Sánchez el bostezo antes de la inminente tragedia

 

Sánchez, tras bostezar, se va de vacaciones. Lo de Extremadura es para conmilitones. Antes de irse nos ha dedicado, a nosotros, que somos “las actuales circunstancias”, un bostezo. Algún resultado del evento, debo confesarles, me ha conmovido. He visto arder “periodistas de palacio”, más allá de Miguel Yuste. He visto rayos en la puerta de Angels Barceló. Ahora, dicen sus opinantes, todo se desvanecerá como lágrimas en la lluvia. Y sin manifiestos, ni quitarse el fango, ni nada. No os preocupéis, muchachos y muchachas, ya no hay licitaciones de publicidad para este año, la cuenta de explotación ya ha sido apañada.

El bostezo es una acción incontrolada. Pero el bostezo es, también, una emoción no verbal: sí; al parecer, le aburrimos. Pero, también, revela, envarado cual narciso, que no tiene soluciones, que desea escaparse. Y, de hecho, se ha escapado. A La Mareta, refugio público para esconderse.

El director de la orquesta del Titanic compareció para hacer balance y darnos soluciones. Como sois, como somos, ingenuos seguidores del gran conductor, sostiene que la solución a todo lo que pasa, de la corrupción al abuso, tiene arreglo: el bonobús.

Grande, Pedro. Como todos los bonos, beneficiará más a los más ricos, aunque viajen en Falcon. Dicho esto, es bueno para los que salen de El Soto o necesitan ir a El Pardo, por un poner. Nos regaló otra propuesta estratégica: reunirse con Junqueras y darle a catalanes y vascos un Estado, por la puerta de atrás, un demócrata. Imagino que esta propuesta será como la condonación de la deuda, generalizable. Y la representación española se diluirá. Cosa que a él le encanta, porque si no está el todo, está Él.

Hay que decir que Sánchez nos regaló un “arrabbiato” y un estruendo algo macarra. Una interpretación que corresponde al director de orquesta del Titanic: mientras la gente sufría, solo había fiesta en la pecera de las langostas. Ya se sabe: toda crisis supone una oportunidad para alguien. Así, los socios, tras enfadarse muchísimo y dejar de respirar un minuto, se convirtieron en un coro de buitres: hay que ver qué le sacamos a éste en los últimos días de “pato cojo”, se dijeron.

Nunca un gobierno fue tan presionable por los que sabe que pueden hacer ruido y tan humillante para los compañeros de viaje. Sumar, tras pedir cambios de gobierno, fue respondido con unas risas. Hoy, ya piden una transformación de la legislatura y una reunión, a lo que se les ha dicho que ya se reúnen todos los días. El viaje de la señora de Sumar ha sido apoteósico: de la gran renovación a la gran carcajada. También me ha conmovido.

Éste es el primero de los episodios del “momento vacío” que se nos viene. Ya no hay relato, sino retórica sin sentido. Él nunca supo que las líneas rojas habían sido traspasadas, que el partido había sucumbido, que la contratación pública había sido malversada, no conocía a nadie, no supo que los rescates fueron blanqueados, ignoraba que los lobistas gobernaban, que el nepotismo se había asentado y nunca, pero nunca, supo que las braguetas se habían abierto.

Sí; algo hubo en el discurso de Sánchez más humillante que el bostezo y el bonobús: la cínica, falaz e hipócrita explicación sobre lo que él llama “acoso laboral”, para que no se molesten sus amigos de 40 a 50. Nunca supo del río de puteros y abusadores sexuales que le rodeaban.

Él bosteza, nosotros rezumamos hastío. Da igual la fecha, estimado narciso: has acabado. Aprovecha el tiempo de La Mareta y el Falcón mientras puedas. No te preocupes, si ZP resiste, como tú, te dejará un hueco en el lobby chino: eso es lo que te reserva la historia.

Si la renta de españoles y españolas es un bonobús a cambio del descrédito institucional y la debilidad de nuestra democracia, la renta es escasa, para tanto como destacas. No hay chistera, tu populismo te ha conducido al límite de lo tolerable.

Él se va a descansar, poco importa que los colegas extremeños se dispongan a ser inmolados en la pira de su hermano. Menos aún la “enorme alegría” que les ha caído a los socialistas aragoneses. En realidad, le gustaría que ganara la extrema derecha para venir, de nuevo, a salvarnos. Eso es todo. Y nada más: llegó el bostezo, un momento antes de la inminente tragedia.

 

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