Una clase política ‘re-masterizada’ con falsos currículos: De Viondi de IU, a Valenciano y López (PSOE), pasando por la nacionalista Ortega y la secesionista Rahola

Desde la homenajeada Carme Chacón hasta el ex secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, pasando por el ex líder de Unidos Getafe (IU), Javier Viondi, por la eurodiputada Elena Valenciano, el líder del PP andaluz José Manuel Moreno, o la nacionalista catalana Joana Ortega, ex vicepresidenta de la Generalitat… ¿Cuántos políticos no se han resistido a falsear sus currículos? ¿Cuántos no han comprado, supuestamente, su máster? ¿Cuántos han dimitido por eso? Solamente lo hicieron en su momento Viondi y la socialista Estela Goikoetxea; los demás, ahí siguen pegados al cargo… como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ‘autor’ de una increíble tesis doctoral ‘cum laude’.

España no es Alemania, donde, si te descubren, lo pagas con la dimisión. Los teutones no se andan con chiquitas: que se lo digan al ministro de Defensa Karl Theodor zu Guttenberg, estrella del Gobierno de Ángela Merkel, que se vio obligado a dimitir en 2011 tras conocerse que había copiado algunos pasajes de su tesis doctoral. Pero España is different y aquí, por principio, no dimite nadie, o casi nadie, y mucho menos por comprar el máster o falsear su currículo. De hecho pocos políticos españoles han podido sustraerse en algún momento a colgar en público un currículo que no tienen; es decir, que han sido más falsos con su propia inteligencia que los besos de Judas.

Hemos buscado datos casos de políticos españoles que han podido inflar o falsear su currículo en algún momento, y el resultado es estremecedor: parece que el que no miente con sus estudios es porque es tonto. A este grado de autoengaño hemos llegado con tal de presumir de algo que no tenemos, pero con lo que queremos revestirnos para ocupar un puesto que probablemente tampoco merecemos. Veamos unos cuantos ejemplos históricos. Prácticamente, ninguno ha dimitido, aunque ahora se pide el cese a Cristina Cifuentespresidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, a la que, supuestamente, Enrique Álvarez Conde le regaló su máster falseando los datos del mismo. Aún está por ver.

Javier Viondi, de Izquierda Unida

Empecemos con Javier Viondi. En 2011, Izquierda Unida de Getafeconfirmó que su líder Viondi había anunciado “su no comparecencia como cabeza de lista de esta organización política” después que se hiciera público que mintió al decir que había estudiado Medicina. Viondi había falseado su currículum para presentarse como candidato de IU y nunca había estado colegiado como médico.

Entonces dimitió, sí, pero no le costó la carrera política, porque Viondi siguió escalando puestos en la cucaña y en 2016, por ejemplo, era director del Grupo municipal de Ganemos Sanse a petición de su portavoz, Javier Heras, con un sueldo de 51.000 euros brutos al año. Lo había nombrado el alcalde de esa ciudad, el socialista Narciso Romero. Así que, de dimitir, poco y para trepar luego.

Elena Valenciano y Patxi López, del PSOE

Si vamos con los socialistas, tenemos que hacer mención a Elena Valencianoeurodiputada del PSOE. Su ficha en la página web del Parlamento Europeo la presentaba en febrero de 2012 como “licenciada en Derecho y Ciencias Políticas”, dos carreras que había empezado pero no terminado. Valenciano aseguró que estas titulaciones en su ficha de la Eurocámara se debieron a un error de traducción y que ella solo declaró que “tiene estudios en Derecho y Ciencias Políticas”.

¿Error? Bueno, puede que sí, pero eso de “tiene estudios…” es una frase que se repite en muchas biografías, tanto en las páginas web de los partidos como en sus blogs personales, y también en sus fichas de diputados del Congreso. Por ejemplo, el caso del ex lehendakari vasco Patxi López, que aunque no había terminado sus estudios, se apropió curricularmente de una Ingeniería Industrial. Se descubrió el pastel, el socialista alegó que el sólo había dicho que “tenía estudios de…” y aquí paz y después cucaña para seguir trepando. Y ahí sigue.

Tomás Burgos, secretario de Estado de la Seguridad Social

No son los peores casos, pese a todo. Por ejemplo, está el de Tomás Burgos, actual secretario de Estado de la Seguridad Social con el PP. En sus fichas del Congreso correspondientes a tres Legislaturas, entre 1993 y 2004, hizo constar que era “licenciado en Medicina”, algo que no era cierto entonces: había cursado algunos cursos de Medicina en Valladolid, pero entonces no estaba licenciado, como se demostró cuando el diario El País destapó el escándalo en 2012.

Incluso Moncloa se vio obligada a cambiar la referencia oficial del Consejo de Ministros del 30 de diciembre de 2011, cuando fue nombrado secretario de Estado, y cambió la expresión “es médico” por “tiene formación universitaria en Medicina por la Universidad de Valladolid”. Parece igual, pero no es lo mismo. Sin embargo, al igual que Valenciano y López, Burgos siguió pegado al sillón oficial.

Siguiendo con el PP, el caso del ex director general de la Guardia CivilArsenio Fernández de Mesa, también es paradigmático de ‘engordamiento’ curricular: presumía de ser “funcionario del Estado, por oposición, en excedencia forzosa”. Pero no precisaba que su empleo era ayudante de jardinero en el puerto de Ferrol, donde le colocó su padre.

Moreno Bonilla, un hombre de Sáenz de Santamaría

Siguiendo con el PP, tenemos un caso similar con Juan Manuel Moreno Bonilla, actual líder del Partido Popular andaluz y hombre de la máxima confianza de la vicepresidenta del GobiernoSoraya Sáenz de Santamaría. En sus biografías en el Congreso de los Diputados figuraba en el año 2000 como “licenciado” en Dirección y Administración de Empresas (ADE), pero en 2004 pasó de “licenciado” a tener “estudios en la misma materia” y en 2008 figuró como máster en ADE y un Programa para el Liderazgo.

Se atribuyó entonces tanta exaltación y negación biográfica a que “no se actualizó convenientemente la información” (sic). Finalmente, el currículo de Moreno quedó así: es grado (licenciado) en Protocolo y Organización de Eventos por la Universidad Camilo José Cela, que obtuvo en… ¡julio de 2012!, unos cuantos años después. Y, como es habitual en este país, no pasó nada.

Al igual que Moreno, también Joaquín Ramírezex presidente del PP de Málaga, que reflejó desde 1994 en su ficha personal en el Parlamento de Andalucía que era licenciado en Derecho cuando todavía no había terminado dichos estudios superiores, que inició en 1977 y finalizó… ¡en 2006! En fin, que Ramírez no aprobó Derecho Internacional Privado, la última asignatura que le daba derecho a solicitar el título, hasta 2006. Pero… su vida política siguió sin problemas.

La nacionalista Joana Ortega

Cambiando nuevamente de tercio, tenemos el caso de la nacionalista catalana Joana Ortega, que fue vicepresidenta del Govern catalán por Unió Democràtica. Ortega se vio obligada en 2011 a pedir disculpas públicas por haber incluido en la página oficial de su departamento que era licenciada en Psicología, cuando le faltaban dos asignaturas para acabar la carrera. En una anotación en su blog y en su Twitter, Ortega lamentó el error atribuido a, ¡cómo no!, un “fallo de transcripción” que apareció primero en la página web de Unió Democrática, su partido, y que se “arrastró” hasta la de la Generalitat. Parece ser que los escribanos escriben muy mal a mano, pero en todo caso, Ortega siguió trepando en la cucaña… hasta 2015 que abandonó la política cuando la escisión entre Convergència y Unió.

Luis Roldán, el primer y gran ‘chorizo curricular

Haciendo una cambiada histórica, recordaremos en este punto a uno de los primeros políticos pillados “in fraganti” por falsear su currículo: el ex director general de la Guardia CivilLuis Roldán, que se había inventado nada menos que una Ingeniería, una licenciatura en Ciencias Económicas y un Máster de especialización en la materia para adornar su imaginario curricular. Pero a Roldán no se le expulsó por eso, sino que se fugó después de conocerse que metió la mano en la caja de los fondos reservados, amén de otros delitos. En España, ‘engordar’ el currículo no es motivo de nada, por lo que parece, sino de envidia, como diría Antonio Machado.

La locuaz Pilar Rahola y sus títulos de papel mojado

Volviendo al tercio secesionista catalán, hasta la mediática Pilar Rahola, tertuliana y miembro del Consejo Asesor para la Transición Nacionalque asistió a Artur Mas, tuvo su affaire por engordar sus antecedentes estudiantiles, un hecho que en su momento fue muy comentado. Durante años mantuvo en su página web que era “doctora”, cuando en realidad era licenciada, aunque el asunto se conoció después de que abandonara las instituciones.

Resulta que Rahola aseguraba poseer dos doctorados, según la biografía en castellano de su página web, mientras que en la versión catalana señalaba ser “licenciada”. Ella replicó que era licenciada en Filología y doctora honoris causa “por la Universidad de Chile”. En realidad, lo era por la UNIACC, un pequeño centro privado no avalado por la Comisión Nacional de Acreditación chilena. Tardó diez años en corregir “el error”.

Pepiño Blanco, un currículo que hace honor a su apellido

Cambiando nuevamente de color, el caso de Pepiño Blanco, que fuera ministro de Fomento con Rodríguez Zapatero, es más escandaloso. A Pepiño Blanco le hizo la mejor definición un compañero suyo socialista, Joaquín Leguina, quien afirmó textualmente: “Es un mal ejemplo para los jóvenes (…) Tiene una mala educación porque sus padres, que no son millonarios precisamente, hacen un esfuerzo para que su hijo estudie Derecho en Santiago de Compostela, entra en primero y no pasa de ahí porque se mete en las juventudes del partido. Es un mal ejemplo para la juventud porque no estudia, se dedica sólo al partido y llega a ministro de Fomento. No es un buen ejemplo que se pueda llegar muy alto sin dar ni golpe” (sic). Lo cierto es que sin haber trabajado nunca en nada, sin poseer carrera alguna, llegó a ministro de Fomento y luego a diputado europeo. Aunque, eso sí, en su currículo siempre puso “estudios en…”, una técnica que, como declaraba otro dirigente del PSOE, “significa que te pasaste por clase un par de días y otros tantos visitaste el bar de la facultad”.

Pero la lista de mentirosos es de todos los colores: hasta la fallecida Carme Chacón, recientemente homenajeada en el Congreso, no era doctora en Derecho cuando dijo serlo: se autodoctoró para una campaña electoral. Falseó su currículo, presentándose como doctora, cuando tan sólo había asistido a un curso de doctorado, pero ni había hecho la tesis ni, por supuesto, la había leído ante el tribunal.

Otros currículos engordados o falseados

En fin, que la lista es inmensa, pero terminaremos relatando aquí sucintamente otros casos significativos que también sonaron en su momento. Como el de Bernat Soria, otro ministro de Rodríguez Zapatero, a quien se le atribuyó la falsa condición de decano de la Facultad de Medicina de Valencia.

O el caso de engordamiento curricular de Estela Goikoetxea, la joven que hizo de telonera de Susana Díaz en su presentación como candidata a la secretaría general del PSOE. O el de la actual alcaldesa de SantanderGema Igual (PP). Ambas tuvieron que reconocer que habían falseado su currículo, pero la ética funcionó de forma distinta en ambos casos. Veamos.

Gema Igual, del PP, no siguió los pasos de la socialista Estela Goikoetxea, la cual dimitió como directora del Observatorio de Salud Pública de Cantabria por haber inflado su currículum. La alcaldesa de Santander, sin embargo, que durante 14 años había falseado su formación académica, se resistió a dimitir y atribuyó a un “error sin mala fe” el título de “diplomada en Magisterio” que figuró en su biografía a lo largo de toda su carrera política… hasta que se descubrió el engaño y el título quedó en un consabido “con estudios en Magisterio”.

Gema Igual no dimitió ni cuando se descubrió hace unos días (el pasado 4 de abril), que Excavaciones Bedia, la empresa de su marido, Álvaro Bedia, fue adjudicataria en la construcción de los diques de La Magdalena. En definitiva, que en las últimas décadas ha habido casos muy sonados de personalidades políticas que han inflado, cuando no inventado, sus titulaciones académicas.

Y faltan por citar la dimitida ministra Carmen Montón y hasta el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, más conocido como el ‘doctorcito’. Pero es que hay demasiados casos… es imposible hablar de todos.

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