Balas o Calviño

Lo del coronel Balas o la fiscal Lastra no pinta bien. Sus compañeros de mus y la cofradía de pescadores, la Academia de Magia Howard, la Filarmónica de Viena, usted y yo conocemos el futuro de la fiscal, no será renovada. En la UCO, tampoco lo será el teniente coronel Balas.

Tal y como viene funcionando el ministro de la cosa [Marlaska], experto en desaparecer cuando hay un conflicto o problema y en cesar guardias, sea o no ilegal, no hace falta ser profundo analista. Balas ha decidido acabar su mandato con notable fuego, cosa que le honra, encontrando dos líneas dominantes en el asunto de la vulneración de los derechos del ciudadano González, cuya relevancia que le distingue de cualquier otro defraudador es la señora con la que vive, que en este asunto no ha estado especialmente fina.

El jefe de la UCO será sustituido por un jefe tipo “no quiero líos”, como el que manda la UDEF (Unidad de Delitos Económicos y Financieros) de la Policía Nacional, antaño martillo de corruptos. Si ustedes se han preguntado alguna vez por qué no hemos sabido nada del asunto Berni es porque de eso se encargaba un agente canario de la UDEF, al que el jefe le dijo “no quiero líos”. (Gracias, Tito, contigo empezó todo).

Así que todo desaparecerá o las cosas pasarán, si Junts quiere, a depender de la fiscalía y las investigaciones de los guardias se desvanecerán como lágrimas en la lluvia. Quizá serán sustituidos por agentes colocados a dedo por los responsables políticos. ¡Policías militares disponibles, apunta Robles! Mientras Bolaños piensa en una plantilla de policía, por supuesto al margen de los jueces. Los fiscales con policía armada quedarán mucho mejor.

Balas ha pasado varios exámenes en el último periodo, los suficientes como para ser respetado, pero no caben los honores a quien no es “hooligan”. Los que amartillan ordenadores son malvados, los que borran teléfonos el día que son imputados son expertos en ciberseguridad.

La desaparición fáctica de la UDEF apunta el camino para la UCO. Ya se le ocurrirá a Bolaños algo. El ministro de la cosa dirá que sí: él tampoco quiere líos. Hay un notable capital humano en las dos unidades de la policía y la Guardia Civil. También una forma de hacer que se genera durante mucho tiempo. No debiera ocurrir que cuando gusta al poder sean buenos, y cuando no, “hacen política”.

No puede ser que una televisión pública avale que víctimas llamen asesino a un responsable político y le parezca deleznable que se llame cómplice a una ministra incapaz de hacer funcionar el Viogen.

Nada más “trumpista” que la intervención del gobierno en las policías o las agencias independientes. Nada más “trumpista” que un rubio o rubia interviniendo una agencia antes que poniendo un Balas independiente.

La exministra de Economía ha reconocido, a confesión de parte no es necesaria la prueba, que ayudó” al INE a calcular el PIB. Hay que ver qué facilidad tienen todos los ministros de economía del PSOE para dedicar un par de tardes a ayudar a sus conmilitones.

En realidad, lo que ha pasado es otra cosa que no es ayudar. Calviño presionó directamente al presidente del INE y pidió ceses de altos cargos. El objetivo era aumentar las cifras del PIB. El presidente dimitió “por razones personales” y la ministra nombró a una persona de su confianza y de La Moncloa: Elena Manzanera. A Trump no le gustaron los cálculos de la oficina de empleo y cambió a su responsable. La comparación con el “trumpismo no se la inventa el cronista.

La ministra ha estado un poco bocazas y, posiblemente, se ha metido en un lío. Su comportamiento va contra la legalidad. Y es algo que gusta poco en la Unión Europea. Mala cosa, siendo, como es, una eurócrata (presidenta del Banco Europeo de Inversiones). Experiencia tuvieron las agencias griegas cuando se descubrió su continuo ocultamiento de datos reales.

No se trata del PIB. Se trata de que se vulnera la presunción de la independencia del INE y, por lo tanto, la credibilidad se resiente. Para qué respetar la autonomía de los que hacen las cifras, si lo que se construye sobre la economía española son relatos, pensaba la exministra.

Es probable, seguro, que el PIB requiera actualizaciones en sus evaluaciones o composición. El propio instituto suele revisar sus previsiones. Las dudas sobre el PIB, sobre su fiabilidad, no son cosa pequeña. Si el PIB es más alto, la imposición parece menor, pero también pagamos más a la Unión Europea o la OTAN.

El PIB es la cuenta total de una economía, la cifra mágica, junto a la población, que permite compararnos con otros. Las metodologías de cálculo no necesitan de “ayuda” de los gobiernos: la oficina europea correspondiente organiza metodologías y supervisa su aplicación. Teníamos en España institutos y agencias de cierto prestigio que, ahora, se van debilitando.

Tenemos un CIS dirigido por un activista; un INE bajo sospecha; un Banco de España, dirigido por un exministro, que censura un informe anual porque el director de Economía no comparte el relato del gobierno y que debe dimitir. Una empresa de uranio es convertida en agencia de colocación y blindaje del gobierno. Puede el personal del socialismo realmente existente consolarse afirmando que son cosas de la derecha y la fachosfera. Pues ustedes que lo disfruten.

Una de las cosas que trajo la Unión Europea fue, precisamente, la autonomía del conocimiento y la regulación respecto a los gobiernos. Veo populismo en lo que hay a la hora de rechazar la cuestión. Pero no veo qué hay de izquierdas en hacerlo, francamente, con los resortes de poder que se tienen.

No me cabe duda de que la función pública asignada a estas agencias mantiene altos estándares de cualificación y ética, agredidos precisamente por estas prácticas. Pero, tampoco, de que tienen altos incentivos para tener miedo y, también, de que tiende a reforzar la populista idea de que debemos desconfiar de los expertos, de la ciencia.

Por debajo de las grandes ocupaciones institucionales, están estas pequeñas colonizaciones que nos llevan a invertir en centros privados de investigación, a recurrir a analistas de no siempre probada solvencia. A la fácil manipulación económica por el relato, nada más ideológico y vulnerable que el conocimiento económico, se une el dominio de las redes sociales sobre la mala comunicación de los institutos y agencias.

Lo mismo que se dice para la economía, puede valer para una investigación policial o para todos aquellos a quienes se les presentan incentivos para un “no quiero líos” que devalúe la función pública. Después de que Sánchez decidiera la inocencia del fiscal general, periodistas antaño muy escrupulosos y ahora muy próximos a La Moncloa han declarado hoy en tertulia que este juicio puede dejar tocado al Supremo. Pues eso, otro incentivo oportuno para no querer líos.

Casi todas las ciencias, no solo la economía, e instituciones requieren en su gestión de adoptar opciones. Ya saben, plomo o plata: Balas o Calviños.

 

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