismo catalán y vasco? Ya lo saben. Pero hasta de esa la UE se recuperó. ¿Quién atacó entonces? Estados Unidos. Le enseñó el capote al Reino Unido (en términos taurinos) y la ultraderecha británica entró al trapo desgajando de Europa su segunda potencia económica.

Aun así la cosa no iba bien para los objetivos de Asia, Medio Oriente y Rusia. ¿Qué se podía hacer entonces?

La guerra química, una pandemia de proporciones bíblicas. Un virus de rápida propagación que encerrara a los europeos en sus casas haría caer el consumo, éste la producción y el empleo e inmediatamente después el bienestar social; los partidos estalinistas volverían a tener posibilidades de proyectarse impidiendo un resurgimiento del Estado social y, por ende, la rebelión de las masas.

¿Dónde ha arraigado mejor el sabotaje? En Grecia y España, donde el socialismo imperante de los últimos cuarenta años ha destruido la educación, aumentando el número de analfabetos sobre la media del resto de Europa. Cómo se consigue eso: promocionando sin estudiar en la ESO y bachillerato, y luego subvencionando al no trabajador hasta el límite de que le sea más rentable recibir la renta mínima que doblar el lomo en el campo, donde la demanda de trabajo es continua.

El método es eficaz, pagando rentas mínimas sin inversión exterior, debilitan las arcas del Estado, esquilman a base de impuestos a los pocos que trabajan, estos empiezan a valorar que es mejor cobrar sin hacer nada que ser explotados. Luego despiertan el fantasma de las nacionalizaciones, las pocas empresas que se han quedado huyen, se quiebra al Estado y de nuevo surge la necesidad paliatoria del comunismo.

Eso es podemos, eso es lo que nos ha traído el PSOE gracias a la ansiedad de ser presidente de Pedro Sánchez. Él lo sabía, por eso no podía dormir, pero la tentación del Falcon fue superior y se tiró al barro.

¿Van a debilitar a Europa? Bastante. ¿Van a acabar con ella? Lo dudo.

Como en otras épocas y en otros sabotajes, solo España caerá en sus redes.

Gracias a todos los votantes de Podemos por no verlo venir; gracias a Pedro Sánchez por prestar un gobierno, que no consiguieron en las urnas, a los saboteadores europeos; gracias también por haberle abierto al traidor nuestros secretos de Estado. Espero que no recupere el sueño en su vida. Pero sobre todo gracias a los diputados del PSOE que no han tenido «honor» para frenar la debacle en el Congreso y han puesto su voto a disposición de los traidores, los golpistas catalanes y de los terroristas vascos, para que finiquiten al Estado. La historia os juzgará y escritos como este os harán volver la cabeza y mirar al suelo cuando estéis en el exilio.

Azaña, otro iluminado que en los años treinta hizo exactamente lo mismo que vosotros, tuvo la dignidad de pedir disculpas en su lecho de muerte, ante un cura como los miles que había fusilado; sucedió en Francia. Vosotros no vais a tener categoría ni para morir en paz.

Os falta honor y dignidad y os sobra odio y ansia de venganza. Conseguiréis que España vuelva a tropezar, pero no la vais a hundir. Lleváis intentándolo desde las guerras cantonales, allá por mil ochocientos setenta y tres, pero esta vez también sabremos despojarnos de vuestro odio.

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