Si uno quiere acabar con el césar del centro derecha, debe ser consciente de la necesidad de lograrlo y saber que, en algún momento, uno puede acabar con su cuerpo político en brazos de Marco Antonio pronunciando hermosas palabras. Los Idus de marzo no le han ido bien a Abascal.
¿Por qué tan atentos al tercer partido? Primero, porque es la disrupción del viejo bipartidismo, reforzado en Castilla y León. reflejo quizá del envejecimiento relativo de la Comunidad –tercera en índice de envejecimiento- y, segundo, porque era determinante saber qué margen le daba la ciudadanía al PP para maniobrar.
Y digan lo que digan Abascal a ratos y los de a un fascal la hora en TVE, Abascal no está hoy en condiciones de ser especialmente gritón. Para verlo solo hace falta escuchar a quien hace dos años, Mañueco, propuso un acuerdo de gobierno desde el primer día y hoy solo acuerdos de legislatura. También, Abascal ha dicho, ahora, que habrá tres gobiernos. Ya no se habla de repetir elecciones en Extremadura. No obstante, cabe dudar de que en Bambú haya alguna sombra de inteligencia o de humildad, veremos si hay tres gobiernos o zascandilea hasta las andaluzas, con cualquier pretexto.
Por cierto, permítanme señalar una paradoja: un 35% en la Comunidad más conservadora de España es un éxito y un 40% en la más de izquierda de España (Extremadura) es un fracaso. Paradoja de la que cabe deducir dos cosas: las trampas de los sistemas electorales y el valor del ciclo político. A Abascal se le pasó el pico electoral poniéndole cara de vicepresidente al tal Gallardo.
Hay varias explicaciones para el lío de Abascal, por cierto que fue el único que soñó un 20%, la media de las encuestas era más o menos lo que sacó. Hablando de encuestas: no; Tezanos el certero volvió a fallar: sobrevaloró al PSOE, minusvaloró al PP y a Vox (el tramposo, otra vez, sesgo de la muestra). La primera, con un voto valido similar al de hace dos años, esperaba robar al PP y regionalistas hasta cinco escaños. La razón de que esto no se haya producido es, probablemente, la sensación de inestabilidad que se ha generado en Extremadura, especialmente.
El radicalpopulismo a la izquierda del PSOE han tenido, por una vez, razón: ellos pararían a la extrema derecha. Lo han hecho de forma brillante, como suelen: enviando sus votos al PSOE. Como ya hemos dicho aquí más de una vez, el “No al guerra” no lo entendieron los estrategas populistas: el PSOE, sin guerra, hubiera bajado dos puntos, y Abascal hubiera mejorado sus restos cara a la Ley D’Hondt. A pesar de lo que pueda pensarse no ha sido Alvise el culpable; de hecho, entre las europeas y ayer, Alvise ha perdido 17 mil votos que es lo que, prácticamente, ha ganado Vox.
Otros dos factores han desmovilizado al electorado potencial de VOX: la defensa del antipático Trump, no es este país para matones norteamericanos, y la experiencia con Vox tras las elecciones anteriores, un poco penosa.
Hay una confusión estratégica en VOX sobre su electorado castellano y leonés: el mundo rural ha mantenido el peso del PP y los votantes más jóvenes tienen en las ciudades relevantes de Castilla y León menos peso que en otros centros urbanos.
En ese contexto, el PP no solo ha sostenido su voto, sino que ha aumentado su distancia sobre VOX (4%), casi el doble de votos, y sobre el PSOE (3,4%). Los socialistas han perdido las elecciones por más distancia que las anteriores. El voto en las Cortes a las derechas alcanzan el 54% (56%, si se cuentan los que no obtuvieron escaño), la izquierda 30% en las Cortes (35%, si se cuentan los que no obtuvieron escaño).
“Salvar los muebles” no es estar más cerca de la alternativa. El candidato socialista, por cierto, quizá sea “antisanchista”, pero lo designó Cerdán, ha dibujado una estrategia: la repetición electoral. Un absurdo político: el electorado penaliza a quién busca repetir elecciones.
Los socialistas salvan una foto, pero adquieren un problema: nada que pactar a su izquierda. No es un problema de división: juntos tampoco hubieran salido, por más que las rupturas penalicen. La selección de discursos políticos y liderazgos parece manifiestamente mejorable.
Tienen un problema, primero, si el PSOE se radicaliza y podemiza ¿para qué sirven? El segundo es que defender políticas de izquierda, salir del venenoso asistencialismo prescriptivo y de la actitud de izquierda caníbal igual ayudaría. Hay que recordar que las generaciones más jóvenes del podemismo han crecido y, más aún, que consideran que Podemos les traicionó. Un 15- M se lo dio y un 15-M lo quitó.
El problema para el PSOE es que la recuperación de ese espacio va a estar trufado de la tentación de radicalizarse para ganar identidad. El primer debate que tendrán: ¿Saldrían del gobierno todos, excepto, naturalmente, la “oscarizada” vicepresidenta que no pinta nada? Tras reflexionar los unos contra los otros y quitar de en medio a alguien, no lo acordarán: hay muchos “incentivos” para quedarse, ustedes me entienden. Nos dirán que se quedan por el fascismo y eso. Pero corren notables riesgos: contaminarse socialmente como agentes de populismo “sanchista”. Tiempo de enredadores al que concurrirá Rufián, seguro.
Tenemos un periodo de negociaciones por delante, Abascal ya no tiene tanto tiempo y está más débil que hace unos días. Las líneas que hoy marcaba Feijóo son las que pondrán Guardiola y Tellado encima de la mesa. No creo que los lideres de Abascal en Aragon o Castilla y León enreden mucho. So pena de que se los fumiguen desde Bambú. Abascal se lío en los Idus de marzo, veremos si sigue en ello. Los de izquierda deberíamos prepararnos: las guerras acabarán y las derechas gobernarán: con TVE y los de a un fascal la hora no da, no da. Al populismo radical, que tiene ya más tertulianos que diputados y diputadas tampoco.



