El ático de Marbella y Mossack Fonseca: los ‘papeles de Panamá’ ponen de los nervios a Ignacio González

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En España, el nombre del bufete panameño Mossack-Fonseca está sonando por dejar al descubierto a una buena cantidad de presuntos evasores de capital, pero, también, por la implicación de una de sus sociedades en el caso del ático en Marbella del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. Esos papeles -cuyo uso y disfrute lo tienen en exclusiva dos medios españoles, pagos de por medio- señalan que el ático fue de González desde el principio y que todo los demás no fue más que una pantomima.

El diario El Mundo, que junto a un periódico digital fue el primero en investigar el ático en Marbella del expresidente de Madrid, Ignacio González, ha dado a conocer en España unas declaraciones de Ramón Fonseca Mora, socio del despacho puesto al descubierto en los Papeles de Panamá, destapados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, en una entrevista en Radio Panamá el pasado 15 de marzo. Fonseca declaró que González -al que describía como «un político español»- era desde el principio propietario del ático de Estepona por el que está imputado.

Según ha recogido El Mundo, y El Satiricón trae aquí por ser un asunto que este periódico satírico ha seguido de cerca, Fonseca pasó a describir así el recorrido de la sociedad que aparece como propietaria del ático de Estepona, aunque sin nombrar a Ignacio González:

«Vendemos una sociedad en la que somos solamente agentes registrados a una oficina de abogados en Costa Rica (…). Esa compañía revende la sociedad a unos abogados en España. La sociedad en España, el abogado se la vende a un político; nosotros no tenemos idea de que la sociedad está en manos del político. El político nuevamente compra un apartamento; resulta que el político está ahora investigado».

La secuencia descrita en Radio Panamá -divulgada íntegramente de forma inicial por la cadena Ser– aleja al despacho Mossack Fonseca de las posibles irregularidades, pero sitúa al expresidente madrileño como verdadero propietario del inmueble mediante la adquisición de la sociedad que lo poseía.

La compañía que vende Mossack Fonseca es Waldorf Overseas Investment, que es a su vez dueña de Coast Investors, radicada en el paraíso fiscal de Delaware (EEUU) y que fue la que formalmente adquirió el ático de González. Según El Mundo, Waldorf Overseas tiene lo que se llama dos «suscriptores» (Dulcan Inc y Winsley Inc), figura que los investigadores describen como testaferros y que serviría para ocultar al propietario final. En el caso Ático se investiga si el propietario del inmueble fue desde el principio Ignacio González.

González, su mujer y el empresario y presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, están citados a declarar como imputados el próximo día 18 en el Juzgado de Instrucción número 5 de Estepona. La Fiscalía les atribuye posibles delitos de fraude fiscal, blanqueo y cohecho. Este último delito se ha sumado a la lista de imputaciones recientemente e implica la sospecha de que el ático fue la contrapartida por algún acto de corrupción.

En esa resolución en la que se acuerdan las imputaciones, la juez del caso ordenó reiterar la comisión rogatoria a Panamá para seguir el rastro de diversas cuentas bancarias vinculadas a la propiedad del inmueble. Pero ahora se imputa a González un delito de cohecho, lo que debería impedir que Panamá respondiera como lo hizo la primera vez: devolviendo sin cumplimentar la comisión rogatoria porque ni la evasión ni el posterior blanqueo son delito en su país.

Qué es un ‘paraíso fiscal’

Paraíso fiscal es una mala traducción del inglés Tax Haven, literalmente refugio fiscal. Se trata de lugares donde la creación de sociedades mercantiles es una de las principales, cuando no la única, industria del país.

Se llama ‘offshore’ a cualquier sociedad creada según las leyes de un Estado extranjero y cuya actividad se realiza fuera de la jurisdicción en la que está registrada. Por esta razón, el término se utiliza para denominar aquellas compañías creadas en un paraíso fiscal, donde no llevan a cabo ninguna actividad sino que aprovechan las ventajas fiscales y el secretismo de la jurisdicción.

Esas sociedades se utilizan también para abrir cuentas bancarias en otros países -básicamente en Suiza, pero también en otros países con secreto bancario como Andorra o Mónaco– a nombre de estas sociedades y que los beneficiarios últimos puedan ocultar su identidad para eludir así el pago de impuestos.

Las nuevas leyes antiblanqueo obligaban a los bancos de estos países a informar de los titulares de cuentas a nombre de una persona pero no si estaban a nombre de una sociedad, con lo que bastaba con crear una sociedad en Panamá, por ejemplo, para mantener oculta su identidad. De ahí la denominación de «sociedades pantalla«, puesto que su único fin era ocultar el verdadero dueño del patrimonio y no tenían ninguna actividad real mercantil.

Cómo se constituye una compañía ‘offshore’

Para crear una sociedad offshore, una vez establecido el contacto con los representantes del beneficiario, el despacho panameño provee los administradores para la compañías. En el caso de Panamá son suficientes tres administradores y un accionista (o dueño). Ninguno de ellos tiene por qué ser el beneficiario final de la sociedad.

Esas personas pueden así ejercer como ‘testaferros’ (literalmente, ‘cabeza de hierro’ en italiano), hombres de paja que se utilizan para que no aparezca el nombre del verdadero dueño de la sociedad. Despachos como Mossack Fonseca proveen este servicio, por lo que es bastante frecuente que un testaferro coincida en varias sociedades sin que este hecho implique, por sí solo, que haya alguna conexión entre ellas.

Aun cuando se conoce el nombre de los administradores de una sociedad, es muy complejo llegar saber quién es su dueño. Incluso conociendo el nombre de los administradores, no es fácil llegar al beneficiario final. Como en el caso del ático de González, suelen hacer falta requerimientos judiciales para descubrir quién posee realmente una compañía ‘offshore’.

 

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