El susto de PISA (2): prescindiendo del cuñadismo

Les contaré la breve historia de un vermú en una mañana de verano. Dos contertulios, él y ella. Mi historia es que supe que en una serie de la que éramos devotos (V, 1985, TVE, se ofrecía los sábados por la tarde) un capítulo emitiría el parto de una mujer pariendo un lagarto. Prohibí el capítulo; me parecía que no era bueno que la primera imagen de un parto de mi hija fuera una monstruosidad. Naturalmente, mi hija (seis años) se enfadó. Año 2000, Gran Hermano: logré, para irritación de mi hija pequeña (13 años), cancelar el primer año; me parecía, también, poco adecuado. Ella se molestó, un año después fui derrotado.

Ahora llegan los “cuñados” –no eran pareja, ni de mi familia-. Ella era de la secta del “wellbeing” (bienestar emocional) y sostuvo que mi celo de censor había producido, con seguridad, frustración en las niñas. Él, de la secta “para eso pago impuestos”, afirmó, que su familia no se ocupa, que es cosa del colegio, naturalmente público. He aquí dos ejemplos de “cuñadismo”.

En mi primera nota ya señalé donde veo el problema fundamental. También que el informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) explica múltiples factores, lo que obliga a tres cosas: leerse el informe, estudiar la correlación de los rendimientos educativos y estos factores y, si la correlación es relevante, no confundir correlación con causalidad.

Pretendo, antes de darles mi opinión sobre la situación específica de España en el proceso de “desalfabetización” global, identificar los varios “cuñadismos” que pueden afectarnos. El “cuñadismo” educativo tiene distintos signos, según la secta a la que los protagonistas pertenezcan, pero coinciden en lo mismo: mantener viejas doctrinas muy ideologizadas e ideas preconcebidas, superadas por la realidad y el conocimiento científico.

No sé si la ministra es una “cuñada”. Debo confesarles que no he conseguido entender a la tal Tolón ni lo que ha dicho. En ausencia de su liderazgo, acudió a llenar el hueco el prescriptor populista habitual, que ahora puede ubicarse lo mismo en el PSOE que en el ámbito radical: “El Informe PISA se explica con tres claves: dinero invertido por alumno; ratio de profesores por estudiante y privatización subvencionada y segregación racial encubierta por la concertada” (8 de septiembre). Un completo.

El asunto de la inversión no es difícil de rebatir con los resultados del propio informe: España tiene más financiación por alumno que Estonia y peor resultado. Las Comunidades autónomas gastan el 28,1% de sus presupuestos en educación (por cierto, por encima del peso que el gobierno ha concedido en el sistema de financiación). Madrid es la Comunidad con menos financiación por alumno y obtiene notables mejores resultados que el País Vasco, el de mayor inversión. El País Vasco también es la zona europea con mayor uso digital para aprender en la escuela y peores resultados.

Igual la cosa de la lengua… ya saben. Igual la trampa catalana tiene que ver con excluir colegios por esa razón o el declive valenciano con las políticas de inmersión. De la desaparición del paraíso finlandés y la victoria asiática no hablamos, por ahora. La realidad es que, a partir de un aumento de inversión por alumno, el valor añadido en rendimiento es irrelevante. También hay que decir que en coste en profesorado llevamos camino de ser los primeros de Europa. La batalla no es el salario, es el apoyo o la climatización.

Con las ratios pasa algo parecido: se han reducido notablemente. El índice en España en la pública es 10; en Singapur, la primera, es 19. Por cierto, la ratio es mayor en las concertadas que en la pública, o sea los rendimientos debieran ser menores.

Corea y Japón que nos superan tienen a todos sus alumnos en educación privada. Sobre el asunto de la privatización y las concertadas tampoco la titularidad es relevante: “No puede considerarse un factor causal del rendimiento”. Lo es la condición socioeconómica de la que luego hablamos. La mayor presencia de educación privada (se incluye la concertada) está en País Vasco, Madrid, Navarra y Castilla y León. En el norte, los resultados son malos; en el centro, mejores.

La diferencia entre alumnos de la pública y concertada, inferior a la de la OCDE y la Unión Europea, puede ser de un curso, pero esto se debe más a la situación socioeconómica y ubicación territorial. Quiero decir, si usted vive en el barrio Salamanca, en Madrid, puede venirle bien un público y un concertado si vive en Entrevías.

Los cuñados de otra secta reproducen sus viejos mitos: igualdad a la baja, inmigración y debe repetirse curso más. En realidad, a efectos de rendimientos son tres “cuñadismos” evidentes.

España es más igual que la OCDE y la Unión Europea. Y los rendimientos tienen menos dependencia respecto al origen social (es la “pendiente del gradiente socioeconómico” por si leen un papel y no se sitúan). PISA elabora un Índice Económico y Sociocultural (ISEC). Se ha interpretado, a veces con alegría, a veces con ira, que la caída de rendimiento ha sido más alta en los mejores niveles socioeconómicos. La verdad es que la distancia entre el mayor y menor polo socioeconómico es de dos cursos y medio. Lo que debería hacernos reflexionar sobre las becas: no es cantidad, es destino.

Hay sistemas educativos con porcentajes elevados de alumnado inmigrante que obtienen resultados excelentes. No es el caso de España. Lo importante no es la inmigración: son las condiciones lingüísticas y las económicas y educativas asociadas. Y sus capacidades vitales. La situación española nos ofrece análisis para dos posibles situaciones (la integrada y la no integrada en el sistema).

Por último, eso de que las criaturas tienen que repetir más cursos no puede ser una afirmación general. La evidencia internacional apunta en la dirección contraria y, en consecuencia, a las insuficiencias de apoyo en el aula. En España, “el alumnado que no ha repetido obtiene, en promedio, 100 puntos más en ciencias, 95 puntos más en lectura y 96 puntos más en matemáticas que el alumnado repetidor. En las tres competencias, las brechas españolas superan las registradas en la OCDE y en la Unión Europea” (Informe PISA). Volvemos al principio: no importa el gasto, sino en qué se usa.

El “cuñadismo”, la batalla cultural y las sectas tienen dos grandes apoyos. Primero, los expertos que cambian súbitamente de opinión antes de comprobar si son certeras. Por ejemplo, uno de los profetas, esta semana, del apocalipsis vasco, decía en 2034:” El debate de la bajada de nivel en los estudiantes es falso, inútil e interesado” (El País, 03.09.2024).

El segundo: el de los medios de comunicación. Para salir en una radio o un periódico debiera ser obligatorio conocer un programa educativo y los currículos que estudian los chavales (por cierto, dependen del Estado no de las Comunidades Autónomas ni de las concertadas). El abajo firmante cumple la condición: soy la academia de mis nietos. Por cierto, con la señora que redactó la ficha de la conquista de América, de quinto de primaria, tengo que tener unas palabras. Prescindan del cuñadismo, me lo agradecerán.

 

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