Un desvergonzado llamado Felipe González

Cartel con el que FG ganó las elecciones en octubre de 1982.

Cartel con el que FG ganó las elecciones en octubre de 1982.

Ha “triunfado” en todos los medios de comunicación, en plena campaña electoral catalana, un desvergonzado llamado Felipe González; ése que, para nuestra desgracia, fue presidente “socialista” del gobierno español durante trece años. Dos perlitas que no tienen desperdicio, una referida a su “compromiso con Venezuela”, del que hablaremos, y otra relacionada con el propio proceso electoral y sus candidatos.

No voy a hacer ahora el recuento de lo que fueron los años de su mandato, ni voy a negar lo que supuso para España la entrada en la Unión Europea, ni avances que se produjeron en todos los ámbitos en aquellos tiempos, como la creencia colectiva de que ya éramos modernos, casi todo a pesar de estar FG en la cúspide del poder, junto a otro personaje parecido a él, hoy rey emérito.

También, en orden a reconocer méritos, hay que apuntarle los crímenes de Estado que se produjeron bajo su mandato; la promoción y ascenso de todos los antiguos policías torturadores de la BPS; la corrupción generalizada en todas las administraciones, iniciada ya en los ayuntamientos socialistas desde 1979; la entrada en la OTAN; las tropelías y grandes robos perpetrados con motivo de la venta en almoneda de miles de empresas públicas a amiguetes; la depredación de nuestras costas y parques naturales, la destrucción de patrimonio histórico, el asalto y desfalco de las mutualidades de funcionarios, los grandes negocios que auspiciaba Solchaga; las relaciones muy entrañables con los banqueros, que ganaron más dinero que nunca; las amnistías fiscales.

Tampoco, por supuesto, le voy a negar el mérito a la hora de mantener el Estado confesional franquista y la humillación permanente de las víctimas de la dictadura, además de haber conseguido, eso sí, hacer crecer las clases medias, pero sin que junto a la aspiración al chalet y el auto de alta gama creciese la afición por la ópera, el cine o la lectura. En fin, no se podía esperar otra cosa de un auténtico analfabeto funcional, todo un “hombre de Estado” al servicio de los poderes financieros, las eléctricas y ciertas multinacionales.

Otro de los logros de “su” política exterior fue la “venta” de nuestra transición a la democracia como la más mejor del mundo, con dos claves para ser exitosa: la impunidad para genocidas y torturadores y la alianza con los poderes económicos para convencerles de que con el socialismo hispano les iba a ir mejor que con Franco; todo ello bajo el paraguas de una monarquía corrupta y católica capaz de adaptase a lo que fuere con tal de sobrevivir.

Pues bien, si creíamos sobrepasada nuestra capacidad de asombro a la hora de escuchar estupideces y barbaridades de boca de nuestros políticos nos encontramos con unas cuantas perlas soltadas a las ondas por el zascandil de Surennes. No merece la pena reproducir textualmente lo que todos los lectores han escuchado o leído, y me refiero a lo de que un canalla asesino conocido como el general Pinochet, tirano golpista de Chile felizmente fallecido hace años, había respetado más los derechos humanos que el presidente electo de la República de Venezuela don Nicolás Maduro.

De la otra barbaridad escupida por el ex presidente, la referente a los 70 años de miseria que podrían venir si triunfaba en Catalunya una determinada candidatura, mejor ni comentarlo, sobre todo porque nos llevaría a rememorar los lazos entre FG y el pujolísmo durante tantos años, así como aquel latrocinio de Banca Catalana, saldado con impunidad gracias a una justicia envilecida, por entonces puesta al servicio de este charlatán de feria.

El olvidado caso de Galerías Preciados

Pero vamos a entrar en harina, al trapo, sin problemas, para refrescar un poco la memoria a muchos colegas que conocen lo que voy a contar, pero que parece que hubieran quedado afectados de por vida por aquella gracia sevillana de los del clan de la tortilla, que no se podía aguantar, o peor, afectados por el síndrome de la modélica transición [1].

Resulta que hubo un caso muy sonado de enriquecimiento desmesurado, con FG al fondo de la escena; me refiero al caso Galerías Preciados. Esta fenecida empresa, rival en tiempos a muerte de El Corte Inglés, lanzó un plan de crecimiento, allá por los finales de los setenta del pasado siglo, que no dio resultados, por lo que se endeudó y, tras el fracaso de otras operaciones, pasó en gran parte a manos de su principal acreedor, el Banco Urquijo; éste a su vez cedió su paquete de acciones, en 1981, a un personaje nada recomendable, José María Ruiz Mateos, merced a los buenos oficios del Opus Dei.

Al ser expropiada RUMASA por el Estado en 1983 entró a formar parte del botín a repartir a amiguetes, tal y como se estaba haciendo con las empresas del INI. En 1984, en una operación opaca, pero con los avales de dos cuates, Felipe González y Carlos Andrés Pérez, presidente el primero del gobierno de España y el segundo presidente de la República de Venezuela, Galerías Preciados pasó a ser propiedad del empresario venezolano Gustavo Cisneros, dueño de todo un imperio de medios de comunicación, empresas de distribución, tiendas, embotelladoras, holding turísticos y un largo etcétera en Latinoamérica, EEUU y países de todos los continentes.

Pues bien, la amañada venta se hizo por el irrisorio precio de 1.000 millones de pesetas; solamente el valor de los edificios de Galerías era muy superior. Poco o nada hizo para reflotar la prestigiosa firma, que contaba con una impresionante cartera de clientes, con modernas tiendas y con el personal mejor preparado en el sector. Poco después, alegando cínicamente pérdidas, vendió Cisneros Galerías Preciados a la firma británica Mountleigh por 30.000 millones de pesetas; es decir, un fabuloso pelotazo y todo por ser amigo de aquellos dos compadres: CAP y FG. El resto de la historia de Galerías Preciados se la ahorro al estimado lector.

Los años del dinero fácil en España

Felipe González, del que no se puede decir que sea amigo de sus amigos, salvo algunas excepciones, como fue en el caso del finado ex presidente de Venezuela, en particular cuando estaba aún en el poder, allá por finales de los ochenta del pasado siglo. Eran los años del dinero fácil en España, con aquel “genio” de la economía, Carlos Solchaga, de ministro de la cosa, el que en las fiestas de la llamada entonces Beautiful People, donde circulaba de todo, en particular en los baños, hacía invitaciones a todo tipo de truhanes extranjeros para que invirtieran en España, pues se iban a forrar.

En febrero de 1989 hubo en Venezuela una gran movilización popular contra las políticas de ajuste y privatizaciones del gobierno, tras las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, lo que supuso una elevación desmesurada de precios de alimentos, también de los transportes; se desató una violenta represión por parte del Estado que costó la vida a unas 3000 personas, en lo que se llamó el Caracazo. Felipe González no solo no condenó aquella salvaje matanza, sino que llamó por teléfono a su compadre para “ayudarle en momentos críticos”, con el ofrecimiento de 600 millones de dólares. Así aparece en una noticia publicada entonces en el diario El País el 2 de marzo de aquel año.

Con estos antecedentes es más que dudoso que FG tenga como parte de su ideario la defensa de los Derechos Humanos en Venezuela, tal y como ha dicho recientemente, para justificar su pretensión de defender a un opositor acusado de delitos relacionados con el terrorismo, es decir, involucrado en unos sucesos violentos en los que murieron 43 personas. Hasta aquí asuntos conocidos, pues los relacionados con sus correrías y cacerías por Venezuela no me parece que tengan otro interés que el morboso, aunque puedan haber sido relevantes en la vida de FG.

‘Decir que Pinochet respetaba los derechos humanos es repugnante’

La comparación, o peor, la desafortunada mención de Pinochet para decir que respetaba más los derechos humanos que el gobierno venezolano, es cuando menos repugnante, pero tiene su explicación, y pareciera que FG, como el perro, volvió al vómito. Resulta que en Chile tiene también su aportación nuestro personaje a la “defensa de los derechos humanos”. Augusto Pinochet, general chileno y dictador golpista con el apoyo de Henry Kissinger -sentado bajo una inmensa fosa de más de cuatro mil asesinados-, se consideraba un gran admirador de Francisco Franco, y a sus honras fúnebres vino, pronto hará cuarenta años.

Por entonces, Felipe González era secretario general del PSOE en la clandestinidad, pero ya tenía cierto peso entre los socialdemócratas europeos y por ello, incluso antes de ser líder de la oposición en 1977, había realizado alguna que otra gestión de “solidaridad” con sus camaradas chilenos perseguidos, incluso viajó al país andino a actuar como abogado de algunos dirigentes. Esa “solidaridad” continuó cuando el Partido Socialista llegó al poder en los ayuntamientos y después a partir de 1982, cuando accedió a la Moncloa.

La ayuda prestada a los socialistas chilenos tuvo un sesgo, no fue igual para todos, pues la condición era que abandonasen las veleidades revolucionarias de Salvador Allende, y así se consumó una escisión, en la que el sector más conservador se vio premiado y varios centenares de sus dirigentes y cargos públicos fueron traídos a España, facilitándoseles ayuda económica y trabajo. Por su parte, los izquierdistas de Clodomiro Almeyda se tuvieron que enfrentar en soledad a las cárceles o a un exilio no tan cómodo como el de sus camaradas reformistas.

Pero no quedó todo ahí y, una vez que se restablece la democracia en Chile, eso sí, tutelada por Pinochet como Jefe del Ejército, ya en la década de los noventa, los antiguos desvelos de FG fueron premiados con contratos y oportunidades de negocio para los amigos del presidente español. En aquellos años no sólo tenían que tratar los empresarios españoles con el ministro del ramo, sino con el propio Pinochet, que seguía al frente de un Ejército que se reservaba cerca de un 30% de los beneficios de la gran industria nacional, el cobre, sin dar cuentas al gobierno de turno.

De aquellas relaciones de las multinacionales españolas, léase banca, eléctricas, Telefónica e hidrocarburos nacieron estrechas amistades con el pinochetismo, que tenían su traducción en ayudas para ese sector político, defensor acérrimo de la dictadura que encarnó su inspirador.

Una perla, cuando en 1995 se creó la Fundación Pinochet, nuestra Telefónica realizó varios sustanciosos regalos en forma de equipamiento técnico para la institución que defiende con ahínco el legado de aquel criminal. Hasta aquí algunas notas, muy escuetas, a los discursos solidarios de un ex presidente, generosamente pagado en la actualidad, no por sus desvelos por los derechos humanos, sino por los méritos acumulados en defensa de los intereses de unos cuantos poderosos de dentro y fuera de nuestro país.

  • [1] NOTA: Dícese de aquellos políticos o periodistas, sesentones o más, que quedaron -no se sabe desde que momento- incapacitados para discurrir con normalidad acerca de la política española, pues anteponen como textos sagrados, cual miembros de una secta peligrosa, la monarquía de los Borbones, la Iglesia católica, el statu quo capitalista y la impunidad para los crímenes del franquismo pactada en aquellos años.

 

 

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