Al fin, mañana ya no será “friday”

Ésta, como todas, ha sido semana de enjundia. De los presupuestos a sus colaterales, sea el euskera para la chavalería navarra o salvar el negocio de Roures, con la cosa del catalán en las plataformas. Hay otras cosillas, como eso de que no se investigue si en Baleares hubo abuso de menores y cosas parecidas.

Pero hoy es viernes y como llevan ustedes con el cronista más viernes que con Noah Gordon, lamentablemente fallecido, sabrán que el jefe de la Clicktertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, nos tiene dicho que, en viernes, de cosas sesudas nada.

Los CEO de la radio aplauden y anuncian prima navideña (que conste que, una vez más, lo intento). Así que el cronista tendrá que hablar de lo que es importante.

Por fin, estimados y estimadas oyentes: mañana, no será viernes negro. Sí; hoy ha sido el “Black Friday”, pero para qué engañarnos: llevamos tres semanas en que todos los días es “friday”.

Yo ya les tengo dicho que me gusta que gasten. Por un lado, animan la economía y, por otro, pagan una barbaridad de impuestos y así hay subsidios posibles, eso sí más nominales que gestionados al día. Así que pónganse a consumir que se acaba.

Por si acaso no lo han notado, el cronista se lo advierte: no, las eléctricas, su banco y su compañía telefónica no practican el viernes negro, son más dados, qué diría yo, a la tortura.

Antes, las compras compulsivas no empezaban hasta ver cuánto dinerillo nos había sobrado, después del puente de la Constitución, fiesta del turismo interior. Pero, nadie sabe cómo ha sido, hemos pasado a practicar el día de rebajas en… Estados Unidos.

El cronista se he tragado lo del “jalogüin” ese (vale, Halloween), por la cosa de mis nietos y nietas, superhéroes y superheroínas, que necesitan vestirse en su condición. También, lo del día negro, porque los chinos me van a dejar sin suministro en Navidad, que me lo veo venir.

Pero, les advierto, por primera y última vez: me niego a comer pavo, con puré de patatas, salsa de arándanos y pastel de calabaza, para dar gracias porque unos indios norteamericanos enseñaron a cultivar a unos ingleses.

Aquí somos muy nuestros. Lo moderno es rechazar el colonialismo, no celebrar a Colón o a los navegantes españoles, expoliadores globales como todo el mundo sabe (modo ironía, ustedes me entienden). Pero, naturalmente, si es colonialismo cultural norteamericano, eso es fetén y moderno de la muerte.

A ver, hombre o mujer del Dios en el que ustedes crean o incluso descreídos: no; en el “Black Friday” no se ahorra, no se gana, no se ayuda a los minoristas.

No se ahorra porque el 73% de los productos han subido los días antes de bajarlos y, en general, son más caros que hace dos meses. No se gana porque ustedes se han empeñado en hacer ricos a Amazon. No se ayuda a los minoristas porque ustedes compran por internet y, cada vez, más cosas usadas en Wallapop. Los hemos descubierto.

Así que lo único que ustedes hacen es anticipar algunas compras de Navidad. Y entre la saturación de cachivaches, la pandemia y la falta de suministros, además, ustedes no compran tecnología, sino que se han lanzado a un fundamental cambio de hábitos de consumo.

Ustedes parecen haber decidido, dicen los analistas, despedirse de las pantallas unas horas. Toca, parece, el retorno a lo vintage. Los juguetes tradicionales vuelven a ganar peso en este 2021 frente a otras opciones. Menos videollamadas y más encuentros; menos juego online y más tiempo en la calle con la pandilla; menos tele en familia y más juegos de mesa.

Eso sí, se empeñan ustedes en no ir a las tiendas de toda la vida. Amazon informa que les están dejando sin existencias de Playmobil, SuperThings, juegos de mesa como el ¿Quién es Quién?, el Monopoly, o el baile del Twister. Se me van a acabar comprando la cajita de juegos reunidos Geyper y a la Barbie, qué me lo veo venir.

Son muchos los comercios que llevan un mes ofreciendo grandes descuentos en sus productos. Presumimos de previsión. Pero las tiendas físicas u on line han sido más previsores: han subido los precios antes del período de ventas, para que parezca que están ofreciendo una gran oferta. De media, los precios son un 48% más caros que hace un año.

Esta estrategia, en marketing, se llama “pricing”: hacer el precio. Si lo miran desde el lado del consumo significa hacer el idiota.

Pero nada, estimadas y estimados, ustedes se me ponen la mascarilla, llevan a mano el pasaporte COVID, por si falta hiciere y se me van de compras a la calle, dejen Amazon y Wallapop por unos días, señores y señoras míos.

Se acaba, al fin, mañana ya no será friday.

 

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