Hoy, además de viernes, día en que el blog nunca se empieza hablando de cosas sesudas, es festivo. Y como cronista “suyo que soy, les debo una explicación y esa explicación que les debo se la voy a pagar”. ¿Por qué ayer titulé mi crónica citando una ópera y hoy a Stendhal, un escritor, además francés?
Ésta es la explicación: fui un niño maltratado por sus profesores, como ustedes: estimados “boomer”, desde mi generación hasta la llegada de la salvífica EGB, fuimos maltratados, obligados a lecturas literarias que nos sometían a infinitos viajes al diccionario, a complejísimas frases de más de treinta palabras. Páginas completas de El Quijote. Intolerable.
Una madre relataba en El País lo mucho que la actual educación woke, protectora y reparadora de agravios históricos, ha hecho por nuestros nietos y sus hijos: el profesor anunció que los niños, y niñas naturalmente, -12 años- debían pasar una prueba sobre Platero y yo (Juan Ramón Jiménez), pero que no debían preocuparse: estaba “adaptada” para niños (y niñas naturalmente). Imaginen: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos…” (dos versos y dos sílabas).
Si fueran tiempos de la EGB, la adaptación sería sencilla: “Subraya la palabra algodón y discútela con los compañeros”. Hoy requiere más trabajo docente: primero, hay que explicar qué es; segundo, reducir la extensión de la frase, muy larga, para mejorar su comprensión lectora; después, librarnos de palabras que remitan a pretéritos incorrectos (algodón remite en el imaginario social a personas racializadas y esclavizadas). La cosa quedaría así: Platero era un burrito, un caballo pequeño, más o menos, con la piel suave. Reúnete con el grupo y cuenta las sílabas.
Y nosotros, leyendo El Quijote y citando a Stendhal: reclamemos una comisión encabezada por el defensor del Pueblo para recibir la oportuna indemnización por las prácticas que nos condujeron al fracaso.
¿Esperaba yo, en ese contexto, que el señor Koldo García que hizo la EGB con esfuerzo hablara como Stendhal? Hubiera sido impropio, innecesario y reputado como clasista. Si lo cito no es solo por señalar el inhumano trato a que se nos sometió a los “boomer” sino, también, porque un avispado crítico de la época dijo sobre Stendhal que no sería reconocido, pues se expresaba como un portero (concierge).
Si Koldo hubiera hablado como aquel portero, en lugar de informarnos de la foto de una de las aliviadoras de las notables cargas del ministro, de la mercantilización de la belleza que tanto estimaba el prócer o de “chistorras” podría haber dicho, de forma algo mordaz: “Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero”. Oiga, quien dice periódico, dice el programa de Intxaurrondo o la cofradía de las manos quemadas.
Pero no estábamos ante un portero. Estábamos ante un “ornitorrinco”, según nos informó la abogada del Sr. García. No deben tomárselo como un insulto ni del cronista ni de la abogada. Haciendo referencia a que el citado bicho mezcla características de mamíferos, aves o reptil, se sugiere, en los tribunales, que el procesado puede ser al mismo tiempo denunciante, cosa que no suele ser normal.
Podría haberse explicado mejor la letrada, seguro que existe una expresión jurídica al respecto que hubiera entendido el tribunal, pero la señora ha tenido mejores juicios y mejores momentos. O sea, que prefería que el procesado hablara poco y denunciara mucho, aunque sin pasarse, cosa en la que dudo que tuviera mucho éxito.
Como decía un analista, a los cinco minutos de la intervención del teniente coronel Balas ya llevaba el Sr. Koldo quince años de condena. Puestas así las cosas, decidió confesar delitos por los que no se le perseguía exactamente o que podía haber negado: nadie había reconocido las “chistorras”; nadie había reconocido que se pagaban más de mil euros en metálico (blanqueo, si lo hacemos usted o yo), reconoció infiltrar gente en empresas para perseguir yihadistas, debería ser cosa discreta imagino, reconoció participar en compras para las que no tenía legitimidad y una serie de cositas más.
Por si poco fuera, colocó al PSOE en peor situación en la que estaba antes de su declaración, ignorando que difícilmente, en ciertas materias, se puede salvar al secretario general si se condena al partido, pagos en B, mediante.
De este juicio, “verdes las han segao”, no podrán derivarse complicaciones a los socialistas realmente existentes, pero que puedan ser derivadas a otras causas y otras salas o que les hayan abierto camino a investigaciones periodísticas que estaban bloqueadas no les quepa duda.
Hay que señalar la escasa sofisticación de las prácticas del señor García, a las que al parecer Ábalos no prestaba atención, mientras se “relajaba” de sus múltiples marrones. Las técnicas de cobros, pitufeos y blanqueo tampoco parecen acordes con la ingeniería financiera del siglo en el que vivimos. No soy partidario, especialmente, de la modalidad del “bribón glamour” -que ha dado grandes personajes literarios, por cierto-. Pero habida cuenta de que más que asesor era gestor de cosas públicas, se agradecería un poco de “golfería modernizada”. Quizá aquí nos ayude la IA, ya que tengo escasas esperanzas sobre el cambio de prácticas.
Ciertamente, en el juicio, funcionó mejor su parte “ornitorrinco” que su parte de búsqueda de inocencia. Su propia abogada tuvo que recordarle lo que se jugaba. Lo más probable es que queriendo defender a su socio haya acabado perjudicándoles a los dos. Ya solo espero que la deposición de Ábalos nos produzca algún síndrome Stendhal, una parálisis ante la belleza verbal se nos viene, seguro.



