Tres izquierdas, dos gobiernos, dos decretos y un follón perpetuo

Foto: Podemos

La cadena SER ha acudido a lo importante: confirmar con el relojero de la Puerta del Sol que el reloj toca los cuartos como toda la vida. Resuelto algo tan transcendente, tras la decepción de no poder decir nada contra Ayuso, la cadena iba a llamar a TVE, al de un fascal la hora, para que demostrara que la empresa del desahucio de marras era un fondo buitre “internacional”. Pero no pudo porque estaba el hombre entrevistando a una activista de izquierda que tiene pensión y vivienda propia en Extremadura y ha disfrutado ilegalmente, durante más de una década, de una vivienda de alquiler social que no ha pagado y de la que le quieren echar.

Solo tengo una opinión al respecto: el problema es lo suficientemente grave y tiene dimensión suficiente como para no tomarnos el pelo con espectáculos de demagogia. Hace años que se escribe de vivienda en este blog. En las dos últimas ocasiones se señalaba que esto no era un 15-M y como la movilización venía a certificar el “pensamiento Alicia” aplicado a la vivienda. La situación de la vivienda es el resultado de políticas demográficas y de habitabilidad que de izquierdas no son (dicho aquí el 7 de enero). Para no aburrirles con mis conocidas opiniones aconsejo la lectura de la entrada de ayer en el blog costedeoportunidad.com.

El tránsito del estado del bienestar a la política del subsidio ha expulsado a los vástagos de clase media al mundo de la radicalización y los rasgos antisistema. Por cierto, la mayor parte de estos afectados no están en la Puerta del Sol, sino en jardines más disruptivos respecto al sistema político.

Las políticas de vivienda han acabado con el estado del bienestar en dos dimensiones. En primer lugar, se ha elaborado política para “insiders” (los que están en el mercado: okupas y gente alquilada), mientras se crean barreras para nuevos (desaparición de viviendas del mercado de alquiler, precios, selección agresiva de arrendadores, etcétera – cuidado con el futuro de los vulnerables, con riesgo de que la regulación les condene a la infravivienda-). En segundo lugar, los costes de estas políticas no han caído, como es propio del estado del bienestar, sobre la generalidad de la población, sino sobre clases medias y pequeños propietarios.

Estas políticas públicas han estirado las costuras de nuestro comportamiento democrático. El desahucio de Maricarmen Abascal, inaudito, inaceptable e indigno, ha facilitado un botón emocional que convierte en decretos (2) al “pensamiento Alicia”. Hay algo perverso en el recurso a un mecanismo de hacer leyes que ignoran el trámite legislativo, pero lo hay más en convertir la exposición de motivos en una pieza de “storytelling” o en un mitin. Hoy hemos convertido a Boyer y Borrell en franquistas, machistas, retrógrados y especuladores (de ellos es el final de las rentas antiguas). El decreto, por cierto, requerirá más corrección de errores que páginas tiene y mañana vemos los detalles

Legislar mediante presión de clientela potencial y de forma emocional siempre ha sido un error que conduce a excesos. El follón responde a una situación dramática que es producto de la existencia de tres izquierdas que no han elaborado nada en ocho años, que lo que han hecho va en dirección contraria y que, ahora, necesitan competir electoralmente, repartirse los restos del naufragio, en un universo electoral que se ha reducido. Hay quien lía un problema por principios ideológicos en los que honestamente cree y quien lo hace por cálculo político; estos son los peligrosos. Y algo de esto ha ocurrido ayer. Si tenemos dos gobiernos, dos ruedas de prensa y una oportunista segunda presidencia, convocando manifestación contra el gobierno al que pertenece, es por puro cálculo electoral.

La movilización de un grupo de presión, legítima obviamente, se ha convertido en una maniobra política del socialismo realmente existente para comprometer a las otras izquierdas en lo que no creen y que, dada la naturaleza de su electorado, pueden sufrir costes elevados. Sánchez ha logrado crearles un lío, organizar distracciones y dejar herencias perversas políticas y en un mercado de vivienda que amenaza con desaparecer. Se puede gestionar la escasez satisfaciendo a un grupo o a otro. Pero o se construye un millón de viviendas o el conflicto social será perpetuo.

El debate ha mostrado lo que siempre supimos: la mayoría progresista parlamentaria era una ficción desde el principio. Un simple sindicato para salvar los intereses de Sánchez y de Junts. Esa inexistencia la pagará el segundo decreto y con cuidado no pague, también, el primero. Por ejemplo, lo de pagar al casero que sufre impago ya existe en Cataluña: no está pagando, porque, no tienen presupuesto. Aquí tampoco. En realidad, Junts debe decidir si se suicida rápidamente (Orriols se queda con los propietarios) o lentamente (sostiene a Sánchez, mientras Orriols le quita el electorado).

La movilización nos advierte de que estamos en un conflicto de izquierdas entre Podemos y Más Madrid, fundamentalmente. La gente acampada no espera al PSOE, que es más de propietarios. La duda en ese espacio es, si permiten, que Sánchez le arrastre al conflicto con las bases que Irene Montero lleva meses radicalizando y que Más Madrid corteja.

Pero la perspectiva del follón es obviamente electoral: la calle será el elemento que dejará el legado de Sánchez, hasta las elecciones y más allá. Pero será, también, fruto de la frustración de los movilizados. El problema no se resuelve a corto plazo, no se está siendo sincero con ellos. Y las barreras de entrada al mercado persistirán e incluso se agravarán. Una situación que puede deteriorar más el mercado hasta hacerlo inviable. Un mercado ya castigado por la inseguridad y el riesgo de abandono de inversores. Sánchez se reúne con los fondos buitre para que le compren la ingente deuda o los molinos de viento, casas ya no.

El contrato eterno tasado es la gasolina que sostendrá el discurso del conflicto. Da para un estudio detallado que haré otro día, pero Boyer y Borrell (con Mangada y todos los concejales de urbanismo del PCE en el 79) no eran franquistas y machistas malvados. Sin esa desaparición de la renta perpetua hubiera sido imposible rehabilitar los centros urbanos, generar vivienda de calidad, movilizar inversión y permitir que se ocuparan espacios urbanos que sustituyeran a la infravivienda. Todo es muy complejo, el follón va para largo y las tres izquierdas han llegado tarde, por mucho que llenen una plaza.

 

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