La espada que guarda el caudal

La fontanera y Cerdán, Ábalos y Koldo. La familia y un ministro. El fiscal y un periodista con un dilema moral… Y, por encima de todo, la sabiduría del Uno. Tranquilos. Él, después de escuchar, después de ver, lo sabe: sois inocentes. “El castillo y la torre soy, la espada que guarda el caudal”. Él está aquí para defender a todos y a todas, desde la enamorada a los políticos “consistentes”, que tuvieron un día malo con los sobres, al parecer.

Sabed que, como sugiere ese bolero, su compromiso es peligroso: tiene como límite su resistencia. Si le priváis de resistencia, no os dejará mirar su “Tesoro”. Nunca lo tendréis, “basta con mirarlo”. Sólo él pasará a la historia. El Uno ha comparecido: ocupará la finca, sostiene, hasta 2027.

Ha perdido la legitimidad, no tiene mayoría, el socio que le regaló las elecciones que perdió le abandona, no escucha con atención. Al cronista cada vez más herido por el asombro diario no le importa, él es “el agua que mata tu sed”; o sea, que digan lo que digan, si él cae, los demás morirán junto con la sed.

Y si no nos apuramos, moriremos los demás con él. Sepan que lo que vendrá tras él será el abismo del partido. El poder único que nos preside, “sin concurso del legislativo” y declarando culpables e inocentes, porque él ha escuchado y ha visto, convierte a la democracia española en uno de esos periódicos que, cuando lo ves, piensas: tengo que afeitarme o secarme el pelo, según género, autodeterminado naturalmente.

En una cosa tenía razón la señora de Junts: el que le pone autopista a la radicalidad extremista es la actitud del socialismo realmente existente, cada vez más autocrático, relleno de sonrisas de histrión, tipo ministra de Hacienda. Alterando a los más decepcionados, movilizando a los más radicales, llenándonos de ruido, mientras no se resuelve ninguno de los problemas reales, porque no se puede legislar, no se puede presupuestar, no se puede pactar.

El discurso ha sido el de siempre, cada vez con más falsa risa y más vocinglero. No da para crónica. Sí, quizá, lo que no se dice, o se dice de soslayo. Comparecía el Uno para, se supone, hablar de sus múltiples reuniones, donde juega como se sabe papeles fundamentales que nadie conoce ni cree. A nadie le preocupó qué había hecho en Europa, qué ratito pasó en Colombia, ni nada por el estilo: se habló de vivienda. Y, se supone, hablaría de corrupción… pero no de la suya, hablaría de la de los demás.

En realidad, no puede hablar de vivienda, metáfora y resumen de los problemas de una generación y de las políticas que no se hicieron, porque no se hizo nada de lo que se dijo. Porque la retórica de los inversores especuladores, los fondos buitre, el turismo, los controles de precio, no son políticas.

No; no hay cuatro millones de casas vacías y las que hay no están donde la gente quiere vivir: es esa retórica la que está creando aumentos de precios cerca de los sitios donde la gente quiere vivir (Castilla-La Mancha, por un poner, para los expulsados de Madrid).

El déficit de vivienda es el déficit de construcción. La evolución de la población, de la que hablaremos otro día, supone que hay que construir, para alquiler, sí, y a precio razonable. Pero digamos que al ritmo en que se construyen hogares es imposible evitar déficit sin un cambio regulatorio y una mejora de la rentabilidad de la construcción.

Hay que cambiar la ideología de la escasez: no se accede a la vivienda “por okupación”, ni un jubilado que alquila su piso es un especulador. Aunque siendo “boomer” podríamos meterlo en la cárcel. Igual también hay que “reventar a los boomers”: la tal Belarra estaría de acuerdo, le encanta reventar lo que sea. Ni una propuesta, solo radicalismo inútil.

El Uno comparecía, también, para hablar de la corrupción… de la corrupción de los demás, quiero decir. Nos ha ofrecido un canto a la nada, lleno de falsa autoridad moral, buenismo trasnochado y oposición a los gobiernos de la derecha donde, mezclando churras con merinas, ha acabado mintiendo.

La privatización de la sanidad la inventó el PSOE legalizando fundaciones. La iniciaron los socialistas en los gobiernos y reina donde el anterior ministro de Sanidad virreina y donde reinaron los del “tres per cent”.

Los inaceptables episodios de crisis de salud o de educación tienen su origen, sí, en una falta de atención de los gestores, pero también en una notable falta de inversión, producto en muchos sitios de un mal sistema de financiación autonómica a la que se ha dejado morir por sectarismo político.

El Uno ha ido al Congreso a hacer oposición a los gobiernos del PP. Vale, es lo que es, para qué engañarse: sin mayoría, sin pacto de investidura, solo se puede ser líder de la oposición.

Dinero para Montero, no para el bienestar. Al socialismo realmente existente no le sale de los mismísimos cogerle el teléfono al responsable de la reconstrucción de la Dana, a confesión de la candidata futura a la que auguro notable resultado, porque dice que eran del PP. Hablan de privatización de medios forestales en las comunidades; pues como las del Estado: igual los aviones y helicópteros rusos que no han venido eran públicos, digo yo. O los contratos de los forestales del Estado no son precarios.

Para evitar el chorreo, la señora Armengol va a reducir los días de Congreso. Se nos vienen días de plasma y campaña preelectoral. El Uno es como es: “El fuego que arde tu piel, El castillo y la torre soy, la espada que guarda el caudal”. Tranquilos, muchachada, dice a la coalición de políticos consistentes y fontaneros varios: el Uno os cuida, mientras pueda.

 

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