La botella del butano subió ayer un 4,5% (por encima del IPC). Es el mejor indicador de los dos efectos de la inflación: la crisis energética se extiende y son los sectores más vulnerables quienes lo sufren (los mayores consumidores de butano). En los últimos tres años, el butano ha subido un 22,7% (el IPC ha subido el 31,6); en los últimos siete, un 44,9 (el IPC, 31,6). En los últimos siete años el salario real prácticamente no se ha movido. Si a esto le suman que las medidas de vivienda adoptadas por el gobierno son para proteger a insiders, los que ya tienen contrato, y okupas, entenderán quién va a pagar la inflación, en primer lugar.
En mis tiempos de campus universitario una pintada apareció en una pared: “Todo el dinero es falso”. La pintada fue fugaz; el responsable de limpieza municipal no estaba para investigar escuelas económicas. Tampoco creo que el anarquista que firmaba la pared fuera de la escuela austriaca (el dinero es un pedazo de metal fraccionado que crean los bancos). Pero no nos despistemos del asunto. Señor y señoría mía, miren su cuenta, monedero o cuerno de la abundancia: crece la parte de su dinero que no sirve para nada, como si fuera falso.
La situación económica es ya la primera preocupación de la gente. Cosa que parece amenazar el discurso económico que el socialismo realmente existente pretende organizar, como alternativa a su desastre en Ceuta. Los analistas están generando un consenso sobre una subida en los próximos meses que dejará la media anual el IPC en el 4%, con nueva subida (4,7–4,9), al menos en septiembre. Funcas y BBVA Research convergen en la predicción.
A la energía y los servicios, para sorpresa de casi nadie, se suman los alimentos y costes industriales. La crisis alimentaria se venía anunciando no solo por la crisis de Ormuz, se añade la sequía europea y los efectos en los mercados de cereales de la guerra de Ucrania. Es decir: sin duda el problema de los precios es global, pero como siempre, la situación de España es peor. Por cierto, si ustedes quieren compararse con Europa, el IPC no es el 4,3 anual, sino el armonizado: 4,6% (un problema de competencia con el exterior del que podemos hablar otro día).
Los efectos individuales serán evidentes: descenderá el salario real, aumentará la cuña fiscal, debido a que aumentarán las recaudaciones fiscales y cotizaciones sociales. Sumemos potenciales efectos en el empleo de cierta retracción del consumo y que la subida de salario mínimo que se nos viene afectará a las cuentas de explotación y, si se mantiene su exclusión fiscal, aumentará el tipo de las rentas más próximas al SMI.
Amigas y amigos, ésta es una economía que ha vuelto a indexarse, a vincularse al IPC, cosa que habíamos abandonado en 1977 con CCOO y PCE, al frente (Pactos de La Moncloa). El estado asistencial y de clientela política no es el estado de bienestar: la expulsión de clases medias del mercado, con efectos de distribución en la carga fiscal, produce insostenibilidad.
Los efectos sobre las cuentas públicas son predecibles: pensiones, ingresos mínimos, subvenciones, financiación autonómica (vía reforma -25 mil millones – y aumento de recaudaciones estatales de impuestos que aumentan el cálculo). La actualización de las pensiones, suponiendo, en el momento en que se calcula, una inflación anual del 3,5% rondará entre 7 y 8 mil millones de euros. Para que se hagan una idea, es lo mismo en un año que el Gobierno ha previsto gastar en vivienda en los próximos cinco: si quieren hacer la lista de futuros indignados ya pueden empezar. Todas las rentas públicas seguirán la misma senda. El heredero del legado de Sánchez ya se puede ir preparando y los que paguen impuestos, también.
Pero no crean que aquí acaba la cosa. Señoras y señores, de los mismos productores de “todo el dinero es falso” les presento “toma el dinero y corre”: nuestro próximo dolor de cabeza, la deuda pública. Éste si es un problema global.
La inflación es una forma de impago de la deuda (los prestamistas obtienen menos rendimientos reales de los esperados), por eso a los gobiernos no les molesta mucho los precios cuando están endeudados. Como consecuencia, los prestamistas piden más intereses. Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia han alcanzado niveles históricos, también España. En Paris, la izquierda (Melenchon) ya ha formulado la propuesta que cambiará el mundo: suprimamos la deuda que tiene el Banco de Francia y El Banco Central Europeo. Fetén. Si no hay deuda, no hay que pagar. Los que deben hipotecas, esos que paguen, son ricos. ¡Por Dios, qué castigo!
Trump paga el 5% de interés en bonos a diez años. Reino Unido 5,33; Francia, 4,5; Italia, 4,4%; España, 4%; Alemania el 3,6%. Para que se hagan una idea. Desde la pandemia, USA paga 3 veces más; Reino Unido, 5 veces más; Alemania, 19 veces más; Francia, 22 veces más; España, siete veces más.
Los líderes de estos países, incluido el nuestro, no creían que el dinero fuera falso; creían que el dinero sería gratis para siempre, los bancos centrales se lo hicieron creer. La voracidad del gasto fue incentivada, los reducidos márgenes presupuestarios crecientes, los costes de la energía se dispararon por las guerras, la inflación, el gasto militar y los devoradores de dinero de la Inteligencia Artificial han elevado el temor de los inversores (igual en una parte de la IA donde hay menos liquidez esto tiene algo que ver con recientes historias, pero eso se lo cuento mañana). Todo muy elegante y, menos Trump, progresista.
Estos tipos de interés, más allá de los que fijen los Bancos Centrales que con esa escalada de precios aumentarán, son los que se trasladan a hipotecas y créditos. España pagará de intereses 48 mil millones de euros al año que viene, que serán 60 mil, dentro de tres años. Buena parte de la deuda española esta renegociada a largo plazo, lo que impide problemas, por ahora, con la prima de riesgo. Lo que hace difícil es que haya más dinero en el mercado. Es decir, allá las generaciones futuras. No sé si me entienden cuando hablo del legado. En suma, mis estimadas y estimados lectores: miren su monedero, su dinero es falso.



