Hoy la muerte fue en Urda. Hace once meses fue en Adamuz. Fue entonces cuando se tituló así mi crónica. Es la primera vez que, en 17, años se repite un titular. ¿Por qué? Porque es lo mismo; es el puñetero desastre de una infraestructura que estaba en vigilancia: la misma línea, la misma desidia en la reposición, la misma reconversión, las mismas venalidades. Porque, en realidad, estamos hasta los mismísimos.
Éste es el legado que nos dejan los últimos siete años de la alta velocidad española: un responsable político en la cárcel y el otro que pone, a la hora que esto se escribe (15.58 horas del 28 de octubre), 114 muertos (son 68 en Urda, 15 en código rojo y 25 muy graves; o sea, serán más en cuanto desaparecidos y heridos graves sumen a la dramática contabilidad).
Paseamos por Huelva, hablamos tras aquel accidente con la gente. Puedo imaginar la angustia y el dolor de hoy en las familias de las víctimas y los supervivientes de Urda. Un irremisible pesar para el que no hay explicación y, para el que, con toda seguridad, no habrá responsabilidad expresada ni reconocida. Algún currito pagará el pato.
Es el momento del dolor, pero es inevitable preguntarse: ¿Quién está a cargo del ruido del tren?
“Quién manda en el ruido del tren… retraso en el cruce… y, ahora, veinte minutos más tarde… Cien corazones laten plácidamente… sin saber que su guardián se ha ido… Y las señales brillan a través de la noche en vano. La muerte está a cargo del tren traqueante”. En la película Dark hour, traducida en España como El instante más oscuro, el actor Gary Oldman, interpretando a Churchill, recita el poema de Edwing Milliken, publicado en 1890, a raíz de un accidente ferroviario.
Sobran las palabras, sí, solo cabe el dolor, sí. Pero tenemos un deber con las víctimas. Los accidentes son accidentes, pero la reiteración los convierte en un patrón peligroso. Pero se nos habló de la ínfima probabilidad de que el accidente de Adamuz se repitiera. Pues aquí está. Y entonces, quién está a cargo. Han pasado meses sin que sepamos que pasó en Adamuz, pero ya sabemos, qué rapidez, que el Centro de Control (escrito a las 15.09, 28 de octubre) se ha liado. Lo ha dicho el ministro que gobierna como tuitea. Hay que señalar a alguien, de esto va.
Miren, lo dije cuando lo de Adamuz, no tengo la menor idea de ingeniería ferroviaria. Sí de transparencia y de responsabilidad.
Para los que han tardado en echar la culpa al capitalismo, la liberalización y otras zarandajas, sepan que la red española tiene menos tiempo y viajes de uso que nuestro entorno. Para el que gobierna como tuitea y que ha empezado diciendo que a las 9.40 estaba en el centro de emergencia, que sepa que sus videos en un evento son más allá de las diez y media. No necesitamos que mienta, tampoco que pondere las virtudes de Lula (tuit a las 9.08). Veintitrés minutos después del accidente el Uno dice en las redes que hay que responder con humor a los “hater” y que hay razones para el optimismo.
¿Cómo ha vuelto a pasar? ¿Por qué? Ésas son las preguntas que nos haremos a lo largo de la tarde y durante meses. El ministro que gobierna como tuitea no es responsable, faltaría más, ha encontrado a un funcionario que la Guardia Civil ya ha interrogado (información a las 15.31 h.). El ministro que gobierna como tuitea dice que es incomprensible. Una infraestructura como esa no permite cosas incomprensibles; nos miente, simplemente.
Francamente, se me da una higa el ministro que gobierna como tuitea. Sé que los cantones de seguridad no han funcionado (el tren recorre veinticinco kilómetros sin que nada lo detenga) parece incomprensible que solo un hombre sea responsable. No nos vamos a enterar a corto plazo. Dejémoslo.
Nuestro problema como ciudadanía ya es otro: no sabemos quién está a cargo de nada. Nos ocultan nueve potenciales apagones; no sabemos quién está a cargo de nuestras fronteras, se ocultan todas nuestras vulnerabilidades. Sabemos quién hace bromas sobre los trenes en la televisión, quién fabula y da medallitas sobre la velocidad a los 350 kilómetros hora que nunca existieron. Nuestro problema es que los gestores ignoran qué pasa en nuestras infraestructuras.
El Uno sostiene (15.46) que se sabrá y se responderá porque se reconstruirá la confianza en el sistema de alta velocidad y que será contundente, faltaría más. El Uno siempre es contundente. Con un poco de suerte ya nos darán información de los dos accidentes. Seamos optimistas, naturalmente. Uno ya no sabe si desea explicaciones o que se callen, o que el que quiera que las pida.
Vale, es una crónica de cabreo, con menos adjetivos de los que me salen de dentro. En la misma vía, 114 personas, a estas horas, muertas en menos de un año. Un récord para el legado del país con más muertos por usuario en nuestro entorno.
Hay demasiados fallos en cadena. Pero nadie está a cargo del ruido del tren. Ignore al uno y al que gobierna como tuitea. Guárdese la ira, piense en las víctimas, deje el optimismo para otro rato.



