Un agosto sin corbata (20). Tiempos de cosas simples: hielo de leche de kéfir y hojas de higuera (incluye receta para gente sencilla)

Vale, el Gobierno sostiene cosas imposibles, desde la segunda ronda de inflación a golpe salarial, la regulación del frío en las casas, los gaseoductos para Italia y Sánchez afirma: tú eres Petro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Porque Sánchez ya no es Pedro, es como Dios, bendiciendo izquierdas latinas.

Habiendo sido decretado, cómo les advertí, el “fin de la abundancia” les convoco a un tiempo de cosas simples. Por un poner, tomar un helado, un vinito, un paseo a la sombra del anochecer con destino al chiringuito.

Eso sí, no eche cuentas de lo que cuestan las cosas sencillas porque, en ese caso, cancelará sus austeros propósitos.

Hacer que un día sea diferente al siguiente no es cosa sencilla.: las familias han descubierto que eso de hacer cualquier otra cosa, ir a cualquier otro lugar, a veces te hace sentir aprisionado en tu propio chamizo. No es que ahorremos, es que no podemos pagar.

¿Con este clima, quieres salir? Te imaginas una excursión de un día a algún lugar al campo o a la playa. Sería una distracción, un escape del interior de tu cabeza donde siempre estás gestionando el estrés. Pero, entre el presupuesto y las noches tropicales, acabas yendo al chiringo de siempre a por tu vinito de siempre.

Cierto es que tu vinito de siempre ha subido un veinte por ciento. También que las tabernas de siempre van cerrando, dejando paso a las terrazas de supremo lujo y al bar de nivel arrastrado. La taberna intermedia, el espacio intermedio, desaparece. La hostelería sucumbirá, advertidos quedan tabernarios y tabernarias.

Las zonas de encuentro de clases medias y personal normal, están desapareciendo. Solo hay sitio para ricos y para pobres, es lo que hay. Los pasatiempos antaño recurrentes en nuestro verano, del helado a la noria, de la mariscada de puerto al cubata, se vuelven intolerables.

Hay que disfrutar cada buen momento sencillo. Lo afirman los periódicos respetuosos con la sostenibilidad, el cambio climático y las profecías del buen rollo, portavoces del progresismo global que nos convocan a la austeridad.

Son vísperas, dicen, de un invierno pasmoso. Hasta cincuenta medidas prepara el gobierno. O sea, ahora calor de la muerte, mañana frío de pasmo. Lo que es, es.

Leo uno de esos periódicos. Soy de los que aún lee periódicos. Y descubro que, al mismo tiempo que me recomiendan las cosas sencillas y la austeridad me proponen un menú sencillo de la muerte, que usted podrá, sin duda, afrontar: hielo de leche de kéfir y hojas de higuera.

Es lo que tienen los portavoces del progresismo global sean hispanos, franceses o british: sus becarios y chefs de confianza son “hípsters”. Mira que acabaré echando de menos al Chef Sando y sus melonadas con trufa.

¿Usted nunca ha hecho un helado de hoja de parra y kefir? Pero mire que es usted antiguo o antigua.

Tome 50 gramos de tallos de hojas de higuera. Añada 6 yemas de huevo y medio litro de leche entera. 100 gramos de azúcar en polvo y 300 mililitros de Kefir. Y, por supuesto, unas cinco cucharadas de azúcar glas. Como ustedes sabrán, el Kefir es un yogur líquido, con sabor fuerte y agridulce, que solo los pijos, búlgaros y rusos de su barrio conocen.

Lave las hojas de higuera, si no sabe encontrarlas es que usted no entiende del futuro sostenible, luego tritúrelas finamente con un cuchillo grande. Vierta la leche en una cacerola pequeña y lleve la leche casi a ebullición. A medida que las burbujas comiencen a subir alrededor de los bordes, agregue las hojas de higo trituradas, luego deje reposar durante una o dos horas, preferiblemente durante la noche. No me diga que usted no tiene tiempo: no mienta: no saldrá de copas.

Pase la leche y las hojas a una licuadora y trátelas hasta que quede suave, naturalmente debe pasarlas por un tamiz, se trata de cosas simples, usted me entiende. Bata las yemas de huevo y el azúcar hasta que estén espesos y cremosos.

Ponga la mezcla de leche en una cacerola limpia y lleve casi a ebullición. Cuando comience a burbujear, vierta los huevos y el azúcar y mezcle hasta que quede suave. Agregue el kéfir, luego enfríe bien. Vierta la crema pastelera en una máquina de helados (cómo no tiene usted una máquina de esas, por Dios) y bata hasta que esté casi congelada. Sencillo de la muerte, dicen los profetas del The Guardian.

Las cosas simples son maravillosas, no comprar máquinas, raros yogures, buscar higueras que en su zona desaparecieron ni se sabe cuándo. Es que ustedes no saben disfrutar de las cosas simples. No es la abundancia, es la clase media y sus gustos la que ha acabado.

 

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