Daniel Garbade, un suizo-español que pinta “En Cama con Greco y Picasso”.

Suizo y español, de Picasso y de el Grego, de Zúrich y de Toledo. La exposición que Daniel Garbade acaba de inaugurar en la Ciudad Imperial tiene mucho de metafórico y de búsqueda de sus raíces buceando en el ADN de sus propios antepasados. Este pintor, fotógrafo, ilustrador y decorador de cine ya es suficientemente conocido en España, pero su obra no deja de desarrollarse y de asombrar por su técnica casi onírica -de ahí el título de la exposición, “En Cama con Greco y Picasso”- y de búsqueda de una identidad acaso mal repartida.

Podría decirse que Daniel Garbade (Zúrich, Suiza, 1957) tiene algo gigante, o de molino, y algo de Quijote, y quizá algún trazo de cordura de Sancho. Acaso dos mundos, o tres, enfrentados en una misma imaginación explosiva de creatividad. Casi como el estallido de un minúsculo Big Bang, pero en un universo de tela y en forma de collage entre blancos y negros, entre grises y rojos chillones. Su búsqueda del ADN forma la primera parte de la exposición que acaba de inaugurar en el recinto mozárabe de la iglesia de San Sebastián, antigua mezquita árabe que casi combina las tres culturas que se desarrollaron, se combatieron y casi se aniquilaron en la imperial Toledo.

De padres suizos, Garbade es sobrino-bisnieto de Adrien Lachenal, antiguo ministro de la Confederación suiza, y nieto de Paul Lachenal, fundador de Pro Helvetia, un político y mecenas de arte que ayudó a salvaguardar los cuadros del Museo del Prado en Ginebra durante la guerra civil español. Su pasión por España proviene de tres de sus ancestros españoles y cubanos: su tatarabuelo paterno era el escultor e ingeniero cubano Fernando Heydrich Klein, y como el escultor Juan Esnard Heydrich, otro descendiente cubano de éste, Garbade siguió sus pasos artísticos. Theodore Garbade era su abuelo paterno, y el empresario Emilio Heydrich y Martínez de Barcelona su bisabuelo.

Garbade pasó la infancia en el Bürgli, Zúrich, pero luego permaneció largos años en Madrid y Suiza, para regresar de nuevo a la siempre anárquica España, donde se asentó en un pueblo con solera, Mascaraque, en el corazón de Castilla-La Mancha, el señorío llano del inmortal quijotesco señor.

Suficientemente conocido en el mundo del arte, dicen que Garbade es pintor e ilustrador y lo encorsetan en el movimiento postexpresionista. Pero él es ante todo fiel a sí mismo y, como ya le definió ese otro inmortal luso que fue Saramago, “Garbade viene a mostrar caras y miradas de lo humano precisamente donde éste más se revela y más se disfraza”.

Garbade ha escogido Toledo para mostrar al público su nueva obra, producida por Artzeitmagazine, en colaboración con El Consorcio de Toledo y La Embajada de Suiza para España y Andorra, en Madrid. Y ha escogido Toledo porque, como escribe Ann Bateson en su panegírico, se trata de “un crisol de culturas debido a sus influencias cristianas, judías y musulmanas. La ciudad cuenta con varios lugares históricos de culto y una de las iglesias más antiguas, San Sebastián, originalmente construida como mezquita en el siglo décimo, ofrece un entorno mozárabe para esta nueva exposición de collages del artista suizo Daniel Garbade titulada ‘En Cama con Greco y Picasso’”.

Y es que es cierto que Garbade tiene influencias de varias culturas, como ya hemos señalado: proviene de Suiza, pero también tiene raíces hispano-cubanas. Lleva muchos años viviendo y trabajando en España y ha forjado lazos estrechos en Castilla-La Mancha.

A Garbade se le califica como un artista “muy versátil”, porque ha trabajado como director de arte en el mundo del cine y además es ilustrador, pintor, escultor y fotógrafo. Ha expuesto en galerías y ferias de arte en toda Europa. Su fama le llevó a ser seleccionado por los Dadaístas del Cabaret Voltaire, de Zúrich, para realizar la placa de la tumba de Bakunin en Berna.

Esta exposición de ahora dedicada al Greco y a Picasso tiene su razón de ser. El propio Garbade cuenta que descubrió las obras de Pablo Picasso cuando era pequeño y vivía en Suiza. Su abuelo Paul Lachenal era a la vez amigo y abogado de Picasso. Incluso adoptó al hijo de Picasso, Paulo, durante la Segunda Guerra Mundial para que pudiera escaparse de la Alemania nazi. Lachenal poseía una colección de Grandes Maestros entre los cuales contaba con una serie de obras picassianas. Por lo tanto, el joven Daniel se familiarizaba con la obra del genial pintor español a una temprana edad y “se sentía atraído” hacia ella.

El mismo amor que profesa por ese otro gran pintor del Renacimiento español, el Greco, que también influyó en su trabajo artístico. Dice Daniel que ambos pintores hacían acto de presencia en sus sueños como si estuviesen supervisando el arte que él estaba tratando de crear, y de ahí, como apuntábamos arriba, el título de su exposición toledana:“En cama con Greco y Picasso”.

La exposición recién inaugurada presenta tres series de obras: “ADN”, “Picasso” y “El Greco”. Precisamente, “ADN” es la que cuenta con cientos de dibujos en miniatura o fotografías de los antepasados de Garbade, además de lugares que habían desempeñado un papel clave en su vida.

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